25/10/2015 - 19:56

Las Huesas estrecha lazos con Numancia

Una calle del barrio teldense recuerda el poblado celtíbero que aguantó durante meses el ataque de los romanos

Luis A. López Sosa

Las Huesas estrecha lazos con Numancia
Calle de Numancia (Foto Luis A. López Sosa)
Luis A. López Sosa

Paseamos hoy por el barrio de Las Huesas y allí, nos vamos en busca de la calle Numancia, cuyo inicio lo encontramos en la calle Velarde, desde donde con orientación Sur a Norte y, tras recorrer unos 280 metros, aproximadamente, finaliza en la calle Íñigo López de Mendoza (Marqués de Santillana).

 

Por el Naciente linda con la calle Sagunto y al Poniente lo hace con la calle África.

 

Esta nominación aparece por primera vez en los documentos censales referidos al 31 de diciembre de 1970 y, desde entonces forma parte del Callejero Municipal del Distrito 6º, Sección 10ª del Censo de Habitantes y Edificios.

 

Esta Urbanización de Las Huesas, no tiene un estilo  arquitectónico propio, si no que en la misma encontramos inmuebles de todo tipo y destino, ya sea para vivienda exclusivamente o para fines industriales y comerciales, e incluso en algunos casos combinados. Estos inmuebles, si bien los encontramos de una sola planta, los hay también de varias plantas, llegando a un máximo de cuatro alturas. Todo ello nos habla de las distintas etapas vividas en la conformación urbanística actual del barrio.

 

En esta zona se abrieron los viales a finales de la década de 1950, pero no se completaron los servicios de infraestructura urbanística hasta casi la mitad de la década de 1980.

 

Aún recordamos al caer de la tarde las polvorientas calles y el discurrir de las aguas blancas libremente por aquellas. El vecino que manguera en mano mojaba el entorno de la calle junto a su vivienda, en vías de autoconstrucción, para conseguir un afirmado que evitara las polvaredas que el viento ocasional levantaba a su paso. La chiquillería jugando a la pelota en la calle y los corros de personas sentadas a la puerta de algún vecino, a modo de mentidero improvisado. Fue otra época, en la que casi todo el mundo compartía las penas y glorias de una vecindad carente de medios.

 

Sinopsis de la nominación

Numancia es el nombre de una desaparecida población celtíbera situada sobre el “Cerro de la Muela”, en Garray, a siete kilómetros al norte de la actual ciudad de Soria, España. Desde tiempo inmemorial, dicho cerro era propiedad de la familia Marichalar. Luis de Marichalar, Vizconde de Eza (abuelo de Álvaro de Marichalar) lo donó al Estado en 1917.

 

En el año 153 a. C. tiene el primer conflicto grave con Roma, al dejar entrar en la ciudad a unos fugitivos de la tribu de los bellos, procedentes de la ciudad de Segeda (actualmente sus restos están situados entre Mara y Belmonte de Gracián en Zaragoza). Los numantinos, al mando de Caro de Segeda, consiguen derrotar a un ejército de 30 000 hombres mandados por el cónsul Quinto Fulvio Nobilior, pero hubo que lamentar que su jefe, Caro, muriera en la batalla.

 

Tras veinte años repeliendo los continuos e insistentes ataques romanos, en el año 133 a. C., el senado romano confiere a Publio Cornelio Escipión Emiliano “El Africano Menor” la labor de destruir Numancia, a la que finalmente pone sitio, levantando un cerco de nueve kilómetros apoyado por torres, fosos, empalizadas, etc. Tras trece meses de hambrunas, enfermedades y tras agotarse sus víveres, los numantinos deciden poner fin a su situación. Algunos de ellos se entregan en condición de esclavos al ejército de Publio Cornelio Escipión Emiliano, mientras que la gran mayoría de los numantinos decidieron suicidarse, prevaleciendo su condición de libertad frente a la esclavitud de Roma.

