19/07/2016 - 17:32

Marisol Ayala: "El olfato periodístico no se aprende en las facultades"

La veterana profesional, columnista habitual de TELDEACTUALIDAD, sostiene que el periodismo de calle está en extinción

Marisol Ayala:
Marisol Ayala (Foto Más Mujer Canarias)

TELDEACTUALIDAD

Telde.- TELDEACTUALIDAD reproduce una entrevista a la periodista Marisol Ayala, columnista de TELDEACTUALIDAD, realizada por Ale Hernández para la revista Más Mujer Canarias, en la que sostiene que el periodismo de calle está en extinción y que el "olfato periodístico" no se aprende en las facultades.

 

Entrevista  Marisol Ayala

Por Ale Hernández

Resulta más difícil concertar una cita con ella, que tomarse un café con Letizia Ortiz en Las Ventas. Periodista social de raza con diferencia y referente para todos sus compañeros. Conversadora insaciable, con millones de historias aún por contar.

 

No quiere escuchar hablar de jubilación, es de las que morirá con “las botas puestas”. Mujer, hija, hermana y madre. Charlar con ella es un continuo dejarse llevar por las anécdotas más inverosímiles jamás pensadas. Ella es la realidad irrefutable que supera a cualquier ficción. Con ese halo de soberbia que caracteriza a la humildad de los grandes, por paradójico que pueda sonar. Ella es Marisol Ayala, una maestra en continuo aprendizaje, con la que he tenido el privilegio de mantener una enriquecedora e intensa charla, tornada en un tercer grado más conocido, coloquialmente hablando, como entrevista.

 

Realiza algo denominado periodismo social, ¿es tan difícil como parece?

No lo es, para mí no, para algunos sí lo es y mucho. Cuando empecé en esto, mucha gente no entendía el porqué de mi inquietud. Muchos compañeros lo que quieren es un despacho. Desde que empecé me gustaba mucho ayudar a la gente, de ahí sale mi vena periodística social.

 

Al margen de su ADN solidario, ¿hubo algún factor más por el que se decantó por ese periodismo nada popular?

Sí. Te voy a contar quienes fueron el motivo de tal decantación. Iniciando mi trabajo como periodista, recuerdo haber visto en el Hospital Insular un grupo de enfermos renales de edad avanzada, ataviados con sus pijamas, manifestándose en la puerta de dicho hospital con los goteros en la mano. Pregunté el porqué de dicha manifestación, el motivo era que no estaban siendo dializados y, por lo tanto, corrían el riesgo inminente de perder sus vidas. Eso me indignó tanto que decidí dedicar mi carrera profesional al periodismo de la calle, de la gente sencilla y humilde.

 

Hablemos de ese tipo de periodismo de raza y de calle… tuvo que lidiar con mucha clase de gente y en ambientes muy duros y dispares, ¿cómo se las apañó para salir ilesa de situaciones muy tensas en lares inhóspitos y relacionándose con gente marginal que no sabía ni quien era usted, ni a lo que iba?, ¿fue consciente, en algún momento, que su vida podría estar corriendo peligro?

Era una mujer muy joven por aquella época. Me metía en poblados en donde la droga y la prostitución hacían estragos. Siempre acudía con firmeza a la par que con humildad y transparencia. Dichas cualidades son propias de ese tipo de gente sencilla y humilde que habita las calles. Nunca fui con miedo, aunque en algunas ocasiones, reconozco, que lo sentí.

 

¿Recuerda alguna situación, durante la cobertura de alguna noticia, que le haya hecho mella?

Sí, recuerdo una a la perfección. Me llamaron para cubrir la muerte por sobredosis de un chico joven, que había aparecido sin vida y con la jeringuilla en el brazo en Guanarteme. Dicha imagen, solo contada, ya produce escalofríos. Acudimos por orden del director del periódico La Provincia, un fotógrafo y yo a reconstruir la vida de dicho chaval. Por causas, supongo, que del destino, llegamos a la casa de la familia de ese chico y nos recibió una señora vestida de negro. Preguntamos por el chico y la señora nos dijo que no se encontraba en ese momento. Nos dimos cuenta que desconocía la noticia de la fatídica muerte de su hijo y decidimos irnos, ante el hecho irrefutable de no sentirnos ni con el derecho, ni con las fuerzas necesarias para contar la horrible noticia a una madre. Cuando nos estábamos marchando, apareció un zeta del CNP para comunicarle la trágica noticia a aquella amable señora. No recuerdo grito más desgarrador en toda mi vida, que el de esta señora al escuchar la horrible noticia. Aquello nos impactó tanto a mi compañero y a mí, que decidimos regresar a dar el pésame a esa madre inconsolable. La señora, contra todo pronóstico, nos recibió en aquella cueva que tenía por casa con el dolor arrebatador por la muerte de su hijo, permitiendo entrevistarla. Al acabar dicha entrevista, tras haber comprobado ese dolor inagotable de esa madre abnegada y luchadora, le propuse a la señora, que se llama María que trabajase en mi casa como asistenta doméstica. María pasó doce años trabajando en mi casa y me ayudó a criar a mis hijos. Con esta historia real quiero que te des cuenta de hasta dónde llega mi compromiso de ayuda y labor social.

