16/05/2017 - 17:20

El PSOE roto. Populismo versus socialismo

María Mir-Rocafort

María Mir-Rocafort

Tras el debate de ayer, algunos comentaristas de prensa escrita y hablada han llegado a la conclusión de que el PSOE está dividido. Me hago cruces. Hay que ser lento, por Dios. El PSOE empezó a dar síntomas de división allá por diciembre de 2015, si no un poco antes, y esta humilde analista así lo entendió y escribió por aquellas fechas, y lo siguió escribiendo durante meses, y no lo ha dejado de escribir hasta hoy.

 

La grieta empezaron a abrirla a golpe de martillo los ínclitos barones que se dedicaron a hacer una campaña paralela a la de Pedro Sánchez, su Secretario General, sugiriendo que Pedro Sánchez no era el candidato adecuado para que el PSOE disputara la presidencia del gobierno a Mariano Rajoy.

 

Sorprendía entonces a cualquier observador imparcial que los más aparatosos miembros del aparato del partido atacaran a su propio candidato. Cada vez que Fernández Vara, por ejemplo, se veía frente a una alcachofa, las dudas que vertía sobre la idoneidad de Pedro Sánchez conseguían más votos para el Partido Popular que los discursos para tontos de Mariano Rajoy. Pedro Sánchez se desayunaba cada día, en plena campaña electoral, con las líneas rojas y los consejos no solicitados que los aristócratas del PSOE le enviaban a través de los medios; aristócratas que se consideraban superiores al Secretario General y a los militantes que le habían elegido, y capacitados, por lo tanto, para enmendarle la plana a todo dios. La guinda la puso más tarde, en las segundas elecciones, el mítico Felipe González, padre del PSOE, padre de todos los socialistas de este país.

 

El padre todopoderoso empezó a sugerir en entrevistas y artículos que Pedro Sánchez no sabía por dónde iba ni adónde ir, y que por eso su divina majestad se veía obligado a descender al mundo de los mortales para indicar a Sánchez el camino correcto. Pero Sánchez tenía el corazón más duro que el del Faraón. Seguía a la suya. Felipe González decidió entonces obligarle por las malas a volver al camino de la fe verdadera, y si eso no era posible, conseguir al menos que el heresiarca no hiciera prosélitos. Felipe González firmó un artículo demoledor contra Pedro Sánchez y reveló a los medios que Pedro Sánchez le había engañado en una conversación privada.

 

Sorprendente, sin duda. Pero la mayor sorpresa se produjo la noche electoral y en los días siguientes cuando los aristócratas empezaron a subrayar con mina de plomo, en todos los medios, que el candidato de su partido había sacado los peores resultados de toda la historia del PSOE. No sorprendía tanto el hecho de que la élite del partido se echara basura encima. Lo más sorprendente de todo el asunto era el grado extremo de cinismo que esos notables eran capaces de exhibir. Después de su brutal contra campaña para que a nadie le cupiera duda de que el PSOE tenía un problema interno tan serio que difícilmente podría ocuparse de los problemas del país, ¿cómo se atrevían a decir a la gente que Pedro Sánchez tenía la culpa de que el PSOE hubiera sacado los peores resultados de su historia? Sólo si tenían la certeza de que la gente es tan estúpida y desmemoriada como la calificó en sus diarios Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del Partido Nacional Socialista; en corto, Nazi.

 

Muy convencidos tenían que estar de que aquel genio de la propaganda tenía razón, porque desde los resultados de las elecciones de 2015, felizmente corroborados por las de junio de 2016, hasta el debate de ayer, los autoproclamados titanes del PSOE no han dejado de repetir ni un momento, como carracas de Viernes Santo, que Pedro Sánchez perdió las elecciones obteniendo el peor resultado de la historia del PSOE.

 

Y con la carraca fue Susana Díaz, portavoz de la élite, al debate de ayer en Ferraz. Como si el mismo espíritu de Goebbles la conminara a a repetir, “Repite, repite, repite, que así le entra a los tontos y no se van a preguntar nada más”, Susana Díaz repitió y repitió y repitió que Sánchez había sacado solo 85 diputados, el peor resultado en toda la historia del PSOE.

 

También Pedro Sánchez repitió como defensa que una vez desalojado de la Secretaría General, el PSOE utilizó esos diputados para abstenerse y permitir el gobierno del partido más corrupto que ha tenido España y, por supuesto, el resto del primer mundo.

 

A lo que Susana Díaz respondía diciendo que no se podía hacer otra cosa con los 85 diputados que había sacado Sánchez, el peor resultado de la historia del PSOE.

