19/06/2017 - 10:09

¡Alerta! No se ha ganado la guerra

María Mir-Rocafort

María Mir-Rocafort

Dice la definición más sencilla que un partido político es una asociación de personas que comparten principios, valores, proyectos y objetivos con el fin de acceder al gobierno y llevarlos a la práctica. Pero entienden hoy los simples, es decir, la plebe, que un partido político es una organización jerárquica cuyo fin es acceder al gobierno del país o conseguir, por lo menos, el mayor número de diputados. ¿Para llevar a cabo su programa?

 

Después de algunos años oyendo a todos los políticos de todos los partidos prometer más o menos lo mismo en campañas electorales y recurrir a todas las estratagemas para conseguir el poder, los simples se han vuelto escépticos. Por eso responderían a la pregunta que no; que los partidos persiguen elegir al mayor número de diputados para conseguir la mayor cantidad del dinero que el estado destina a subvencionar a los partidos por cada diputado electo. Así de simple.

 

Los partidos necesitan dinero, mucho dinero, y por eso necesitan ganar, ganar y ganar, como hace poco repetía una candidata a voz en grito convencida de que los simples, siempre perdedores, se arriman a los ganadores con la misma ilusión que les embelesa cuando se asoman a la vida de los ricos y famosos en revistas y televisión; la ilusión de que la gloria se contagia mirando. Ganar, ganar y ganar, repetía la señora, exhibiendo en la cúspide de su currículo haber ganado unas elecciones autonómicas y blandiendo ante todos el currículo de su contrincante como si fuera un trapo, un trapo ensuciado por la mancha indeleble de haber perdido dos elecciones generales.

 

Ni la señora ni sus promotores ni sus asesores comprendieron que en un país en el que millones lo han perdido todo y otros millones lo han perdido casi todo y otros millones viven con el pánico en los huesos a perder lo que tienen, proclamarse ganadora y hablar de ganar, ganar y ganar sonaba con la brutalidad humillante de una bofetada.

 

La plebe, los simples, los que no saben nada de ciencias políticas; los que ni siquiera sospechan y, menos, entienden que la política sea una ciencia, se han acostumbrado a perder, perder y perder. A perder lo que cobran con sus salarios escasos o sus escasas pensiones cuando les toca pagar , pagar y pagar el IRPF, las facturas de la luz y el agua, el IVA que encarece hasta los artículos más necesarios, los alquileres que suben amenazando dejar a miles sin techo.

 

Pero la señora se atrevió a presumir de que lo suyo era ganar, y claro, perdió. Porque sus promotores y sus asesores no se dieron cuenta de que los simples ya saben que nunca se les incluye en la repartición del bote. Porque los simples ya no se conforman con una victoria vicaria. Porque parece que los simples ya no son tan simples.

 

Los simples del PSOE, los militantes llenamítines y pegacarteles, no se dejaron engatusar ni por discursos melodramáticos ni por las recomendaciones de los líderes míticos. Votaron a uno que no había ganado elecciones, pero que había cumplido sus promesas. Simples que no saben cómo funciona un partido político, gruñen entre dientes los todopoderosos que el 21 de mayo se enteraron de que los simples les habían arrebatado el poder. Gruñen y seguirán gruñendo porque no se resignan a perder, perder y perder.

 

No se resignan y algunos lo han demostrado sin vergüenza ni pudor. Hoy, mientras los simples celebraban el triunfo del secretario general elegido por ellos, los perdedores se consolaban repitiéndose la manida frase de Napoleón; habremos perdido una batalla, pero no la guerra. ¿Consuelo con la intención de calmarse el dolor y nada más? O sentencia surgida de la seguridad de que la batalla perdida ha sido solo un accidente que las próximas elecciones generales se encargarán de reparar. Los perdedores de las primarias saben que ganar la guerra puede ser muy fácil. Lo único que tienen que hacer es repetir la estrategia que convirtió a Pedro Sánchez en perdedor de elecciones.

 

Ya la han empezado a repetir. Felipe González no menciona a Pedro Sánchez en el vídeo en el que felicita al partido. Susana Díaz no esconde su disgusto. Se deja ver como ánima en pena y no asiste a la clausura para no sufrir la entronización de su enemigo. Ximo Puig lanza advertencias para que no le muevan en Valencia. Alfonso Guerra, contra la política conciliadora y federal impulsada por Sánchez, sale en televisión pidiendo que se suspenda la autonomía de Cataluña. Los delegados de Andalucía abandonan sus asientos la noche de la votación. ¿Y qué han conseguido? Han conseguido que los medios publiquen a toda prisa artículos que destacan la división del PSOE.

