20/03/2017 - 15:51

El cirujano indiscreto

Marisol Ayala

Marisol Ayala

Quienes tienen la obligación expresa de ser discretos son los que casi siempre divulgan secretos que han conocido por su actividad profesional, es decir, los que ponen altavoz a esas confidencias robadas. La medicina por ser una profesión en la que no valen mentiras es un buen sitio para que un médico lenguaraz se anime a cruzar la raya de la discreción sin reparar en gastos, sin calcular el daño que causa.

 

Por ellos conozco episodios de vidas ajenas que ni me interesan ni debía saberlos pero los sé, y lo que es peor, en ocasiones coincido con los propietarios únicos de sus secretos. Si ellos supieran.

 

Hilvano estas letras porque hace poco una amiga decidió someter su cuerpo a unos retoquitos. Su temor era que se enteraran quienes no quería que entraran a su vida. Es una mujer conocida que dispone de medios para elegir el mejor bisturí de Barcelona, Madrid o Valencia. Pero no; optó por uno de los mejores cirujanos estéticos y reparadores de Canarias. Tanto era su temor que pidió que la intervinieran en una clínica discreta de Lanzarote para evitar miradas curiosas. Si no le pidió discreción fue porque daba por hecho que así sería, que en un profesional ese comportamiento eso se da por supuesto como el valor al soldado.

 

Cuatro días ingresada y a casa. Todo bien. Con esa corta estancia hospitalaria pensó que nadie ajeno a su círculo conocería la intervención. Se equivocó. Regresó a Gran Canaria y a la semana recibió llamadas de amigos preguntándole por su estado. Enfadada y preocupada a la vez quiso conocer por qué vía se había filtrado su secreto y cuando hurgó supo la verdad. Resultó que el cirujano chismoso no encontró mejor escenario para contar detalles de su operación que una larga sobremesa con su club de fans. Ahí contó los arreglitos que le había hecho a una señora a la que identificó y se quedó tan fresco.

 

Luego la mujer supo que en medio de otra intervención hizo lo mismo. Si la discreción es siempre un valor, en alguien con un bisturí entre las manos es una obligación. Cuando hace unos días le echaba un ojo al libro sobre los comportamientos médicos he comparado a este lenguaraz  cirujano con quienes ejercen la actividad médica con un sentido humano y responsable de la vida. Lástima que un cirujano hábil con el bisturí sea tan torpe con la lengua.

 

Lo quieren llevar a los tribunales.

 

Marisol Ayala es periodista.

 

 

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