01/11/2015 - 20:29

El Valle de Jinámar perpetúa la memoria del Obispo Diego de Muros

Con una calle desde 1996

Luis A. López Sosa

El Valle de Jinámar perpetúa la memoria del Obispo Diego de Muros
Calle de Obispo Diego de Muros (Foto Luis A. López)
Luis A. López Sosa

En nuestro paseo de hoy, mañana primaveral, nos hemos ido al Valle de Jinámar, donde vamos en busca de la calle Obispo Diego de Muros, cuyo origen lo encontramos en la calle Fuente del Sao desde donde, con un trazado de Naciente a Poniente y, tras recorrer unos 250 metros lineales, aproximadamente, finaliza en un fondo de saco o lugar sin salida.

 

Tiene paralela al Norte la calle Fuente del Sao.

 

Esta nominación, fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el día 26 de enero de 1996, figurando desde entonces, en el Callejero del Distrito 3º, Sección 11ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.

 

Es esta una urbanización reciente, de una veintena de años, aproximadamente y, el uso de la misma es eminentemente residencial, encontrándonos en la mayoría de las parcelas edificios destinados a viviendas, bajo las cuales existe algún que otro local comercial.

 

Sinopsis de la nominación

Diego de Muros, Obispo de Canarias, nació en la Villa de Muros, (La Coruña), falleciendo en Las Palmas de Gran Canaria, en el año 1506.

 

Diego de Muros fue hijo de Vasco López de Burgos, regidor de la ciudad de Santiago de Compostela, y de Mayor Pérez, habiendo nacido en el Municipio de Muros, en la Provincia de La Coruña. En 1474 ostenta ya el puesto de canónigo de la catedral compostelana, viviendo, además, de las rentas procedentes del sostenimiento de diferentes beneficiado. En 1482 aparece ya desempeñando trabajos de Secretario al servicio de Don Pedro González de Mendoza. En 1486 es nombrado Arcediano de Carmona, dignidad que había sido creada en la catedral de Sevilla siendo arzobispo don Diego Hurtado de Mendoza, sobrino del cardenal, habiendo quedado vacante por la muerte de Don Juan de Marquina.

 

Muchos son los beneficios que “atesora”, hecho del que queda constancia en 1490 cuando el arcediano de Carmona pide protección a los Reyes Católicos para las los beneficiados simples que posee en las iglesias de Galicia y que él tiene “por justos títulos”.

 

En 1490, obtiene los títulos de Arcediano de Castilla y párroco de la Villa de Muros, tras la muerte de su poseedor, Don Rodrigo de Lugo; así como el de Arcediano de Toro, cargo dado por los Reyes Católicos el 20 de Abril de 1490. En 1491, también los reyes le conceden el título de Chantre de Santiago de Compostela por la muerte de don Alvar Rodríguez. En 1493 disfruta de los beneficios propios de la canonjía de Sevilla aunque ella correspondía legalmente a Alonso de Cortés.

 

Por tanto, y haciendo números, Diego de Muros llegó a disfrutar, conjuntamente, de cuatro canonjías, peleando por conseguir dos más; un nombramiento de párroco otorgado directamente por el Papa, y diez y siete beneficios menores en diferentes iglesias gallegas.

 

El 11 de Enero de 1498 fallecía en Guadalajara el Cardenal Don Pedro de Mendoza, sucediéndolo el también cardenal Don Bernardino López de Carvajal, quien hasta entonces, y desde 1492, había ocupado la silla episcopal de Badajoz. Pero su relación con la casa de Mendoza no debió de cesar hasta que los Reyes Católicos le arrancaran de su puesto, encomendándole el episcopado de Canarias.

 

Diego de Muros había sido incluido en una lista de episcopales que la Reina Isabel la Católica, ciñéndose a lo acordado con la Santa Sede, había mandado redactar. Alejandro VI, manda, por su parte, expedir las bulas para Canarias, viendo ambos en ello un homenaje póstumo al gran Cardenal de España.

