16/03/2017 - 14:23

Anestesiados

Sergio Domínguez-Jaén

Sergio Domínguez-Jaén

La tasa de pobreza llega al 30%, los trabajadores públicos- profesores, policías, médicos, enfermeros, bomberos, administrativos, peones, etc.-  han perdido un 13% de su nómina, pero por ahora la siguen manteniendo; los que no tienen nómina o son autónomos les cuesta mucho acceder a cualquier préstamo ofrecido por los bancos, esos mismos bancos que los arruinó y que su desequilibrio lo pagamos todos. Los parados aumentan, las pensiones no contributivas también; y es que hay  seres humanos viviendo con 450 euros mensuales.  Pero el dato está en que las grandes fortunas de los afortunados han crecido exponencialmente. Hacienda Pública ha descubierto fraudes de más de 3.700 millones de euros en multinacionales afincadas en España.


¿Cómo se explica que esto esté ocurriendo? Anestesiados, estamos anestesiados. Aquí aparte de las broncas por el poder en los movimientos políticos recientes, los padres de la patria no están haciendo lo que deben.


No somos norteamericanos de EEUU donde republicanos y demócratas se turnan en el negocio y no hay margen para ningún partido que no cumpla con las exigencias liberales y conservadoras.


Aquí, por lo visto hasta ahora, estamos en la pinza del bipartidismo del PSOE y PP, arreglando las cosas a su manera, porque la corrupción es tan bestial que no se puede creer que todavía estén investigando e imputando a personas todos los días en este país de políticos imberbes preocupados y ocupados por las cuotas de poder.


Nuestros hijos – si es que no viven con sus padres- son explotados miserablemente en su propio país y también en el exterior, en los países que acogen mano de obra barata y en desempeños que los naturales ya no realizan: hay mucho ingeniero, arquitecto, maestro, abogado que nos han costado miles de euros su formación y que fríen papas y pollos en los excelentes destinos que eligen, porque aquí no hay salida para una vida digna, sin estrangulamientos, intentando ser uno mismo autónomamente.


Y todo absolutamente todo pasa por la economía y por la información y en esta última se ha instaurado la autocensura: una manera para poder mantener el trabajo como el tupido velo que se está cerrando sobre la casa real con el inmoral fallo jurídico en el caso Urdangarin. 


Y cuando en un mundo como este, en una sociedad como la nuestra, en una cultura pesebrista, la literatura no es política, el arte no es político, la poesía adelgazando su lírica sin inmutarse, mirándose el ombligo y gimiendo la terrible metafísica, es que estamos anestesiados indefectiblemente.


La transparencia  es una quimera que se rubrica pero que no se cumple y cada uno está en su papel dentro de este rumbo que nosotros mismos hemos elegido en votación. Y estamos de acuerdo en que existe un cabreo general por la situación, pero ¿Es qué nadie, ahora, ha votado a quien ha votado para que estemos mendigando? 


El estado no está cumpliendo con sus obligaciones, aunque una de ellas sea la represión por naturaleza: ¿Cuándo el pacto de Estado para analizar, proyectar y erradicar la violencia de género, el inconcebible asesinato de mujeres que aumenta día a día? No hay mayor violencia que la pobreza; pero para algunos los agravios, la agresión, la intolerancia es la representación simplista de la iconografía católica en unas fiestas populares. Y lo que es más estulto todavía: marcar el chivo expiatorio y mandarlo al desierto para que redima nuestras inmoralidades. 

 

Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.

 

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