Lugares con historia: La Bahía de Gando y aledaños (y 2)

Antonio María González Padrón

Lugares con historia: La Bahía de Gando y aledaños (y 2)
Bahía de Gando, vista aérea/Multimedia.
Antonio María González Padrón

En la entrega anterior de este mismo artículo hemos hablado largamente sobre lo que aconteció en el paraje natural de Gando, tanto en su bahía como en las tierras limítrofes, desde los siglos previos a la Conquista Castellana de la Gran Canaria, hasta la segunda mitad del siglo XIX. En ese relato diacrónico, mostramos los diferentes momentos en el que la Historia se dio cita en dichos lugares.

 

La Gran Canaria como ínsula se relaciona amorosamente con el sonoro Atlántico que la rodea, de tal forma y manera, que sus habitantes no conciben la vida sin el mar. Nuestros celebérrimos poetas, encabezados por Tomás Morales y acompañados por Saulo Torón, Montiano Placeres y así una legión de ellos, han tenido en el mar fuente inagotable de inspiración lírica.

 

Los teldenses, tan orgullosos de su pasado aborigen y de sus dos fundaciones como ciudad europea (la primera realizada por frailes y comerciantes aragoneses-catalanes y mallorquines en 1351 y la segunda en la primavera-verano de 1483 debida a castellanos de todos los rincones de aquel reino peninsular), aman sobremanera a su municipio y por extensión a su comarca (Telde y Valsequillo). De él o de ella se ha dicho que, a pesar del trasiego que los cruza diariamente por gentes del Sur que desean llegar a la capital insular y de los “laspalmeños” y demás norteños, que necesitan viajar a la parte meridional de la isla, la comarca teldense jamás ha perdido su identidad; para muchos estudiosos de la sociología “es una isla dentro de la Isla” con características propias en lo económico, social y cultural. Así como se habla de la Gáldar profunda, de igual manera se define a nuestro arraigado sentir municipal y comarcal.

 

Volvamos la vista a atrás, ahora nos encontramos de nuevo en Gando y gracias a los artificios de nuestras mentes, saltamos a las últimas décadas del siglo XIX. Dos hermanos, Juan y Fernando León y Castillo, toman la bandera del desarrollo y modernidad de Gran Canaria y, para ello, utilizan todos los medios a sus alcances. Juan, extraordinario Ingeniero de Caminos, Canales, Puertos y Señales Marítimas, se sumerge de lleno en los proyectos de Obras Públicas que deben acelerar la llegada de un futuro prometedor. Fernando, de una excepcional inteligencia, como abogado, diputado, ministro, senador y embajador de España, moverá todos los hilos de la administración estatal con idéntico fin. Así, los León y Castillo con un binomio personal de gran calado intelectual y mayor carga de praxismo en la acción, conciben un ambicioso plan para dotar a la Isla de todos los mecanismos que la lleven a la primogenitura del Archipiélago.

 

La creación del Puerto de La Luz, en la Bahía de Las Isletas, idea de los primeros liberales, bajo la batuta de don Antonio López Botas y don Cristóbal Castillo Olivares, no hace sino convertirse en un hecho incuestionable, a pesar de la oposición de algunos influyentes comerciantes del Barrio de Triana. Los hermanos Juan y Fernando tuvieron que abrir tres frentes: uno, para convencer a éstos; el segundo, minimizar la influencia de los políticos tinerfeños y, el tercero, ganar ante el Ministerio y Las Cortes la aprobación definitiva de tal proyecto y lo que no era menos importante, hacerse con el casi millón de las antiguas pesetas para los gastos de su construcción. Aparejado a las obras portuarias, don Juan proyecta obras complementarias, tan necesarias como eficaces a la hora de elevar el llamado Puerto de Refugio como uno de los puertos más importantes de España. Para ello ve necesaria la mejora y puesta al día del Faro de Las Isletas, en las bajas cumbres volcánicas de aquella península. También, la más que ineludible creación de un depósito de agua en las inmediaciones de los muelles que conforman el Conjunto de La Luz.

 

Todo ello se complementaría con otras obras de gran calado: la primera de ellas, en el extremo Sur de la Isla, en lo que hoy denominamos Punta de Maspalomas, nos referimos al esbelto faro, convertido con el tiempo en todo un símbolo arquitectónico de la Isla. Y, en otro orden de cosas, una importante red de pequeños puertos tales como: el de La Aldea de San Nicolás de Tolentino, Agaete, Sardina del Norte, Bañaderos (nunca se llevó a iniciar), Melenara, Arinaga, Maspalomas (solo un pequeño espigón a los pies del faro), Arguineguín, Mogán, además de un pequeño atracadero en Tasarte. Éstas últimas obras marítimo-terrestres vendrían a agilizar el transporte del plátano y el tomate de las diferentes zonas agrícolas de la Isla, ya que era más factible su embalaje y su tránsito en pequeños barcos de cabotaje para acercarlos al Puerto de la Luz, que no enviarlos por las maltrechas carreteras, cuyos sinuosos trazados, llenos de curvas y cuestas, no hacían sino perjudicar a aquellos productos agrícolas.