 

Me acaba de emocionar y mucho… Es obvio que se implica usted hasta el final. Lleva ese periodismo social también a su vida.

No sé hacerlo de otra manera, no puedo ser insensible ante las injusticias sociales.

 

Con todo lo que me cuenta saco una conclusión irrefutable… el periodismo de calle está prácticamente en extinción.

Desgraciadamente así es. Hay mucho opinador, poco periodista de calle y mucho periodista que solo ansía un despacho. Demasiada gente pontificando. Precisamente hemos sacado una sección todos los domingos en La Provincia, que se llama “Perfiles ciudadanos”. Son historias fantásticas de gente a las que nadie les hace caso. Ese tipo de historias son las que me gustan e interesan.

 

Ya que nuestra publicación se llama Más Mujer Canarias, le voy a preguntar sobre el periodismo social derivado hacia la mujer, ¿es usted feminista?, ¿o cree en la igualdad de géneros?

Soy mujer, no feminista. Por supuesto que creo en la igualdad de sexos.

 

Por lo tanto existe una clara diferencia entre violencia de género y violencia machista…

Cuando hablo de violencia de género y de violencia machista, ambos términos los unifico, es violencia y punto. También hay mujeres violentas, aunque es un hecho irrefutable que hay más casos de violencia machista, los datos lo reflejan. Todo esto es cuestión de educación. Hasta que no consigamos que las nuevas generaciones entiendan que el amor no significa darse celos mutuamente, fastidiarse ni estar continuamente enfadados, seguiremos teniendo este deleznable resultado, la violencia. El amor es otra cosa.

 

Usted podría ser consejera de asuntos sociales. ¿Se ha planteado entrar en política en alguna ocasión?

(Risas). Me ofrecieron un puesto en la jefatura del gabinete de prensa de Sanidad en Las Palmas. Creo que lo hicieron para mantenerme callada. Pensarían que teniéndome en un despacho no seguiría denunciando las barbaridades e injusticias que acontecen dentro de la Sanidad en Gran Canaria.

 

No me ha respondido a la pregunta. ¿Le pone o no le pone la política?

No, no me pone para nada. Me han ofrecido ir al Senado por Podemos, pero mi vida no es esa. No soy política, soy periodista. Creo que para hacer política se tiene que tener una amplia formación para ello y yo no la tengo.

 

Usted parece ser, en lo que a política se refiere, más roja que la sangre…

(Risas). Soy de izquierdas. Aunque ya no sé realmente lo que es la izquierda y la derecha en política. Si ser de izquierda es promover la justicia social, compartir lo que tienes y escuchar a la gente a la que no escucha nadie, soy de izquierdas, sí.

 

Continuemos hablando de periodismo social. Hablemos de un libro, que ya va por la segunda edición, en el que usted ha colaborado, ayudando al autor del mismo, su hijo, Miguel Ayala. Hablemos de “La Secta del Kárate”. ¿Cómo empezó dicho proyecto?

Es tan fácil como asegurarte que resido a quince metros del gimnasio en donde acontecieron esas barbaries atroces. Siempre veía a Torres Baena con los niños, en plan cariñoso y parecía hasta buena persona. Cuando salió el caso a la luz, no le puse demasiada atención, he de reconocerlo. Llegó el día en que ya no era solo un caso aislado, eran dos, tres, quince y veinte niños que habían sido forzados a mantener relaciones sexuales tanto con Torres Baena, así como sus dos compañeras. Tomó unas dimensiones tan grandes que fue mi propio hijo, Miguel, el que vino a mi casa a proponerme que escribiese un libro sobre este horrible caso. Me negué y le dije que lo escribiese él, ya que yo no quería meterme de lleno en este caso tan espantoso y rudo. Así fue, mi hijo Miguel escribió el libro y yo le ayudé a hacerlo. Fue un libro muy duro de realizar, las declaraciones de los niños que tuvimos que escuchar fueron realmente escalofriantes y muy rudas. De hecho, con el libro ya terminado, decidimos no publicarlo hasta que hubiese una condena en firme. Nos jugábamos una querella. Así lo hicimos, publicamos “La Secta del Kárate” tras haber salido a la luz las condenas en firme para estos energúmenos. Quiero hacerte un inciso, estos niños, víctimas de estos delincuentes, pasaban los fines de semana en aquel chalet sacando la basura a las 00,00 horas; me consta que los vecinos de la zona los habían visto. ¿Por qué no hicieron nada al respecto? Recuerdo a dichos vecinos diciendo que habían visto a los niños desnudos en la playa y a los tres días de tales declaraciones no se acordaban de nada. No entiendo la falta de escrúpulos y de conciencia social de esos vecinos.

