18/06/2017 - 09:46

No los estropeemos

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

Normalmente cuando se habla en los medios de comunicación sobre ellos es para reparar en las frías estadísticas que los relacionan con la falta de educación, con la violencia, los actos vandálicos o sobre los “ninis” (ni estudia ni trabaja). Rara vez se habla de ellos para decir nada bueno, si no es algún caso aislado de excelencia educativa.

 

Sin embargo, trabajando a diario con ellos, conviviendo como he hecho esta última semana de viaje de final de curso, me ratifico más en la idea de que existe otro tipo de jóvenes del que no hablamos a diario.

 

Los adolescentes, esos chicos y chicas que atraviesan la infancia hacia la madurez, son el germen de unos valores morales que en muchos adultos, por desgracia, ya ha desaparecido.

 

Esta es una de las gratificaciones que da la educación: poder vivir a través de la mirada inocente la ilusión del mañana, los sueños por realizar y todo el porvenir por delante. En nuestro jóvenes pervive aún vivo lo más hermoso del ser humano: la capacidad de empatía, la generosidad, el altruismo, la bondad… y tantos valores olvidados.

 

Donde nosotros ponemos barreras, ellos se las saltan, donde marcamos distancia ellos depositan afectos, donde vemos las diferencias y los prejuicios, ellos ven a personas y afecto. Si los escuchas con atención, conocerás sus sueños, sus deseos, sus miedos, pero nunca sus recelos, su intolerancia o el desprecio al diferente.

 

En este mundo caótico y voraz, al que muchas veces no comprenden, sólo anhelan ser escuchados, sentirse oídos, ser, a fin de cuentas, alguien para alguien. Es por esto que nuestros chicos y chicas, mujeres y hombres del mañana, necesitan de referentes o de apoyos en los que apoyarse y verse reflejados.

 

La educación también es esto: divertirse, conocer otra cultura, otros modelos de profesores diferentes, educar para la igualdad, la diversidad y el respeto.

 

Estoy segura de que nuestros adolescentes, el día de mañana, serán hombres y mujeres más libres y justos, pero también más igualitarios.

 

No los estropeemos, que sigan siempre llevando la llama de los valores humanos, que se mantenga siempre encendida la fe y el optimismo en el mañana.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

 

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