 

Los primeros asentamientos humanos en Numancia se establecieron en el III milenio a. C., cuando la zona era densamente boscosa y contaba con una fauna rica en ciervos, jabalíes, osos, lobos, liebres, conejos, caballos, etc. Los pastos eran ricos y en ellos se criaban cabras y ovejas, que eran la principal fuente de riqueza. Estos primeros asentamientos consistían en cabañas construidas con materiales perecederos, ya que en ellas habitaban pastores que realizaban movimientos estacionales con sus rebaños. La región tenía un clima muy duro, con fuertes heladas y nevadas abundantes, donde soplaba el cizicus o cierzo, un frío viento del norte.

 

Hacia el siglo VII a. C., en este asentamiento se utilizaban cerámicas hechas a mano, con formas bitroncocónicas. Desde el siglo VII a. C. el asentamiento pasó a ser un castro, típico de la cultura castreña de la provincia de Soria; este tipo de asentamientos estaban muy bien fortificados y su base económica era mayoritariamente ganadera. La cerámica pasó a tener posteriormente formas lisas sin decoración, similares a las aparecidas en Navarra y La Rioja. A principios del siglo IV a. C. aparecieron decoraciones cerámicas realizadas a peine o con incrustaciones de botones metálicos, lo que indica un momento inmediatamente anterior al establecimiento de la cultura celtíbera, en la cual aparecieron ya cerámicas a torno y decoraciones concéntricas y con estampados. En este momento, hacia el 350 a. C., Numancia pasó a tener un número importante de habitantes y nació como ciudad. Los numantinos aprendieron entonces el manejo del horno oxidante, el torno de alfarero y el uso de la pintura para decorar cerámica, a partir de los conocimientos de sus vecinos celtíberos del este, que por estar en el valle del Iber o Ebro ya habían sido iberizados.

 

La principal fuente de datos sobre la antigua vida en Numancia proviene de la arqueología, puesto que apenas subsisten restos escritos sobre la vida normal de sus habitantes.

 

La ubicación geográfica de la ciudad celtíbera se sitúa en el Cerro de la Muela, de Garray, un punto estratégico delimitado por las montañas del Sistema Ibérico, desde el Pico de Urbión hasta el Moncayo, y rodeado por los fosos del río Duero y su afluente, el río Merdancho. Su superficie pudo haber llegado a las ocho hectáreas.

 

Su primera ocupación data del Calcolítico o comienzos de la Edad del Bronce, (entre el 1800 a. C.-1700 a. C.). Perduraría un asentamiento de la cultura castreña de la Edad del Hierro hasta el siglo IV a. C.

 

Tras ser arrasada por Roma, la ciudad no estuvo mucho tiempo sin ser ocupada, encontrándose restos de poblamiento pertenecientes al siglo I a. C. Esta época se caracteriza por un urbanismo bastante regular, aunque sin grandes edificios públicos. En el siglo III comienza su decadencia (aunque se han encontrado restos romanos del siglo IV).

 

Toponimia del lugar

La toponimia “Las Huesas”, tiene su fundamentación en ser un lugar de enterramientos aborígenes en cuevas naturales y excavadas, donde se albergaban los difuntos.

 

Los pobladores aborígenes prehispánicos tenían su especial cultura funeraria, ya que, acondicionaba el cuerpo de los difuntos mediante la momificación de éstos. Se practicaba un embalsamamiento similar al de la cultura egipcia, si bien, no extraían las vísceras.

 

Es extraordinaria la perdurabilidad y la finura de algunos trabajos de momificación, lo que denotan un alto grado de civilización y cultura, lejos de las consideraciones hechas por algunos de los conquistadores que con el fin de justificar sus desmanes, mentaron salvajismo y ferocidad en el comportamiento de la población aborigen, en contraposición con las afirmaciones hechas por los cronistas directos de las expediciones religiosas o científicas.

 

Dentro de esta cultura relacionada con la muerte, encontramos que en el interior de las cuevas, ya fueran naturales o excavadas, preparaban un enlosetado de lajas, maderas y tomillo u otras hierbas aromáticas, de tal forma que el cuerpo del difunto no tuviese contacto alguno con la tierra.