 

Nada aleja más a los votantes que un partido que es noticia cada día por sus conflictos internos. Los simples están hartos de ver sus asuntos relegados al trastero de lo que no interesa; hartos de ver a un partido que se llama socialista salir en prensa escrita, radio y televisión solo por las escaramuzas diarias entre los que tienen como principal objetivo defender su cuota personal de poder. Luego los perdedores de las primarias no tienen que hacer otra cosa más que dar carnaza a los medios para que del PSOE solo se escriba y se hable de sus follones internos. De aquí a las elecciones generales, el ruido de la carraca sobre la división habrá ahogado la ilusión y la esperanza que ha despertado entre los votantes el nuevo PSOE. Si los anti Sánchez se esfuerzan en mantener la imagen de un partido ensimismado en sus problemas, saben que pueden conseguir hasta que el partido quede en tercer lugar. Pero esto ¿no les perjudica también a ellos? El ímpetu con que Susana Díaz se ofreció a salvar al partido que ella misma, sus promotores y sus seguidores habían ayudado a hundir en las urnas, hacen ociosa la respuesta.

 

Es imprescindible que los nuevos líderes del partido insistan en la unidad, pero sin olvidar que eso no neutralizará a los que se empeñen en ventilar la división. ¿Cómo se les puede neutralizar? Otra vez dependerá de los simples, de los militantes, simpatizantes y votantes que creyeron en Pedro Sánchez y que en pocos meses han demostrado al país el poder del activismo en las redes. Tendrán que ser los socialdemócratas anónimos los que repitan sin descanso todas las medidas políticas que se propongan en el partido; todos los actos de los diputados socialistas en Congreso. Los medios no se van a ocupar de eso; de eso que solo importa a los simples que luchan por la supervivencia. Por eso los simples tienen que seguir en pie de guerra divulgando lo que interesa a los ciudadanos y silenciando todo lo que salga de los metebulla.

 

María Mir-Rocafort es analista sociopolítico y columnista.

 

Comentarios

  • Tarari que te vi
    22/06/2017 - 11:59

    Jesús, señor Jones!, es leer un artículo que hable del PSOE y se pone usted a saltar como una breca. Y con los mismos argumentos que el perciforme, añado.

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  • Francisco Jones
    19/06/2017 - 19:10

    ¿No es un error de Pedro Sánchez lo de la "nación de naciones" cuando Alfonso Guerra, el viejo sabio de la tribu, pide frenar el secesionismo con el artículo 155? Le hago la pregunta a una de las juristas que ha estado en el Génesis de las tablas del nuevo socialismo. Responde: "Yo no creo que sea un error. Lo importante son la soberanía única y el Estado: éste es único y aquélla reside en España, que es nación desde el punto de vista jurídico constitucional, mientras Cataluña es una nación desde el punto de vista cultural". Entre rebeldes y felones anda el juego. Quieren reducir la deslealtad a la Constitución a un problema lingüístico o de recaudación, cuando las opciones se reducen: encaje, secesión o 155. Pedro Sánchez vuelve con la España plurinacional, que ni él -ni nadie- sabe qué es porque, o la soberanía reside en el conjunto del pueblo español o en las taifas, los mitómanos, los etnógrafos, los rufianes o los saqueadores.Un socialdemócrata de toda la vida me resume así la postura del nuevo líder: "Con el nacionalismo, sea quien sea el secretario general, el PSOE siempre se vuelve al lugar del crimen. Al principio de la Transición defendieron el derecho de autodeterminació

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  • Antonio O.
    19/06/2017 - 12:20

    Se podrá decir más alto, pero no tan claro.Se dice que la Democracia, es el menos malo de los sistemas de convivencia social y política, pero se obvia que es el más proclive a dar cabida a individu@s cuyas intereses están muy alejados de los principios más elementales de esa convivencia. Hace ya años que el PSOE, no pregunta ¿Quién eres? ¿Cual el interés en formar parte de la organización?. Ya no sorprende que en la proximidad de cualquier convocatoria, los deseos de "participar" crecen exponencialmente, y, much@s l@s que sin ruborizarse preguntan ¿En qué puesto me van a poner en la lista?. Desgraciadamente, el Don dinero, y, el "trabajo" sin control, ha propiciado, que, se cambie de color político con asombrosa facilidad; poniendo de manifiesto que, como dijera el fallecido Tierno Galván, la política se haya convertido en una "profesión" bien remunerada, con garantía de cuatro años o más, dependiendo de la conciencia de cada uno. Entristece observar, que los partidos se hayan convertido en Club de amigos, como si de una sociedad de Recreo se tratase. Ese es el temor de Mir-Rocafort, y, de ciento de miles de militantes socialistas, hasta ayer en pie de guerra política

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  • Los problemas de los Españoles
    19/06/2017 - 12:07

    Los ciudadanos estamos cansados de los partidos politicos, estamos hartos de la guerra cainita del psoe, de sus repartos de sillones, de secretarios generales, lo que queremos escuchar los Españoles son las soluciones y propuestas que los politicos tienen para los graves problemas por los que atraviesa nuestro pais ( terrorismo islamista, paro, corrupción etc ), pero los partidos ( sobre todo el Psoe ) estan todo el dia haciendo elecciones, congresos, reuniones para ver quien ocupa el sillón; Necesitamos una democracia con participación directa de los ciudadanos, como la Suiza y necesitamos dejar un poco de lado a tanto partido.

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