 

Debo confesarle que, pese haber leído el libro, he tenido que saltarme varias páginas del mismo al no ser capaz de leer declaraciones de unos hechos tan sumamente duros, deleznables, intolerables e inhumanos.

No has sido la única a la que le ha pasado eso. Tengo amigos que también me han confesado lo mismo. Es totalmente comprensible, son testimonios espantosos, es más, te diré que no lo hemos publicado todo, ya que existen declaraciones tan horribles que no daban cabida ni siquiera en el libro. Tuvimos que marcharnos durante dos meses a Lanzarote. No regresamos a Las Palmas hasta haberlo concluido por completo.

 

¿Con qué se queda de dicha experiencia?

Con la valentía de esos niños y de sus familias y con el apoyo unánime de todos y cada uno de los compañeros de profesión. El apoyo de ellos nos gratificó tanto que, en la medida de lo posible, nos hizo olvidar todas esas sensaciones horripilantes que nos invadían tras haber escuchado dichos testimonios tan sumamente espantosos y execrables.

 

Gracias a esas víctimas valientes, a sus familias y a grandes profesionales como lo son usted y su hijo se condenó a esta panda de indeseables. Si no hubiese sido por ustedes esos pederastas hubieran continuado con sus abusos…

Es obvio. Es más, mi hijo y yo le fastidiamos el negocio a Torres Baena, ya que él quería escribir el libro. Sí, como lo oyes, ese golfo indeseable quería ganar dinero a costa de sus propios delitos. Por lo tanto, no nos tiene “mucho cariño”, como es lógico, ni a mi hijo ni a mí.

 

¿Es cierto que, incluso estando en donde debe de estar, la cárcel, Torres Baena les ha amenazado?

Me han comentado algunos amigos que han estado de visita en la cárcel, que Torres Baena tiene una fijación con nosotros. Si vivimos 304 años, que es a lo que ha sido condenado en sentencia firme, lo espero en el Parque Santa Catalina. No le tengo miedo a nada, ni a nadie. He estado incluso amenazada, en su día, por los GRAPO y ni aun así tuve miedo a seguir adelante con mi vida y, por ende, con mi profesión.

 

¿Cómo…? Relate algo sobre esa, digamos anécdota, por favor.

En su día, me llamaron de la Delegación del Gobierno, me comentaron que tuviese cuidado en mi vida cotidiana, ya que los GRAPO me habían amenazado de muerte. Me dieron una serie de pautas para velar por mi integridad física, tales como tener cuidado al coger el coche, al abrir la puerta del garaje, al pararme con gente desconocida, etc. Aun así siempre seguí haciendo mi vida cotidiana, con total y absoluta normalidad, aunque con ciertas precauciones. Nunca pasó nada y tampoco tuve miedo. Creo que a lo que hay que tenerle respeto es a una enfermedad tanto propia como de los tuyos.

 

Observando su valentía, en todos los aspectos, ¿se atrevería a escribir un libro destapando los escándalos de pederastia de la Iglesia Católica?

¡Por supuesto que sí me atrevería! Teniendo la documentación pertinente, me atrevería a hacerlo. El problema es que investigar en Canarias es muy difícil y muy caro. La gente se cree que con “La Secta del Kárate” nos hicimos ricos… ¡Ay Dios, si yo les contara! El libro se vendió, pero con unos niveles de ventas normales. A la gente no le gusta que les cuenten cosas feas.

 

Hablando de periodismo y, por ende, de historias que contar y sus titulares… ¿Cuál sería el titular de su vida?

El titular de mi vida sería el cariño de mis lectores y el respeto y reconocimiento de mis compañeros.

 

¿Cómo se sintió cuando decidieron nombrarla hija predilecta de Las Palmas de Gran Canaria?

No me lo creí. Recuerdo que me llamó por teléfono Inmaculada Medina, concejal por el PSOE del Ayuntamiento de Las Palmas, y me dio la noticia. Le pregunté: ¿para qué sirve eso?, recuerdo perfectamente que me respondió:”Marisol, hazlo al menos por tus hijos” (Risas). Le dije que no forzara mucho el tema porque sé que el PP no me quiere mucho que digamos. Sentí una alegría inmensa. Vengo de familia de periodistas y que me otorgasen tal reconocimiento por mi carrera como tal carece de precio alguno. Recordé mucho a mi madre, que siempre presumió mucho de sus hijos.

 

¿Qué diferencia existe entre el periodismo que se hacía treinta años atrás, al que se practica en la actualidad?

