26/02/2017 - 09:47

Conclusiones de los congresos y otras consideraciones

Fernando T. Romero

Fernando T. Romero

Pablo Iglesias y Albert Rivera revalidaron en sus congresos con amplios apoyos sus respectivos liderazgos, aunque está por ver hasta qué punto esos apoyos serán confirmados en las urnas por sus electorados.

 

El caso de Mariano Rajoy es distinto, ya que gracias a los errores de unos y otros, y siguiendo su vieja táctica de dejar pasar el tiempo sin apenas moverse, ha conseguido continuar con el liderazgo indiscutible dentro de su partido. Y, además, cuenta con un electorado de una fidelidad a prueba de bombas de corrupciones.

 

Tras estos congresos, los partidos han marcado sus respectivas estrategias a corto y medio plazo. El PP se reafirma en una apuesta totalmente conservadora, Podemos se radicaliza por la izquierda y Ciudadanos sin apenas oposición interna se apunta al liberalismo puro y duro, alejándose de cualquier apuesta de centro-izquierda.

 

Queda por saber qué pasará en el PSOE, que espera resolver su grave conflicto interno de octubre. Parece que, por ahora, el resultado de las elecciones primarias puede ser bastante incierto. Pedro Sánchez se propone recuperar la secretaría general de la que fue desalojado. Patxi López la busca con un difuso discurso de reconciliación. Y Susana Díaz, la candidata favorita de la Gestora, nadie duda que pronto presentará su candidatura.

 

Pedro Sánchez ha presentado su programa político-ideológico en 40 folios sobre el que pretende reconstruir la socialdemocracia en el PSOE. Y para ello, coloca a la militancia en el centro de las principales decisiones, además de fortalecer la figura del secretario general frente a las baronías del partido.

 

El nuevo PSOE de Sánchez defiende cosas impensables para la actual Gestora: un Estado plurinacional, una banca pública, una renta básica universal que garantice un ingreso mínimo a todos los ciudadanos, un salario mínimo de 1.000 euros, la derogación de la reforma laboral y de la Ley de Seguridad Ciudadana, una jornada laboral de 30 horas semanales como horizonte estratégico, un impuesto especial a los robots que sustituyan al trabajo asalariado (idea que comparte el propio Bill Gates) y una alianza con el laicismo, el feminismo y la sostenibilidad.

 

Asimismo ha manifestado que no siente nostalgia del bipartidismo, lo que supone reconocer, de alguna manera, que para ganar a la derecha, el camino es buscar un entendimiento entre las fuerzas progresistas. De esta manera, Podemos dejaría de ser para el PSOE un competidor para convertirse en un cooperador necesario. Este cambio de percepción supone “de facto” un rechazo a la gran coalición y a esa denominada “oposición útil” que han vendido los barones como coartada para justificar la abstención en la investidura de Rajoy y facilitar así el gobierno del PP.

 

Mientras tanto, la Gestora y los otros candidatos socialistas siguen rechazando cualquier entendimiento con la izquierda, lo que significa perpetuar el papel  de subalterno de las políticas de derechas, limitándose a contentarse con algunas  migajas sin trascendencia de ciertos logros progresistas que el PP, en su escasa y ocasional magnanimidad, le permite al PSOE.

 

Las posibilidades de Pedro Sánchez de recuperar el liderazgo dependen en exclusiva de la capacidad de movilización que desarrolle la militancia. Y por si fueran pocas sus dificultades, en su afán de limitar al máximo la participación de la militancia, la Gestora ha decidido establecer el voto rogado en las elecciones primarias. Es decir, el militante tiene que inscribirse antes en un censo, para poder votar. No obstante, Sánchez representa al PSOE que cumple lo que promete, y por eso fue dilapidado.

Sin embargo, los otros candidatos cuentan con la maquinaria del partido, el apoyo de la propia Gestora, de los barones y de la estructura clientelar de la organización, además, evidentemente, de los grandes medios de comunicación y de los poderes económicos de este país.

 

Por otra parte y en otro orden de cosas, Vistalegre II ha marcado un antes y un después en Podemos. Las participación de más 150.000 personas en un proceso de decisión complejo es en sí mismo un elemento importante. Los votantes decidieron acabar con las listas de plancha e introducir un sistema electoral de listas abiertas y preferencias ordenadas que, si bien beneficia a la lista más votada, el resultado ha sido una dirección en la que se integran miembros de las tres candidaturas principales, frente a lo que antes era un consejo monocolor.

 

También ha supuesto Vistalegre II un plante de la militancia frente al intento casi unánime de los medios de comunicación de convertir al número dos en número uno. Y de hecho lo ha relegado en valoración a un tercer puesto, por detrás de Echenique.

 

Sin embargo, Isidro López y Brais Fernández han descrito diez ideas a contracorriente sobre lo ocurrido en Vistalegre II, que por su interés transcribo resumidamente:

El congreso de Podemos se ha cerrado dando por cumplido su objetivo: cerrar una guerra interna entre familias.


El congreso ha fracasado completamente como espacio de las discusiones estratégicas de Podemos. En un entorno completamente volcado hacia dentro, no ha habido siquiera un intento de discusión de la coyuntura en la que se encuentra el país.


Tampoco se ha producido ningún debate de fondo que pueda dar las claves que permitan pensar en el abandono de la hipótesis populista. No se ha dado ninguna pista para que podamos pensar en un mínimo viraje hacia un análisis material de la coyuntura actual.


Teniendo en cuenta que la figura de Pablo Iglesias es el aglutinante de Podemos, se puede concluir que la política que se seguirá en los próximos meses dependerá de los vaivenes del líder. Los destinos de Podemos y de Pablo Iglesias quedan indisolublemente ligados, lo que reforzará aún más la tendencia al atrincheramiento del núcleo dirigente del partido.


El sistema de votación llamado “Desborda” ha servido para perjudicar a la tercera fuerza con dos consejeros y premiar la mayoría obtenida por la primera.
En este congreso Errejón y los suyos han sido devorados por la bestia plebiscitaria y mediática que ellos mismos diseñaron. Y sorprende que no hayan elaborado ningún documento, no solo haciendo autocrítica, sino también  explicando su versión de lo ocurrido en Vistalegre II.


El espacio crítico representado por Anticapitalistas deja abierta una brecha para que Podemos pueda conectarse con otras realidades más allá de su vida interna. Para ello, tendrán que convivir en un equilibrio tenso entre la “crítica” al modelo Podemos y el trabajo común, tanto con el podemismo como con realidades enfrentadas a éste.
Europa ha sido, sin duda, la gran ausente de Vistalegre II. Desconocemos por completo el planteamiento de Podemos con la U.E.


Todavía es pronto, pero tampoco conocemos las consecuencias que este congreso tendrá en las confluencias y en el municipalismo. Por ejemplo, en las confluencias gallega y catalana, Podemos juega un papel marginal y subalterno. Está por ver qué actitud adoptan ante esas realidades. Los precedentes no nos permiten ser excesivamente optimistas.


En conclusión, todo sigue más o menos igual. Podemos no ha resuelto sus grandes debates. Sólo ha desplazado del poder a una fracción, otorgando plenos poderes a otra, que se caracteriza por su debilidad e incapacidad más allá del interior de Podemos.

 

Y esto último lo hemos visto en el Cabildo de Gran Canaria, donde Podemos ha sido incapaz de entenderse con otra fuerza afín.

 

Fernando T. Romero Romero es profesor y ciudadano de Agüimes.

 

 

 

 

 

 

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