16/03/2017 - 14:18

¿Vale la pena hoy ser cura?

Francisco Martel

Francisco Martel

Amigos, la fiesta de San José me lleva hoy a escribir a los lectores sobre nuestro Seminario de Tafira donde se preparan los futuros sacerdotes. De verdad que el tema de las vocaciones al sacerdocio está flojillo en este momento, recordando por mi parte con gusto aquellos años de Seminario menor en Vegueta donde éramos más de 100 los seminaristas y la gente, cuando salíamos a pasear un rato, nos decían: ¡Miau, miau…adiós, gatitos…! Sí, confieso que me da cierta pena que hoy se escuche a pocos jóvenes decir en casa: “Mamá, papá… yo quiero ser cura”.

 

Les digo que el tema vocacional me lleva a recordar con gusto al gran obispo Pildain que fue quien nos ordenó a los 9 compañeros de mi curso, en Agaete, un 15 de agosto del año 1965, y que fue él quien, con arte de hombre vasco, nos animó a sembrar el evangelio y a estar bien cerca de los pobres.

 

Amigos lectores, recen  por las vocaciones y echen un vistazo al Cartel del Seminario de este año que dice: cerca de dios y de los hermanos. 

 

Les confieso que me alegra ver a sacerdotes muy cerca de los pobres y que los tíos son pastores que no se quedan haciendo discursos que se los lleva el viento. Sí, desde estas líneas aseguro a los amigos que nuestra Iglesia canaria sigue necesitando de buenos curas que sean testigos con obras que convenzan, y que no se queden en discursos elegantes. No se asusten si les digo que de vez en cuando yo rezo también para que la Iglesia latina tenga un día sacerdotes casados, cosa que sucedía en la primitiva Iglesia hasta que entró la ley del celibato, no recuerdo ahora en qué siglo.

 

De paso cuento a los amigos que en Brasil tuve la experiencia de vivir 3 años ayudando en la formación de 60 seminaristas filósofos de 8 Diócesis del Sur, en la región de Santa Catalina, notando allí que algunos muchachos no valían para ser curas por algunas cosillas que no menciono. Hasta recuerdo que en aquel trabajo de formación nos ayudaba mucho la presencia de una psicóloga focolarina que era una gran mujer con arte para mandar a casa a alguno que no reunía las condiciones para ser buenos pastores. 

 

Amigos, les pido por favor hoy que recen y que lo hagan fuertemente en estos días por los seminaristas que tenemos en el Seminario de Tafira para que sean sacerdotes de un pueblo que tiene hambre de Dios y hambre de justicia en el mundo. Animo también a los lectores de TELDEACTUALIDAD para que en la colecta de los días 19 y 20, con  motivo del día de San José, echen algunos billetillos para ayudar a los jóvenes que se preparan para sembrar mañana el Evangelio.

 

Gracias a todos ustedes por ayudar y por pasar este escrito a jóvenes muchachos, a ver si pica alguno en el anzuelo divino y se pone en contacto rápidamente con el rector D. Salvador Santana, aquel hombre que, allá por los años 70, cantando la  canción de La cieguita, Dios lo deslumbró y él, dejando a su novia de lado, puso rumbo hacia el sacerdocio.

 

Amigos, que San José bendiga a todos los pepes y pepitas por la onomástica del día 19 y que despierte en algunos jóvenes los deseos de ser sacerdotes para llevar la Buena Noticia por todo el mundo que está necesitando con urgencia de una buena espiritualidad como se ha podido ver en las fiestas de Carnavales.

 

Francisco Martel es sacerdote y párroco.

 

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