14/05/2017 - 10:36

¡Un año sin Álvaro!

Francisco Javier Burón

Francisco Javier Burón

Yo no soy de esas personas que gustan de enfrascarse en la ‘tristeza’, y tampoco me agradan ni los funerales, ni una costumbre tan canaria como es el ‘acompañar’ (lo sé, por desgracia, porque mi mujer es de Telde, y acude a los tanatorios ya sea el fallecido familiar o conocido lejano) y, mucho menos, ‘velar al difunto’, pero este es un caso especial, al menos para mí: se trata de mi hermano Álvaro que, hoy 14 de mayo, falleció a los 57 años de edad y se cumple un año de ese ‘fatídico’ día y, a la vez, ‘dichoso’ pues sucedió lo que Álvaro quería: irse de este mundo ‘en silencio’, ‘sin dolor’ y sin tener que ‘molestar’ a nadie… ¡Era todo ‘bondad’!

 

Aunque esto no es un artículo y, a muchos, a la mayoría, no les dirá absolutamente nada, lo que pretendo es ‘rendir’ un pequeño pero merecido ‘adiós’ a alguien que representó mucho en mi vida: mi hermano Álvaro. Una persona que, de lo siete hermanos que somos, él era la ‘excepción’, aunque su tercer puesto en el orden de nacidos no significaba nada, su ‘personalidad’ estaba muy por encima del resto de hermanos.

 

Tuvo una infancia feliz aunque marcada por una ‘caída’ que hizo que se rompiera la clavícula, y se quedara casi sordo de un oído, lo que le ‘marcó’ de por vida. Pero su gran corazón, le permitió que se tomara la vida con filosofía y ‘filosofía de la buena’ como pudimos comprobar a medida que cumplía años. De hecho recibió una ‘llamada divina’ cuando contaba los años suficientes para hacerse cargo de sus tres hermanos más pequeños, a lo cuales llevaba (en El Aaiún, Sáhara Occidental, donde vivíamos allá por 1968) a la Plaza de África, todas las tardes, para que nuestra madre tuviera un ‘respiro’ ya que éramos muchos para tener ella que ‘bregar’ con tanto chiquillo y, mis hermanos disfrutaran de un rato de aire fresco y de ‘corretear’ por aquella hermosa plaza.

 

Se me ha quedado la ‘llamada divina’ a medios pelos, pero me explicaré ya que mi hermano Álvaro tenía un carácter muy peculiar: bondadoso, afable, cariñoso y con un don como era tratar a los más pequeños, con una ‘dulzura’ y ‘amabilidad’ fuera de lo corriente. Era una especie de ‘ángel del Señor’. Con él mi mamá estaba más que satisfecha de su tercer hijo, que era toda una ‘bendición’. La ‘llamada’ fue que cuando tuvo los años suficientes, ingresó en el Seminario (Tafira) pero, una vez que estuvo allí y pasó cerca de dos años estudiando el bachiller a la vez que aprendía los ‘entresijos’ de poder llegar a ser sacerdote, se ‘desinfló’ aquella devoción que sentía por los ‘hábitos’ y se salió del mismo con las ideas más claras.

 

Pero su vida siguió siendo muy ‘noble’, muy ‘solitaria’ en cuanto a pensamientos religiosos, ya que cambiaron las tornas, y su visión de la religión se fue haciendo más profunda pero más alejada de los ‘convencionalismos’ establecidos por la Iglesia católica. De todas formas el ‘poso’ lo tenía y sabía muy bien por dónde había que ‘encaminar’ los pasos en esta vida. Y a fe que lo hizo, y nos mostró, a los demás, a su familia, los ‘derroteros’ por los que hay que transitar en este mundo en el que hemos nacido.

 

No tuvo una vida que fuera un camino de rosas, pero todo lo afrontaba con una ‘normalidad’ que podía llegar a exasperar. Tenía paciencia y nos ‘aconsejaba’ cómo actuar cuando le pedíamos que nos ‘orientara’. Comenzó muchos estudios pero no terminaba ninguno, él sabría qué camino iba a seguir ya que su familia lo ignoraba hasta que mi querido padre le ‘recomendó’ al Hospital Militar “Juan Carlos I” y entró como ‘celador’ y luego pasó a la planta de Psiquiatría a petición suya, ya que veía que podía ser mucho más útil en un departamento tan ‘conflictivo’ pero a la vez tan lleno de humanidad para con los que sufren los ‘peores males’…

 

Allí permaneció hasta que le dieron la baja, llegando a ser definitiva por problemas de salud que le impedían realizar sus funciones, pero nada grave como para estar ‘postrado’ en el sillón de su casa. Tenía una calidad de vida no muy allá pero iba ‘tirando’ hasta que tuvo que afrontar el sufrimiento de la ‘neuralgia del trigémino’, algo tan sumamente ‘dramático’ que según los informes que se pueden leer en cualquier revista o informe médico auguran el ‘suicidio’ como último recurso si el proceso se alarga y se ‘endurece’.

