05/03/2017 - 10:09

El coraje de ayer, la sumisión de hoy

Nicolás Guerra

Nicolás Guerra

Mi admirado Rafael Álvarez me da pie con el artículo del martes 21 en Canarias7 (”La dignidad perdida”) para entrar en el apasionante mundo de la Política, hoy ausente de recatos y acaso degradada en opinión de aquel joven, sensibilidad social y acertados análisis.

 

   Tras visionar una película recién estrenada, contrasta dos etapas muy señaladas en la política de Estados Unidos de América: corresponden a las presidencias de J.F. Kennedy (asesinado en 1963) y de Donald Trump, actual inquilino de la Casa Blanca. No hay entre ambos ningún punto en común, afirma: “El contraste que ofrece la película sobre aquella política y la de la era Trump es enorme”. (En efecto: pero es una película. Y como tal, gira en torno al punto de vista del director.)

 

   Con el máximo respeto a sus planteamientos –Rafael Álvarez es un joven riguroso, inteligente y honesto- me permito un vistazo retrospectivo: en 1961, tropas cubanas adiestradas en EE UU y apoyadas por el Gobierno fracasan en su intento de invasión de Cuba (Bahía Cochinos). Fue un absoluto fracaso de la CIA (significó la destitución de su director. Y, acaso, el asesinato del presidente como venganza). En 1962 había 11 000 soldados norteamericanos en Vietnam. Añado encubiertas intervenciones de los boinas verdes y la formación anticomunista de militares latinos adiestrados por la CIA para tomar el poder en sus países (América Central y del Sur) frente a hipotéticas revoluciones sociales (campesinos, universitarios…). Todo, durante la presidencia de JF Kennedy.

 

   A su favor, sin embargo, destaco el apoyo al Movimiento por los Derechos Civiles, comportamiento casi revolucionario sesenta años atrás y, por tanto, osada toma de postura del presidente, sensible ante leyes que segregaban a los negros norteamericanos.

 

   La política del actual presidente de EE UU de América (no “América” a secas, pues dejaría fuera del Continente a decenas de naciones) no diferirá de las anteriores: el imperialismo les es algo congénito desde el siglo XIX, por sus venas corre sangre inglesa… Los intereses económicos de empresas privadas dirigen la política exterior sin más preocupación que el obsesivo dominio: de ahí la presencia de marines en cualquier parte del mundo. Por ejemplo, la interesada voladura del acorazado norteamericano Maine en Cuba, enero de 1898. Desde 1960 actúan en República Dominicana, Guatemala, El Salvador, Granada… Líbano, Libia, Afganistán, Irak, Siria…, siglo XXI). Y la CIA derroca gobiernos democráticos –Uruguay, Chile, Argentina…- o interviene en procesos electorales.

 

   Donald Trump, por tanto, no necesita tratamiento psiquiátrico: cumple sus promesas electorales expuestas durante la campaña. Y el voto ciudadano fue quien le dio el poder, no la disparatada afirmación de ciberataques por parte de los rusos, acaso los soviets de antaño. Es, pues, al pueblo norteamericano a quien se le deben pedir responsabilidades ante tales comportamientos, pues le entregaron atribuciones casi sobrenaturales para deportar a millones de inmigrantes, comerciar con “diamantes de sangre”, pisotear el derecho a la atención médica, autorizar prospecciones petrolíferas en el Ártico, incrementar su armamento nuclear…

 

   Si trasladamos el planteamiento a España -también escrupulosidad legal, aunque no rigurosamente democrática- gobierna hoy un partido monocefálico a quien un tercio de los votantes y los vericuetos del sistema d’Ont en la distribución de escaños (beneficia a los partidos mayoritarios) lo mantienen como el más votado y, por tanto, con mayor número de diputados. Por contra, el sesenta y seis por ciento de quienes acudieron a las urnas prefirió otras opciones.

 

   No obstante, ambos obtuvieron mayorías absolutas en escaños (1982, 1986 y 1989, PSOE. Y año 2000, PP), pero no alcanzaron en ningún caso la mitad de los votos: en torno al 45% de los votantes confió ciegamente en ambos. Pero el pueblo terminó desmoralizado con la política del señor González (“cloacas del Estado” –GAL, caso Lasa y Zabala-, robos a las arcas del Estado, corruptelas, podredumbre moral de muchos gobernantes…) y, posteriormente, se echó a la calle durante el segundo mandato del señor Aznar (guerra de Afganistán, invasión de Irak, mentira sobre las hipotéticas armas de destrucción masiva en manos de Sadan Husein, juego sucio frente a los atentados del 11 – M, “burbuja inmobiliaria”, despilfarros, robos, prepotencias… Caldo de cultivo propicio, en fin, para corrupciones (tramas urbanísticas, sobornos, tráfico de influencias, prevaricación, malversación…).

 

   Sin embargo – y es lo importante- el mismo pueblo que les dio al PSOE y al PP las mayorías absolutas reaccionó con valentía y convicción democrática en 1996 –se hunde el PSOE- y 2004 –castiga al PP-: casi un 78% de ciudadanos acude a las urnas en la primera fecha y un 76% en la segunda. A Felipe González (el “dios” soberbio y falso, víctima de su psiquiátrico engreimiento) lo retiran de la política. Años después, el señor Rajoy –convencido del triunfo arrollador- descubre su condición humana: el pueblo lo rechazó cuando concluye que los atentados se vinculan directamente con el apoyo del Gobierno español a la invasión de Irak. Las bombas y los muertos en trenes de cercanías –Atocha- fueron, como pasó en Nueva York con las Torres Gemelas, la venganza de fanáticos terroristas para quienes la vida de los más inocentes nada valía. Pero el desquite asesinó.

 

   Vino después el señor Zapatero. Con más ilusiones que gobernantes socialistas renqueó ocho años. Su gente –ajena a purezas e ideologías- mintió con descaro frente a los primeros síntomas de la conmoción económica. Gente mediocre y anodina hizo de la política su fuente de satisfacciones y poder, profesión de fe, supervivencia económica, impudicia.  Otros (Manuel Marín, Helena Salgado…) giraron puertas para entrar en Iberdrola, Abertis… y dieron la espalda a quienes habían confiado en ellos.

  

Hoy la juventud cualificada emigra o, como los bueyes de Miguel Hernández, dobla la frente, impotentemente mansa. A fin de cuentas mama día a día la mansedumbre, opuesta a 1996, a 2004... Mientras, el PSOE oficial se bloquea y enfila a Podemos, tal si Podemos no hubiera nacido –como Canarias- de titánicas tempestades, volcanes, convulsiones, erupciones… 

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

 

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