 

Así, el 21 de julio de 1496, se produjo el nombramiento de Diego de Muros como Obispo de Canarias, consignándose en la bula de nombramiento la necesidad de dar a su antecesor en la silla episcopal, el fallecido obispo Fray Miguel López de la Serna, un digno sucesor que destacara por "su pureza de vida, honestidad de costumbres y recto juicio para los negocios espirituales y temporales”, habiendo sido propuesto ante el Papa por su propio hijo, el Cardenal Cesar Borja.

 

Al años siguiente, 1497, Muros ya se encontraba residiendo en Canarias, ya que en ese mismo año se redactan las constituciones del primer sínodo diocesano de Canarias, llevándose a cabo unas segundas en 1506, a lo que podemos añadir, según noticias aportadas por el realejero José de Viera y Clavijo, que realizó sendas visitas pastorales en 1498 y 1503 y que vienen a demostrarnos que residió en las islas durante todo su pontificado, costumbre poco habitual en los prelados de la época, y aún menos en los nombrados para diócesis “perdidas” en el Atlántico.

 

El tiempo que permaneció al frente de la única diócesis del Archipiélago Canario lo dedicó especialmente a legislar sobre temas pastorales, que tuvieron gran resonancia en las constituciones sinodales promulgadas por sus sucesores Fernando Vázquez de Arce y Cristóbal de la Cámara y Murga. Fue además un gran defensor de la Inmaculada Concepción y protector testamentario de la entonces ermita de Jinámar, que puso bajo la advocación de la Santa Señora.

 

Las adiciones de 1506 cerrarían el pontificado de Diego de Muros en Canarias, ya que, aunque se desconoce la fecha exacta de su fallecimiento, el 20 de octubre de 1507 era nombrado su sucesor, don Pedro López de Ayala, “por muerte de don Diego”, habiendo transcurrió, desde su muerte, el tiempo necesario para que los Reyes presentaran al obispo electo ante la curia romana.

 

Concreta más la fecha el hecho de que el 26 de octubre de 1506, el arcediano de Tenerife, visita la Villa episcopal de Agüimes, señorío episcopal, con el objeto de proveer los cargos de alguacil, alcalde y escribano; cargos que habían quedado vacantes por el fallecimiento del Sr. Obispo. “que en gloria está”.

 

Toponimia del lugar

La toponimia que da origen al barrio de Jinámar, se define como la del nombre de un poblado aborigen prehispánico, sin que se sepa cúal puede ser su traducción, y en todo momento, esos inicios le asocian con el de una aldea de pacíficos artesanos que al parecer se denominaba La Ollería, y en la que tropas de Juan Rejón ocasionó una gran masacre entre la población de mujeres, niños y ancianos. Ese lugar al parecer hoy se recuerda con la denominación de un vial como La Matanza.

 

Durante mucho tiempo Jinámar fue el primer núcleo poblado del municipio de Telde, que se encontraba cuando transitabas por la Camino Real al Sur en el  siglo XVIII, posteriormente la Carretera al Sur durante el siglo XIX y en siglo XX la Carretera C-812 y que todas durante sus diferentes denominaciones condujeron y conducen hasta el Puerto de Mogán.

 

Entre San Cristóbal y Jinámar, no encontrabas ningún tipo de edificación, con lo cual al llegar a Jinámar, la parada era obligada para dar agua a las bestias que tiraban de los carros, poner agua a los viejos motores de los transportes públicos o estirar las piernas, ya que, estos viajes solían durar algo más de medio día en algunos casos.

 

No obstante, el Valle de Jinámar, es una gran urbanización que se construye en la segunda mitad de la década de 1980, en lo que fuera la hermosa Finca de la Condesa, un lugar señero en los procesos agrícolas que ha vivido el municipio de Telde, durante varios siglos, y que experimentaba una gran frondosidad y fertilidad, debido al mimo que en ella pusiera el Sr. Conde de la Vega Grande y de Guadalupe, al dotarla de los sistemas de riegos y edificaciones anexas al emporio agrícola que rodeaba su gran mansión.