 

Gracias a Dios ya que se me ocurrió comentarle a mi madre que en Madrid tenía que haber algún lugar donde ir para ‘aliviar’ este mal endémico y qué casualidad que en el ‘Ruber Internacional’ (donde trabaja de Jefa de Administración una prima lejana mía) existía un departamento específico donde trataban esta ‘dolencia’ tan angustiosa. Fue todo ‘coser y cantar’ (gracias a Dios) y en un par de semanas, mi hermano ¡volvió a nacer! Todo un ‘milagro’ de la medicina que a Álvaro, mi querido hermano, le devolvió la ‘vida’…

 

A partir de entonces y debido a sus problemas de hígado y alguna alteración corporal que le afectaba a su salud general, iba ‘sobrellevando’ su vida, al menos ya sin aquél terrible dolor que le sumía en la más amarga de las existencias. Aunque su alimentación era de lo más ‘desagradable’ que podamos pensar, a base de unos ‘potingues’ sin sabor: batidos que bebía para ‘limpiar’ el intestino. Sufrió también una gastroenteritis. Pero más allá de estos ‘pormenores’ al menos para él, que llevaba muchos años sobrellevando estas ‘desintoxicaciones’ estomacales para que su cuerpo tuviera la normalidad de cuando alguien está ‘completamente sano’, todo lo demás lo tenía controlado y trataba de llevar una vida lo más normal posible.

 

Pero los ‘excesos’ pasan factura y él tuvo conciencia de ello y se cuidaba al máximo pero, por si no era poco le descubren un ‘aneurisma’ en el cerebro que estaba situado en un lugar de su cabeza que ‘rozaba’ todos sus órganos vitales y los médicos le dijeron que no podían hacer nada por ‘extirparle’ dicho tumor. Todo era cuestión de que esa especie de ‘bicho’ que anidaba en su cerebro ‘no se moviese’… Y así continuó con su vida, con su mujer, y con su perrita Luna. La que le resolvía todos los pormenores era su esposa Dolores, una ‘santa’, de los pies a la cabeza, ya que trabaja como peluquera y luego hacía de ‘enfermera’ de mi hermano Álvaro. Y por si todo esto fuera poco, en los últimos meses le sobrevino otra ‘circunstancia’ que truncó algo más su mala calidad de vida por la que ya atravesaba: el ‘nervio óptico’ le empezó a crear problemas ya que sentía dolor y veía mal tanto es así que cuando esto le sucedía no podía salir solo a pasear. Encontró un oftalmólogo ‘maravilloso’ que le descubrió su problema y le soluciono el tema con unos cristales ‘especiales’ sobre todo el del ojo, creo, derecho que era el que más molestias le ocasionaba y volvió a ‘nacer’. Pero, esta vez tan solo fue cuestión de quince días…

 

El 13 de mayo, de madrugada, a las 2’20 recibimos una llamada mi mujer y yo (viernes noche) y sonó una segunda llamada, lo que provocó nuestra ‘alarma’ y al cogerlo mi cuñada me dijo que Álvaro estaba ingreso en el Hospital Negrín debido a una complicación provocada por el ‘aneurisma’ y que estaba ‘en coma’. Desconcertados por el aviso tan imprevisto, dejamos pasar un poco de tiempo y a las 4 de la madrugada, una llamada de mi hermano (el marido de mi cuñada) nos comunica que mi hermano Álvaro ha pasado ‘a mejor vida’, dicho con ‘gentileza’. Lo que él pretendía, el ‘buen Dios’ le hizo caso: un ‘visto y no visto’. ¡Amén!

 

Hoy, 14 de mayo quiero recordar a mi hermano, el que ‘transigía’, el que era el ‘mediador’ entre los restantes hermanos, el que ‘apaciguaba’ cualquier rencilla que pudiera producirse dentro del seno de una familia numerosa, ya que éramos nueve personas conviviendo y ello acarrea problemas y ‘sinsabores’, siempre solucionables y más si se contaba con la presencia de mi hermano Álvaro. Era todo un portento en eso de utilizar la filosofía de vida que no todos tienen la cualidad de saber emplearla y él era para eso todo un ejemplo, con un ‘don’ especial que solo pocas personas están escogidas para ‘transmitir’ tanta nobleza y ‘solidaridad humana’.

 

Desde lo más profundo de mi corazón, deseo que tanto mi hermano Álvaro (al que he querido homenajear en este primer año de su desaparición y que ya no ‘incidiré’ más porque la vida continúa y las personas con todos sus ‘recuerdos’ se deben llevar cerca del corazón y muy pegaditos al ‘alma’), al igual que mi padre que hace ya más de seis meses que también nos dejó ‘consternados’ estén en el ‘paraíso’. Un beso para ‘ambos’, con todo mi ‘agradecimiento’.

 

Francisco Javier Burón Monís es ciudadano de Telde.

 

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