El periodismo es el mismo, van cambiando los formatos, pero es el mismo. Quizás la diferencia radique en que el periodismo que se hacía antes estaba mejor pagado. Los periódicos en papel eran muy fuertes. Hoy en día los digitales se los están comiendo. Pero creo firmemente que en la actualidad el periodismo social es más importante y más extenso que en el pasado. Otra cosa es que a los periódicos no les interese publicar dichas historias. La vida está en la calle. Los periodistas son como los políticos, si no van a la calle, no se enteran de lo que realmente está pasando. Los periodistas de despacho abundan. A mí lo que me gusta es estar en la calle.

 

Más de treinta años ejerciendo el periodismo social, ¿se siente cansada?

En absoluto. No podría vivir sin escribir, sin contar, sin denunciar. No podría vivir sin periodismo, mi vida gira en torno al mismo. No me veo haciendo otra cosa. No me voy a retirar nunca… ¿Para qué? con todas las cosas que quedan por escribir y por denunciar. El periodismo, para mí, es un veneno. Un veneno que he ido contagiando, incluso a mi hijo, Miguel Ayala.

 

Es obvio que para usted el término “jubilación” no existe…

No me voy a jubilar jamás. Me encanta escribir y contar historias. No entiendo por qué se jubilan mis compañeros. Siempre les digo que no les quiero ver en un banco de un parque sentados, quiero que sigan escribiendo; les ofrezco hasta que escriban en mi blog.

 

¿Cuáles son las reglas que siempre debe respetar un buen periodista?

Preservar la imagen de los menores, de las personas de edad avanzada y de los enfermos. La dignidad hay que mantenerla intacta.

 

Estaría durante una semana charlando con usted, pero soy consciente del “coste” de su preciado tiempo, por lo tanto, muy a mi pesar, le formularé las últimas preguntas. Desconozco si le agrada dar consejos o no, aun así voy a atreverme a pedirle que les regale un consejo a los estudiantes que acaban de salir de la facultad de Ciencias de la Información y que se encuentran con sus primeras praxis a pie de calle…

El periodismo es el oficio más bonito del mundo. Si estás envenenado del mismo y no lo ejerces te acabarás convirtiendo en un amargado. Mi consejo es que hagan lo que les guste, que sean profesionales y que nunca dejen de escribir. Traten de ser felices con lo que les guste hacer. El día que les paguen por su primera crónica serán las personas más felices del planeta.

 

¿Cree que para ser periodista hay que estar, obligatoriamente, licenciado en periodismo?

No necesariamente. Conozco a muchos compañeros que son grandes periodistas y, o no han terminado la carrera o ni siquiera la han estudiado. El periodista tiene que poseer una formación, eso es obvio, pero hay algo que no se enseña en la facultad y es “el olfato periodístico”, oler la noticia y reconocer quién tiene una buena historia que contar.

 

Comentarios

  • Marisol Ayala
    16/09/2016 - 08:43

    Muchas gracias Carlos José. Un abrazo.

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  • Fabiola
    12/09/2016 - 21:16

    Estimada Marisol. No se imagina como me alegra saber que aún se escribe la verdad y sin censuras, cosa que muchos/as personas quisieran hacer pero por no tener estudios o por pertenecer a un nivel social inferior no le es permitido. Reciba un cordial saludo.

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  • marisol ayala
    26/07/2016 - 04:08

    Buenas noches. Muchas gracias por leer la entrevista que siendo larga puede resulyada pesada. Lo único que puedo decir es que es una de las entrevista que mejor me retrata. Sin trampa ni cartón. Tal cual. Con mis muchos defectos y escasas virtudes. Ejerzo el periodismo con pasión y eso los saben mis lectores. Creo que se nota. Un saludo.

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  • Antonio O.
    20/07/2016 - 10:38

    Estimada y admirada marisol, pudiera decir, sin error a equivocarme, que, eres actualmente, una rara avis, en ese "proceloso" mundo de la comunicación, o mejor decir, de la prensa escrita. Para este humilde escribidor, haz sido un referente de buen hacer periodístico. Investigar, contrastar y llenar una página de verdades, sin aburrir, es un arte, que, se ha perdido. La informática, el copia y pega y la inmediatez informativa sin contrastar su veracidad, nos ha llevado a esta situación de tener que saber separar la "paja" del trigo de una hermosa profesión, que, cada día se hace, más difícil y penosa, tanto laboral como profesional.

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  • Gregorio Viera Vega
    19/07/2016 - 22:31

    Marisol, magnífica periodista, mejor persona sin duda.

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  • Carlos José Suárez.
    19/07/2016 - 20:43

    No cabe duda que en la elección está el éxito. Sra. gracias por escoger ese camino, la he disfrutado leyéndola desde décadas, y ojalá sea infinito. Dios la guarde.

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