04/10/2015 - 19:01

Un nopal cerca del mar

Una calle de la urbanización de Lomo Los Melones, cerca de La Garita, rinde tributo a esta planta

Luis A. López Sosa

Un nopal cerca del mar
Calle de Nopal, en la urbanización Lomo Los Melones (Foto Luis A. López Sosa)
Luis A. López Sosa

En esta mañana fresca, pero con visos de aclarar, paseamos una vez más por el litoral de nuestro municipio. Hemos dirigido nuestros pasos hacia la Urbanización Lomo de los Melones, donde vamos en busca de la calle Nopal, cuyo inicio lo encontramos en la calle Margarita, desde donde parte con orientación Norte-Sur y tras recorrer unos 150 metros, aproximadamente, va a finalizar a la calle Buganvilla.

 

Al Poniente linda con la calle Cactus y al Naciente lo hace con la propia calle Margarita.

 

Esta nominación aparece en documentos censales referido sal 31 de diciembre de 1965 y desde entonces, ha pasado a formar parte del Callejero correspondiente al distrito 5º, sección 7ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios. Como casi todas las nominaciones de los viales del sector, ésta guarda analogía con las demás, ya que, son referidas en su mayoría a plantas o flores.

 

Sinopsis de la nominación

Nopal (Opuntia) es un género de plantas de la familia de las cactáceas que consta de más de 300 especies, todas oriundas del continente americano, y que habitan desde el norte de Estados Unidos hasta la Patagonia, donde crecen de forma silvestre.

 

El nopal es muy noble, ya que presenta pocas exigencias en su manejo, lo que se traduce en gran tolerancia hacia suelos notablemente pobres en nutrientes o sometidos a deficientes métodos de riego, fertilización y control de plagas. Por ello, sobrevive tanto en el desierto como en la nieve, desde el nivel del mar hasta elevaciones de más de 4,700 m en las montañas.

 

En México se localiza en zonas áridas y semiáridas, lugar de donde se llevó por los conquistadores a países tan diferentes como España, Portugal, Italia, Argelia, Marruecos, Túnez, así como Grecia, Israel, Australia, Sudáfrica, Brasil, Argentina, Colombia y Estados Unidos.

 

Durante miles de años se ha utilizado en México en donde llega a ser un símbolo del Escudo Nacional.

 

El nopal es una fruta que se obtiene del cactus denominado Opuntia. Crece silvestremente en gran parte de Latinoamérica, teniendo su epicentro en México, donde mejor provecho han sabido extraerle. Tal es así, que allí es considerada una planta fuente de vida y que hasta los aztecas la empleaban en sus preparados.

 

El uso del nopal, como hemos dicho, se remonta a tiempos lejanos. Allí, los pueblos originarios empleaban su zumo y también su pulpa para la diarrea, para cicatrizar heridas, para el hígado y hasta para las infecciones. Obviamente, el paso del tiempo no ha afectado los buenos usos que se le dan a esta planta.

 

Así es como el nopal comenzó a emplearse para múltiples preparados medicinales caseros en todo México, antes de extenderse al mundo. Se emplea para bajar de peso, también para problemas relacionados con la diabetes, con la digestión y con el colesterol.

 

Para que se den una idea de la importancia que tiene en México el nopal y sus tunas, se consumen por año, per cápita, unos 6,4 kilogramos de esta planta. Así es como la población actual supo interpretar el mensaje que le legaron sus antepasados.

 

Hay frutos que son empleados para preparados naturales, desde tiempos inmemoriales. Tal es el caso del nopal, que proviene de un cactus mexicano y que prontamente ha ganado fama mundial, gracias a sus propiedades. El uso medicinal de este fruto se amplía a la diabetes, para bajar de peso y varias cosas más.

 

En nuestras islas el cultivo del nopal tuvo una gran importancia tanto por el empleo de sus frutos dentro de la dieta alimenticia, en épocas de declives agrícolas, como en la obtención de la cochinilla para la fabricación de tintes naturales.

 

El primer uso remedió mucha hambre cuando las plagas del cigarrón berberisco hacía estragos en nuestros campos y el segundo uso, supuso el revulsivo en la economía canaria durante varias décadas, hasta que se empezaron a obtener los tintes artificiales en los laboratorios.

 

Toponimia del lugar

Según extraemos del libro “Telde” del Dr. Hernández Benítez, esta toponimia se describe como: “La Garita.- Nombre de una playa llamada antiguamente “puerto de la madera”; este topónimo nos recuerda el lugar o garita en el que se hallaba el cobrador de los impuestos sobre las mercancías que entraban por aquel puerto.”

 

Desde los últimos años del siglo XV y hasta el último tercio del siglo XVI, en nuestra ciudad y en las islas en general se vivió el ciclo del cultivo, industrialización y exportación del azúcar. Pero esta actividad llegó a su fin por diversos motivos: no poder competir con la producción americana de las Antillas al ser de mayor calidad y menor coste su producción con una mano de obra esclava, la falta de madera para la combustión en el proceso industrial y la falta de agua, tanto para el riego como para la motricidad de los ingenios. Mientras tanto todo este proceso comercial se realizaba a través de los puertos de Gando, Melenara o de La Garita.