 

Regresando sobre nuestros pasos a la Bahía de Gando y sus tierras limítrofes, descansaremos nuestra vista sobre el istmo que une el total de la isla con la pequeña península que allí se adentra en el mar a manera de morro y, muy cerca de ella, un pequeño islote o roque, unido para siempre a la memoria de un amor casi imposible en tiempos de los canarii, cuando una princesa allí recluida por su padre, recibía cada noche la visita de su amado que, con pericia de nadador, cubría la distancia que separaba ambos promontorios con el fin de ver a la doncella, imaginamos que, por entonces, ya no era tal.

 

En el brazo de tierra arenosa, en donde se unen isla y península, en un amplio espacio llano de inclinación ascendente de oeste a este, el ingeniero León y Castillo proyecta un más que ambicioso Lazareto o conjunto de edificios de uso higiénico-sanitario, tan imprescindible como necesario para socorrer a las tripulaciones y pasajeros que, infestos de cualquier epidemia, se acercaban a nuestro Puerto de Refugio de Las Isletas. Al darse la voz de alarma a través del cable de abordo, la autoridad portuaria daba las órdenes oportunas, negándoles siquiera el acercamiento a la capital grancanaria y ordenándoles que, raudos, corrigieran el rumbo hacia la Bahía de Gando para, allí fondeados, desembarcaran en barcazas o chalupas, ingresando irremediablemente, en el centro hospitalario. En verdad, nunca se llegó a utilizar para tal fin, y la administración Central del Estado no supo sacar provecho a esos inmuebles diseñados de forma genial. Cuatro edificios marcaban los extremos de una cruz griega, formada ésta por las calles que, desde el exterior del conjunto, confluían en una plaza central, en donde un templete historicista de planta circular hacía de capilla.

 

Aunque con el tiempo se fue deteriorando y hoy solo queda parte de los edificios sociosanitarios, el templete antes aludido, ha recibido restauraciones, más o menos recientes que lo han consolidado como B.I.C. A un tiro de piedra de allí, en la parte más alta del lugar, todavía hoy subsiste el gran aljibe o cisterna para la contención de las aguas potables que, a través de una acequia o canal llegaban del Barranco de Guayadeque en una toma existente entre El Ingenio y El Carrizal. Este edificio es sin duda alguna de las más nobles construcciones que existen en la Isla, sus trazas arquitectónicas nos muestran el genio innovador y creativo de don Juan. ¡Ojalá, algún día se establezca un acuerdo para que los ciudadanos de a pie puedan acudir a verla! Merece la pena y nos sentimos unos privilegiados por haber estado allí en numerosas ocasiones, gracias a la gentileza de los Mandos de la Base Aérea.

 

Este espacio, llamado a ser un lugar para salvar vidas, se convirtió en todo lo contrario, nos referimos a cuando sus dependencias fueron utilizadas como Campo de Concentración durante la contienda Civil en la que se vio inmersa España entre 1936 a 1939. Aunque, a decir verdad, esa improvisada cárcel se mantuvo largos años en la triste postguerra. Hablando con algunos de sus ocupantes, nos dijeron que la vida allí no distaba mucho de los peores centros penitenciarios. Muchos hubiesen preferido estar en una cárcel de las llamadas “normales” que vivir el día a día en Gando. Las aberraciones a las que eran sometidos iban encaminadas a denigrar al recluso, tirándole por los suelos su autoestima e intentando dañarles física y psicológicamente de por vida, pero como siempre suele pasar en estos y otros casos similares, allí también hubo presos de primera y de segunda. Aquellos hijos de buenas familias contaban con ciertos privilegios que éstos otros no tenían. El trabajo forzado se realizaba según escalas socioeconómicas.

 

Así, hubo presos que pasaron a la Intendencia o trabajo de oficina. También los había que, como artistas, realizaron retratos a los jefes militares y algún que otro compañero y, hasta quien salió una y otra vez del recinto como chofer. Pero no nos engañemos, la mayoría sufrió del aislamiento mayor, la escasez de comida, alguna que otra epidemia, entre ellas la tuberculosis y, sobre todo, la convivencia con ciertas plagas, entre las que podemos destacar la sarna y los piojos. De todo ello, fueron testigos algunos teldenses que abastecían con productos de nuestros campos la despensa del Centro de Reclusión, así como, el mismísimo Obispo de la Diócesis Monseñor don Antonio Pildáin y Zapiáin (Lezo, Guipúzcoa, 17 de enero de 1890 - Las Palmas de Gran Canaria, 7 de mayo de 1973), quien abogó ante las autoridades civiles y militares para abolir muchas penas y, en un futuro mas o menos inmediato, suprimir el propio campo de hacinamiento.

 

El tiempo no se para y la Historia sigue su curso y así se nos acerca a fechas más recientes de las que no podemos ni imaginar lo allí sucedido.

 

Hasta aquí la segunda parte del presente artículo, que por la importancia del lugar desarrollaremos en una tercera con la que daremos por concluida esta crónica histórica. Así, estimados lectores, ya quedan citados para la próxima semana, en donde la Bahía de Gando y sus tierras aledañas toman de nuevo protagonismo.

 

Antonio María González Padrón es licenciado en Historia del Arte, cronista oficial de Telde, Hijo Predilecto de esta ciudad y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

 

Comentarios

  • Manuel bernal
    26/01/2023 - 09:40

    Gracias D.Antonio....muy ameno ,ilustrativo y entretenido como nos tiene acostumbrados.

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