 

Existen enterramientos individuales y también se encuentran cuevas convertidas en necrópolis al acoger más de un difunto.

 

Se han encontrado también sepulturas en túmulos, que a modo de cementerio limitaban una zona poblada, con muy pocas viviendas, donde tal vez moraran aquellos que realizaban los trabajos de momificación, quienes a pesar de tener un alto grado de especialización, eran rechazados por la colectividad.

 

En cualquier caso, las noticias de dicho lugar nos llegan a través del libro titulado “Telde”, cuyo autor fuera el Dr. Don Pedro Hernández Benítez, que publicara allá por el mes de mayo de 1958, pero la realidad latente en relación con el mismo, es que no se ha conservado ningún vestigio arqueológico y como de costumbre, de forma incomprensible, el legado histórico-cultural ha desaparecido con el consentimiento y el quehacer de propios y extraños, de los saqueadores y las propias autoridades,  en el devenir de los tiempos, unos actuando y otros dejando actuar (aquí se había de aplicar aquello que: es tan culpable el que ordeña la vaca como el que mantiene la lata).

 

Lo cierto, es que lo único que queda de todo este complejo arqueológico es un tramo de cuevas excavadas y reconvertidas en corrales para el ganado, toda una ofensa a las señas de identidad de la cultura aborigen y otra parte, donde se aprecia que existieron otras necrópolis que fueron totalmente destruidas. Delante de ellas se han levantado paredes de piedra seca, nos imaginamos que para evitar el extravío del ganado caprino u ovino, aunque a nosotros se nos antoja que debió levantarse inicialmente para evitar la entrada de saqueadores y demás desaprensivos.

 

Remontándonos a los inicios de la década de 1950, encontramos en este lugar una continuidad de cultivos de tomateros que se extendían a ambos lados de lo que se vino en llamar la Carretea General al Sur y que más tarde, con el paso del tiempo pasó a ser la hoy Autovía GC-1.

 

Cuando vienen las primeras crisis de la exportación del tomate, se deja de plantar paulatinamente los terrenos de Las Huesas y en su lugar se van produciendo asentamientos poblacionales, en gran parte, de los mismos aparceros que trabajaban en los referidos cultivos. Una especial consideración merecen los tres bloques de viviendas construidos por la Empresa CINSA, para albergar a sus empleados, que desde entonces se constituyen en un icono de la zona en el margen Poniente de la Carretera General al Sur.

 

A mediados de la década de 1950, el propietario de dichos terrenos, decide realizar el proyecto de urbanización desde el Camino al Lomo de los Frailes y hasta la Carretera General al Sur. Se abren las calles y el sistema de autoconstrucción va generando poco a poco los primeros núcleos de edificaciones. No se dotan los viales de la infraestructura pertinente y el aspecto del barrio que va naciendo es deplorable, las calles sin asfaltar, sin aceras y las edificaciones en su mayoría sin encalar y sin pintar. Estas circunstancias se mantendrían hasta bien entrada la década de 1980.

 

No podemos dejar de mencionar la otra “gracia” del gobierno español, respecto a la entrega o abandono de sus colonias en el Sahara y la pérdida de las minas de Fos Bucrá, de donde se extraía la materia prima para la fabricación de los abonos nitrogenados por la Empresa CINSA, la cual fue a la quiebra y mandó al paro a más de 2.500 personas, en su mayoría teldenses, con una sensible repercusión para la economía canaria.

 

Efemérides

Sucedió hace ahora mismo 97 años, es decir el 25 de octubre de 1918, que regresa a Gran Canaria el vapor de la compañía Pinillos “Infanta Isabel”, para recoger a los enfermos recuperados de la maligna epidemia de gripe que asoló todo el país durante ese mes, los cuales se encontraban recluidos en el Lazareto de Gando. La epidemia se declaró a bardo del citado barco el día 1 de octubre durante la travesía entre La Coruña y Gran Canaria, entre el pasaje de tercera clase. El día 3 de octubre desembarcaron en el Lazareto de Gando 336 enfermos afectados y el día 25 recogió a 265 totalmente recuperados, a pesar de la carencia de medios materiales y gracias a la abnegación del Médico de Sanidad Municipal Don Andrés Navarro Torrens, que con 75 años de edad, se clausuró con los enfermos en el Lazareto de Gando hasta la total extinción de la enfermedad.