 

Fue también por este Puerto de la Madera, cual fue su primigenio nombre, por donde se embarcaba la madera que habría de alimentar las calderas de los barcos de vapor que se dirigían desde Europa a América o África, en pleno siglo XIX, con gran incidencia en nuestros bosques, nuestra climatología y en definitiva sobre nuestro patrimonio medioambiental, sin que las autoridades nacionales o insulares lo impidieran o no quisieran tomar conciencia de los daños irreparables.

 

En este puerto se encontraba una caseta o garita, al parecer similar a la de los fielatos, de planta hexagonal y realizada en madera, donde se ubicaba el funcionario de impuestos, quien cobraba los aranceles propios por la entrada de mercancías a la isla, amparados por la Ley de Puertos Francos, y cuya estancia duró hasta bien entrado el siglo XIX, cuando se inicia la centralización de estos servicios aduaneros en el Muelle de La Luz (Las Palmas de GC).

 

Esta zona donde nos encontramos, estaba ocupada por unos extensos cultivos de tomateros y luego de melones, que dio lugar a la nominación de este lomo, pero en pocos años, la agricultura canaria es obviada por los miembros de la Comunidad Económica Europea, los mercados de exportación se hunden y desde España o desde Europa, que al parecer es o pretenden que sea lo mismo, se favorece la entrada de productos procedente de la agricultura de países como Marruecos y otros del continente africano, en detrimento total de la agricultura canaria, sin que estos pertenezcan a esa dichosa Comunidad Europea, por supuesto.

 

Luego pretenden engañarnos una vez más con otra fuente económica como la de la construcción y su relación con el turismo, permitiéndose el nacimiento y fomento de la especulación del suelo y un sistema económico sin futuro ni sostenibilidad alguna, como comprobamos recientemente por tercera vez desde entonces, con sendas crisis de las cuales la Comunidad Económica Europea, no ha querido saber nunca nada, cual si fuera una enfermedad particularmente propia del Archipiélago.

 

Menos mal que dicen que al ser españoles los isleños, también somos europeos… cosa que ni lógica ni geográficamente, me cabe en la cabeza, a la vista del distanciamiento y más aún, por el trato recibido desde España y desde esa enigmática Europa.

 

Efemérides

Sucedió que un día tal como hoy, hace ahora mismo 825 años, es decir el 4 de octubre de 1190, el rey Ricardo I Corazón de León, en su viaje camino de Jerusalén durante la Tercera Cruzada, invade Sicilia y captura la importante ciudad de Messina, después de que Tancredo I de Sicilia encarcelara a la reina Juana de Inglaterra, reina consorte de Sicilia y hermana del propio Ricardo I, y a quien Tancredo no ha entregado el dinero que ha heredado en el testamento de su marido Guillermo, tras haberse negado a liberarla y a devolverle su herencia. Después de saquear y quemar la ciudad, Ricardo I establecerá allí su base y permanecerá en ese lugar hasta que Tancredo, finalmente, acceda a firmar un tratado fechado el 4 de marzo de 1191, mediante el cual se pondrá en libertad a Juana que recibirá asimismo su legítima herencia, entre otros acuerdos.

 

Ricardo I de Inglaterra, nació en el Palacio de Beaumont, Oxford, el día 8 de septiembre de 1157 y falleció en Châlus, Limousin, Francia, el día 6 de abril de 1199, conocido como Ricardo Corazón de León. Fue rey de Inglaterra entre 1189 y 1199, siendo el tercer hijo del rey Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania. Aunque nació en Inglaterra era, como la mayor parte de la familia real, esencialmente francés. Tras el distanciamiento entre sus padres, él permaneció con su madre Leonor y fue investido con el título de duque de Aquitania en 1168 y nombrado conde de Poitiers en 1172. Fue un hombre con una buena educación, que compuso poesía en francés y en occitano. Se decía que era muy atractivo, con un cabello entre pelirrojo y rubio, ojos claros y tez pálida y de estatura superior a la media de 1,96 metros.

 

Hoy se cumplen precisamente 103 años, de aquel 4 de octubre de 1912, fecha en la que se denuncia la tala de gran cantidad de árboles en Tirajana, hecho que provocó la indignación entre los habitantes de Gran Canaria. Los mapas de la vegetación antigua y de la vegetación actual de Gran Canaria son, desgraciadamente, distintos. Antiguamente la isla era un vergel en el que destacaban las grandes masas arbóreas de fayal-brezal y laurisilva -asentadas en las laderas orientadas al norte y al noroeste- y de pinar, dominando éste el casquete central y las paredes del oeste y sur de la isla. El tabaibal-cardonal protagonizaba la densa cobertura vegetal de las zonas bajas, mientras que en determinados puntos del litoral oriental y sur crecía una peculiar vegetación costera.