 

Han sido incompresibles o cuando menos disparatadas, las intervenciones que en nuestro municipio ha tenido el Gobierno Español en connivencia con los propietarios de ciertos lugares en los que la productividad agrícola era vital y sin embargo se dejaron de cultivar para proceder a la urbanización de los mismos, cuando en verdad existían terrenos colindantes con peores condiciones agrícolas que aquellos, ya sean en el Valle de Jinámar, en Las Remudas, o en la zona de La Estrella, para el caso da lo mismo, el crimen ecológico fue de la misma magnitud.

 

Efemérides

Sucedió un día tal como el de hoy, hace ahora mismo 99 años, es decir el 1 de noviembre de 1916,  que en Las Palmas de Gran Canaria fallece Don Antonio Artiles Ortega, más conocido como “Secretario Artiles”, quien había acudido a la escuela de primeras letras, pero no pudo seguir estudios avanzados puesto que su familia carecía de recursos económicos. Fue, por consiguiente, hombre de formación autodidacta, que compatibilizó con las experiencias de su trabajo, iniciado desde muy joven como modesto empleado del Ayuntamiento de Telde. Don Antonio Artiles fue funcionario de la depositaría de Hacienda y, posteriormente, del Ayuntamiento de Las Palmas. Asimismo, desarrolló tareas periodísticas. Al fallecer el entonces Secretario del Ayuntamiento capitalino Don Francisco Morales Aguilar, el alcalde Hurtado de Mendoza le designa para ocupar este puesto.

 

Hace tan solo 63 años, es decir el 1 de noviembre de 1952, los Estados Unidos explosiona la primera bomba de hidrógeno del mundo en un atolón remoto del Océano Pacífico. La bomba termonuclear con una potencia de 10,4 megatones (unas 750 veces superior a la que estalló en Hiroshima) convierte en polvo a una isla entera. En 1955, la Unión Soviética explosionará su primera bomba de hidrógeno, con lo que el mundo vivirá bajo el terror permanente de la amenaza de una guerra atómica. El aviso publicitario de 1952 muestra un aeropuerto, un casino y un hongo nuclear. "En Las Vegas siempre pasa algo", dice alegremente la gigantesca publicidad para la región cercana al campo de pruebas atómicas. Siete años después del primer ensayo nuclear y los devastadores ataques a Hiroshima y Nagasaki, las bombas atómicas eran casi algo normal.

 

Encontramos en la vida personas que de forma natural reúnen cualidades especiales, las cuales le hacen destacar sobre la generalidad erigiéndoles como personas de competencia.

 

Cuando en estas personas además concurren circunstancias como la laboriosidad, la honradez y la independencia de criterio, les hace ser considerados como ejemplares.

 

En el caso de Antonio Artiles Ortega, a pesar de su carácter áspero, era una persona que sabía respetar y que además se hacía respetar e hizo gala de todas esas virtudes, a pesar de los escasísimos medios de aquellos tiempos, desarrollando una gran labor potenciada por una gran memoria, lucidez de juicio y la sólida preparación adquirida durante muchos años de trabajo.

 

Se cuidó siempre de todo cuanto se relacionaba con el decoro y progreso de la población, creación de nuevas escuelas y centros de enseñanza media, fomento del turismo, abastecimiento de agua, etc., todo ello dentro de una labor anónima, oscura, sin lucimiento.

 Funcionario incorruptible y de absoluta probidad, vivió y murió en la modestia y la pobreza, alejándose siempre de cualquier situación sospechosa de tráfico de influencia, situación que a pesar de no causar dolo alguno a nadie, le pudo haber proporcionado una holgura socio-económica bien diferente y a la que su honestidad le hizo renunciar. 

 

Nos echamos la gena a la espalda, guardando en ella todo lo positivo que podemos entresacar de esta crónica y,  seguimos caminando con rumbo al Sureste y nos vamos al barrio de El Calero Bajo, donde iremos en busca de la calle Obispo Frías, para conocer la toponimia de este lugar y saber algo más de este personaje histórico,  pero eso será en otra ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto…cuídense.

 

Sansofé.

 

Enviar Comentario