12/02/2017 - 17:51

La división del PSOE

María Mir-Rocafort

María Mir-Rocafort

Negar a estas alturas la división del PSOE es cerrar los ojos ante la realidad. El PSOE se ha escindido en dos grupos perfectamente diferenciados y antagónicos.

 

Por un lado, el PSOE de la Gestora surgido de un Comité Federal rocambolesco en el que se hizo lo permitido y todo lo contrario para apear de la Secretaría General a Pedro Sánchez; Gestora que luego convierte al PSOE en cómplice del PP, absteniéndose para que Mariano Rajoy vuelva a ser presidente del Gobierno.

 

Por otro lado, un número muy considerable, probablemente mayoritario, de militantes, simpatizantes y votantes del partido que no toleran de ninguna manera y por ningún motivo que el PSOE renuncie a sus principios socialdemócratas para apoyar a un partido neoliberal.

 

Quien habla de la posibilidad de coser un extremo que tira a la derecha con otro que tira a la izquierda, miente, y miente porque sabe, como sabemos todos, que se trata de extremos irreconciliables; porque pedir reconciliación entre ambos, es pedir que uno de los dos grupos renuncie a sus principios. Evidentemente, quienes pretenden imponer esa renuncia son los que detentan el poder.

 

Las mentiras como esta y muchas otras, repetidas hasta la saciedad por los políticos y los voceros de la propaganda, han conseguido que hoy se dé por hecho que vivimos en la era de la posverdad; lo que simplemente significa que la mentira se ha promovido, institucionalizado, aceptado; que la verdad ha quedado relegada al museo de las antiguallas.

El recurso constante a la mentira, legitimado por la costumbre y la moral relativista, ha tenido el efecto colateral de minar la confianza. El cinismo se exhibe como señal de inteligencia y de madurez. Los políticos que mienten sin reparar a quién ni cómo ni dónde, como el mismísimo presidente del gobierno, han convertido a la sociedad en un conjunto de individuos que viven protegiéndose del otro, sospechando de todos, no fiándose de nadie.

 

En el caso del PSOE, Pedro Sánchez, a la sazón Secretario General del partido, prometió durante las campañas electorales de diciembre de 2015 y junio de 2016 que bajo ningún concepto utilizaría los votos que obtuviera el PSOE para permitir el gobierno del Partido Popular. Al hacerlo contaba con el respaldo del Comité Federal del partido. 

Pues bien, la prueba incontrovertible de que el PSOE está dividido por un cisma profundo que no admite componendas es que Pedro Sánchez se negó a que su promesa electoral se convirtiera en mentira, mientras  la mayoría del Comité Federal que le depuso creyó que  las circunstancias libraban al partido de su compromiso con la verdad. ¿Pueden convivir en un partido político quienes están dispuestos a sacrificar principios, ideología asumiendo una moral de circunstancias, con quienes siguen respetando los principios, la ideología de un partido que se llama socialista?

 

El PSOE de la Gestora, convertido en primer partido de la oposición, justifica la abstención y los votos entregados luego al PP, proclamando su voluntad de contribuir a la gobernabilidad del país y su intención de conseguir que se deroguen las leyes más antisociales, inhumanas de la legislatura anterior. Para demostrar esa intención de socializar a la derecha, y los  éxitos conseguidos hasta la fecha,   los actuales líderes del PSOE afirman que han conseguido que se derogue la ley de educación y la ley mordaza; anuncian la modificación de la reforma laboral; proclaman subida del salario mínimo y de las pensiones. No se ha derogado ninguna ley y el PP anuncia que no está dispuesto a derogarlas. Anuncia el PP que la reforma laboral está muy bien y que algo que está bien no se debe modificar.

 

Las pensiones han subido un 0,25%. Ningún asalariado puede exigir el salario mínimo porque la reforma laboral no obliga al convenio colectivo; ningún desempleado está en condiciones de exigir un salario determinado si quiere trabajar. ¿Pueden convivir en el PSOE quienes mienten sin escrúpulos para conseguir el fin que se han propuesto y quienes no están dispuestos a aceptar la mentira para camuflar el fin? El fin del PSOE de la Gestora es no perder votos, según confiesan sus promotores y seguidores. ¿Pueden convivir en el PSOE quienes conciben la política como medio para obtener y conservar el poder por cualquier medio, con quienes la conciben como gestión de los recursos en beneficio del bien común?

 

Los líderes están obligados a poner paz, a echar mano de frases como que nadie sobra, que es más lo que une que lo que separa. Ese discurso conciliador obliga a cualquier líder político que no quiera hacerse responsable de la división definitiva de un partido. Pero ciertamente no obliga a militantes, simpatizantes y votantes. El seguimiento a un partido supone una convicción, forma parte del criterio moral de una persona. Nadie tiene derecho a exigir, ni siquiera a pedir, que una persona renuncie a sus principios, a sus valores, a sus convicciones por el bien de un partido político, sea cual sea.

 

El cisma que divide al PSOE en este momento no tiene que ver con las personas. No se trata de o Pedro Sánchez o Susana Díaz. Se trata de dos conceptos opuestos de la acción política. ¿Pueden convivir en un partido quienes creen que la acción política debe regirse por criterios morales con quienes rechazan que los criterios morales informen la acción política?

 

Quienes el 1 de octubre forzaron la dimisión de Pedro Sánchez y dirigieron el PSOE hacia la connivencia con el Partido Popular, tenían que saber que estaban dividiendo el partido, y si no lo sabían, adolecen de una clamorosa incompetencia. Sea por incompetencia o por algún motivo inconfesable, el cisma es hoy por hoy un hecho que nadie puede negar. ¿Puede salvarse el PSOE de la división y del desprestigio que ya le sitúan como tercer partido en intención de voto y que podría relegarle a una posición aún peor?

 

Desde luego, es demasiado tarde para tratar el mal con paños tibios. En este momento solo vale la cirugía. Una de las dos facciones se tiene que amputar antes de que la gangrena acabe con todo el partido. Ante tanto despropósito, hay muchos que se preguntan si quienes han desviado el partido para acercarle al gobierno neoliberal, no persiguen, en realidad, eliminar a la socialdemocracia del panorama político siguiendo la tendencia que hoy impera en el mundo. Siendo el PSOE el único partido socialdemócrata del país, ¿no se trata de eliminar al PSOE?

 

No hay que ser sagaz para darse cuenta de que el destino del PSOE hoy depende de la ya batalla campal entre dos facciones: quienes están dispuestos a aferrarse al poder por todos los medios, sean morales o no, y el ejército de militantes, simpatizantes y votantes que luchan para que el PSOE, con más o menos votos, con más poder o con ninguno, siga siendo un partido socialista. Ya ni siquiera es cuestión de a ver quién gana. En esta lucha entre la mentira y la verdad; entre el relativismo cínico y la conducta informada por un criterio moral, ganará sin duda quien logre mantenerse fiel a los valores que confieren a su conciencia la cualidad de humana.

 

María Mir-Rocafort es analista sociopolítico y columnista.

 

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