 

El deterioro de la vegetación insular se inició concluida la conquista como consecuencia de la acción humana sobre el medio natural y el proceso de degradación ha llegado, sin pararse, hasta nuestros días. Cuatro son los factores fundamentales que han generado la pérdida de la vegetación antigua y los cambios en la distribución de la cobertura vegetal de la isla: a) Aprovechamiento intensivo del monte, concretado en generalizadas y continuadas talas de árboles de laurisilva, fayal-brezal, pinar y palmeral, fundamentalmente a finales del siglo XV y primer cuarto del siglo XVI. b) Conversión de grandes zonas en tierras de cultivo. c) Cambios antiguos y modernos en el curso natural de las aguas y d) Proceso de urbanización contemporáneo.

 

Contemplado esta planta de nopal, se nos viene a la mente muchos recuerdos de nuestra infancia y de parte de nuestra época adulta, en relación con el nopal o como decimos por aquí, la tunera.

 

De una parte en plena infancia recordamos irnos a los barrancos con la pandilla de amiguetes y cuando encontramos un baldo de tuneras indias, nos hacíamos unas buenas comilonas de turnos. Usábamos unas de las púas más grandes como cuchillo cortante para pelar los tunos, cuando ya te habías comido más de siete u ocho, el estómago te avisaba del límite hacia el dolor de estómago. Al momento la boca y las defecaciones eran todas rojas, con lo cual tenías que evitar que en casa lo advirtieran y te dieran una zurra por haber ido al barranco.

 

Por aquel entonces, los barrancos llevaban agua de lluvias durante casi todo el año y la prohibición se fundamentaba precisamente en evitar que fuéramos allí a bañarnos o a coger ranas.

 

Poco a poco nos dimos cuenta de que muchos de los propietarios plantaban tuneras en los linderos de sus terrenos para crear una barrera natural del paso, formándose bandos de tuneras que a la vez servían de refugio a los conejos y lagartos, a los que intentábamos dar caza con nuestras tiraderas.

 

Recordamos ver a una familia compuesta por el padre y dos hijos, creo que se apellidaban Miranda y eran del barrio de Tara, quienes se dedicaban a recolectar cochinilla de las tuneras para venderlas posteriormente. Siempre estaban mal trajeados, las ropas manchadas de ese color violeta fuerte que era imposible quitar y sus manos ofrecían también una similar estampa. Les mirábamos con cierto desdén, respeto y admiración a la vez, siendo tan jóvenes (de mi edad aproximadamente), tenían que ir diariamente a coger cochinillas.

 

Ya de mayor, sentí también admiración y respeto, cuando visité el “Museo del Cactus”, en la isla de Lanzarote, obra del artista César Manrique, a quien tuve el gusto de conocer y tratar en varias ocasiones.

 

Hoy sin embargo miro la planta del nopal y veo en ella un poema de lucha, por acopiar la poca agua que le cae durante la noche de los alisios. Sus hojas, ahora espinas que evitan la evaporación del agua y se me ocurren sean un clamor de esperanza por el término de la continuidad en la vida.

 

Es una planta que siempre ha captado mi curiosidad y ha merecido un gran respeto, ya que, se da en las condiciones más desfavorables que la propia naturaleza le puede ofrecer y a pesar de ello, florece y da frutos.

 

Cuando el ser humano agrede el medio ambiente, las consecuencias se hacen sentir de inmediato y por lo general van contra los intereses de la humanidad, como si de un rechazo se tratara. Algo parecido sucedió con la tala incontrolada de los bosques canarios, que llevó a la desertización del suelo y a la pérdida de suelo de cultivo por efecto de la erosión, además de las consecuentes sequías que se produjeron sistemáticamente, en un período comprendido entre mediados del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX.

 

Luego surge por parte del Cabildo Insular una política de adquisición de terrenos en las cumbres, para ser destinados a Parques Naturales, los cuales fueron repoblados forestalmente para dar vida y forma a los actuales espacios boscosos que tenemos en la isla tañes como Tamadaba, Llanos de la Pez, Pilancones o Inagua, entre otros. Los efectos no se hacen esperar y las lluvias son más frecuentes, se evita la erosión del terreno y la atmósfera está más limpia, no favoreciendo la proliferación de plagas o epidemias que incidan en la población. Todo es más fresco, natural y sano. Aquí habría de romperse una lanza en favor del político Don Matías Vega Guerra y el botánico Don Jaime O´Shanahan Bravo de Laguna, quienes protagonizaron esa repoblación forestal que se inicia a mediados de la década de 1950. Quede patente me eterno agradecimiento como canario por aquella hermosa labor.

 

Solo se ha de tener continuidad en esta política con campañas como la ya famosa “Día del Árbol”, en el que los escolares van a plantar cada uno su árbol y adquiere el compromiso de regarlo por un espacio de tiempo hasta que agarre y sea autosuficiente. De otra parte hemos de cuidar el no arrojar basuras en dichos espacios convertidos en lugares de ocio y ser precavidos ante la posibilidad de incendios que puedan destruirlos.

 

Damos por concluido nuestro paseo de hoy, guardamos en nuestra gena todo lo positivo que hayamos podido tratar en esta crónica y encaminamos nuestros pasos hacia el Norte, concretamente al barrio de Hoya de Aguedita, donde buscaremos la calle Norte, a fin de saber algo más del lugar y sobre esta peculiar nominación, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientas tanto cuídense.

 

Sansofé.

 

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