09/07/2017 - 11:03

Fuego en Oriente

Sergio Domínguez-Jaén

Sergio Domínguez-Jaén

No todos los fuegos que arden lo hacen a un tiempo y se pueden controlar. Los cortafuegos antes eran las fronteras dibujadas después de la II Guerra mundial; ahora los surcos que detienen la violencia se han difuminado hasta quedar en múltiples incendios provocados y mantenidos con la llama viva de los cuerpos de seres humanos que ansiaban la liberación tanto cultural como espiritual.

 

Desde que Trump llegó a la Casa blanca envuelto en un escándalo que aún no se ha resuelto y hasta discriminado por los suyos, que hicieron oídos sordos al decreto de expulsión de transeúntes con pasaporte de algunos países que se consideran hostiles a EEUU. Lo penúltimo del presidente emperador ha sido no asistir ni ofrecer la cena del fin del Ramadán que es como si fuera la pascua entre los cristianos.

 

El escenario bélico de Oriente ha ido llenándose de grupos militarizados, de terroristas –según Occidente- y de desplazados por la guerra.

 

En el último lustro se han dado las peores condiciones para la paz en y han entrado en la batalla ideológica y religiosa nuevos actores, que si bien siempre han estado ahí de manera latente, ahora lo hacen funcionalmente y a cara descubierta.

 

Trump es como aquel que no sabe, pero que tampoco se deja aconsejar y toma las decisiones que cree oportuno para la seguridad total de los EEUU. Seguridad total es economía, libre comercio, desmantelar el tímido avance en materia sanitaria universal, aumentar el gasto en defensa e inmiscuirse en las guerra tribales allá donde las encuentre o busque, aparte de favorecer con ello a los sectores más radicales republicanos y con responsabilidades en empresas y lobbys del estado, dentro y fuera.

Libia, Siria y Túnez rompieron la tranquilidad de los dictadores y crearon un frente amplio para un cambio de política, para unos alejados de la teocracia y para otros demasiado laicas en países donde la confesión de fe es el punto número uno de sus constituciones –más o menos como en EEUU-.

 

El peligro y la conflagración que aún dura y de la que se espera incremente su violencia, mientras la diplomacia se enzarza en cuestiones de estrategia y alianzas que no llegan a ninguna parte.

 

Al principio, la proclamación del califato en Mosul, Irak, puso al mundo en estado de alerta por el rápido avance de Isis que fue sumando territorio donde convivían varias etnias y credos. Se encuentran con kurdos, con yazidíes, coptos, sufíes, bahaís, con cristianos, con católicos, y los someten a la obligada conversión –que para los musulmanes en peligro de muerte y como defensa se les permite abjurar unos segundos de su dios, si con ello salvan la vida-

 

O los matan simplemente: la manera de morir no es simple, es horrorosa, pero lo es la forma como lo hacen que hace vomitar de miedo cerval a todo el lo vea en los miles de videos que circulan por la redes, como han mostrado al mundo desde su factoría cinematográfica, que por otra parte emplea a cientos de occidentales.

 

Después de algunos años y de la derrota cercana del estado islámico, lo que parecía el final de una pesadilla de la que no escapas, se ha vuelto un gran escenario de posguerra fría, quizás más peligrosa que el propio Isis.

 

En este nuevo panorama cada cual desde la distancia de los drones y servicios de inteligencia, Rusia, Turquía, EEUU, Arabia saudí, Yemen, Libia, Sudan, Nigeria, Afganistán, Irán, Israel, Palestina…están en guerra, en algunos casos como Turquía con pertenecía a la OTAN y antes distanciada de Rusia, es ahora un tapón en el norte y se está empleando a fondo para aniquilar a la población kurda como ya pasó con los armenios.

 

Arabia saudí, de confesión sunní, utiliza su influencia y su poder militar contra los rebeldes de Yemen, al tiempo que pide el imposible de aislar a Qatar del mundo árabe a cuenta de la única cadena de televisión que era creíble en Oriente. Y de paso también aislar, condenar y si puede neutralizar a su gran enemigo Irán, de mayoría chií. Y esta es la ceguera de Occidente, la dependencia de las materias primas y el mantenimiento de las bases militares repartidas por la región.

 

Todos los datos apuntan a que el final del califato traerá de vuelta una grave confrontación de los estados implicados, convirtiendo Siria en el nuevo Irak de la era Trump junto a la hipocresía de Arabia saudí, que sigue enviando recursos para mantener viva la llama.

 

Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.

 

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