 

También ocurrió un día tal como hoy, hace ahora mismo 32 años, es decir el 25 de octubre de 1983, que al amanecer, ejército e infantes de marina de los Estados Unidos, transportados en avión y apoyados por helicópteros de combate, invaden la isla caribeña de Granada y se apoderan de los dos aeropuertos del país tomando prisioneros a cubanos y soviéticos, por órdenes directas del Presidente Ronald Reagan, después de que durante un sangriento golpe de estado llevado a cabo por asesores militares cubanos, se ejecutara al Primer Ministro Maurice Bishop, y al menos a 13 de sus colaboradores. Este acto sorprende y conmueve al mundo. Horas más tarde llegarán a la isla 300 soldados de otros seis países del Caribe para apoyar la operación. La invasión de la ex colonia inglesa indigna a la Primera Ministra británica, Margaret Thatcher, que la noche anterior habló personalmente con el Presidente Reagan para tratar de disuadirlo de la acción militar.

 

Contemplando esa vista de la península de Gando y del propio Lazareto, pensamos en la diferente temática tratada hoy, lo variopinta de cada una de las cuestiones y la incidencia del ser humano sobre cada una de ellas, unas por unas razones y otras por otras bien distintas.

 

Siempre se ha oído, desde entonces, calificar la resistencia por la defensa de unos derechos como “defensa numantina”, la cual viene desde el año 153 antes de Cristo, desde aquellos hechos históricos que llevaron a los numantinos durante veinte años a repeler la ocupación y el asedio de su ciudad, frente al ejército más poderos de entonces. Con méritos sobrados han pasado a los anales de la historia.

 

Este hecho histórico y sus ruinas han llegada a nuestros días después de 2.168 años, ya que, al parecer convenía mantener su memoria viva y seguimos pensando que con todo el mérito del mundo, pero lo que es incomprensible es que otros vestigios históricos de algo más de 700 años, no hayan sido conservados ni perpetuados de igual forma, cual es el caso de los túmulos funerarios de la Montaña de Las Huesas.

 

Pensamos que los primeros de igual forma convenían ser perpetuados para alegoría del patriotismo de la nación frente a la potencia más grande entonces cual era el Imperio Romano y así modelar el heroísmo al antojo de los mandatarios de turno aplicándolo a los intereses y conveniencia del momento.

 

No ocurrió lo mismo con los túmulos antes mencionados, vestigios de una cultura aborigen que fue masacrada por “los conquistadores” venidos de Castilla, para su honra y gloria de Dios. Tal vez, aun dándose la dualidad de ser la potencia más grande de entonces la de Castilla, era inexplicable como tardaron tantos años en finalizar “la conquista” de las islas Canarias, lo que a todas luces debió suponer toda una vergüenza para aquellos imperialistas.

 

Este mismo abandono y dejación, se dio y se sigue dando con la obra del Lazareto de Gando, antes no siendo financiadas sus infraestructuras para el uso debido para el cual fue concebido aquel que era considerado el edificio sanitario más moderno de la época y hoy, porque en total abandono sus ruinas se desploman cada día un poco más, como si se pretendiera ocultar en el olvido las vergüenzas de los que debieron actuar y no lo hicieron, o la de los que ahora lo siguen permitiendo.

 

Con plena conciencia de la hermosura en la transición y la transmisión cultural, tomamos nuestra gena, guardamos en ella los recuerdos y el respeto a estas temáticas, para irnos  con rumbo al Norte, nos vamos al barrio de El Calero, donde visitaremos la calle Obispo Codina, para saber algo más del lugar de su ubicación y este personaje histórico, pero bueno... eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto cuídense.

 

 Sansofé.

 

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