 

Todo lo que se dijo ayer en el debate se resumió en los medios con esas dos ideas fuerza. “Tú perdiste, cariño”; “La abstención no se puede justificar”. Y en medio de los dos contendientes, Patxi López exhibiendo racionalidad y clamando por la paz. López, por lo visto, no se ha enterado de que el PSOE hace tiempo que lo dividieron, probablemente por la mitad, y que hace falta mucho más que las buenas intenciones de un chico bueno para pegar los dos trozos.

 

Hoy Susana llevará su carraca a otra parte. Crecida por los elogios de los suyos, volverá a gemir y a gritar repitiendo lo que sus seguidores quieren oír: “100% PSOE; amo al PSOE; me dejaré la piel por el PSOE; yo gané, el otro perdió; yo siempre gano”. “Muy bien, Susana” dice el espíritu de Goebbles. “Al pueblo hay que darle lo que quiere oír y nada más. El pueblo es ignorante. No obligues a los tontos a pensar y te lo agradecerán”.

 

Los titanes que derrocaron al Secretario General –por cierto, la palabra derrocar la utilizó Javier Fernández, presidente de la omnipotente Gestora- tienen las ideas muy claras; unos motivos racionalmente explicables. Alguien les convenció de que la única salida airosa que hoy tiene la socialdemocracia es unirse a la derecha, someterse al neoliberalismo triunfante, bien permitiendo sus gobiernos o bien entrando en coalición con ellos para tocar poder. Pero a la plebe no se le puede decir la verdad. A la plebe hay que decirle lo que la plebe quiere escuchar, es decir, que en vez de argumentos racionales, lo que hoy tiene la mayor posibilidad de convencer es el discurso populista; véanse los millones de votantes de Marine Le Pen y de Pablo Iglesias. No importa si ese discurso va de izquierdas o de derechas, de nacionalismo a lo grande o a lo más local. Lo que importa es que agite las glándulas, que emocione. Y para conseguirlo hace falta que el discurso sea lo más rastrero posible y que quien lo pronuncia tenga ciertas cualidades histriónicas.

 

El PSOE está dividido y quien lo niegue o es tonto o miente. La división es irreparable por más Patxis o terceras figuras que se ofrezcan a echar cemento. El PSOE está dividido entre dos extremos irreconciliables. En una esquina los que defienden un concepto de partido estructurado para administrar el poder, desde el gobierno o desde la oposición, con el fin de mantener a la familia del partido unida y en paz. En otra esquina, quienes se empeñan en luchar por una ideología, por unos valores, por una regeneración moral del partido con el fin de regenerar un país destrozado por la corrupción y la pérdida de derechos y libertades.

 

Dicen los titanes que esa segunda opción es anticuada. Tal vez tengan razón. Tal vez el primer mundo ya ha asimilado la doctrina del sálvese quien pueda como pueda y ya no interese nada más. Pero aún quedan muchos que no aceptan que la vida necesite el paliativo de la resignación hasta que llegue el último momento. ¿Muchos? ¿Cuántos? El PSOE lo sabrá el 22 de mayo. ¿Cuántos leerán hasta entonces las 54 páginas del programa de Pedro Sánchez? ¿Cuántos se conformarán con vibrar según las vibraciones de la voz de Susana Díaz? El 22 se verá. ¿Y si gana Pedro Sánchez y el PSOE se parte en dos? ¿Y si se parte en dos el PSOE porque gana Susana Díaz? Qué pesadez. El PSOE ya está partido en dos. Igual de claro está que tanto si ganan los populistas como si ganan los socialistas, uno de los dos bandos tendrá que abandonar el partido, a menos que los perdedores renuncien a sus convicciones para apuntarse al bando ganador.

 

María Mir-Rocafort es analista sociopolítico.

 

Comentarios

  • Paco Falcón
    23/05/2017 - 10:34

    Al final, la militancia estuvo de acuerdo con usted, lo que demuestra la desconexión absoluta entre las viejas glorias “socialistas” y las bases del partido. Veremos si son capaces los votantes de Susana Díaz de respetar la decisión democrática de sus compañeros y si es capaz el nuevo PSOE de volver a la esencia socialista, que es lo que en toda Europa se perdió, aceptando las políticas liberales que Bruselas ordenó.

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  • Loli.
    18/05/2017 - 10:41

    Estupendo artículo. Sobrada imparcialidad. Visión de conjunto y análisis con memoria de los sucesos. Ojalá y lo lean todos. Las sencillos socialistas de corazón. Y aupen en justicia a PSOE el partido de los obreros.

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