01/10/2015 - 08:59

La bella aborigen Nira 'pervive' en Marpequeña

En el callejero del núcleo poblacional de Telde

Luis A. López Sosa

La bella aborigen Nira 'pervive' en Marpequeña
Calle de Nira (Foto Luis A. López Sosa)
Luis A. López Sosa

En esta fresca mañana, nos hemos ido al barrio de Marpequeña donde buscamos la calle Nira, encontrando su inicio en la calle Arístides Briand, desde la cual parte con orientación de Poniente a Naciente y, tras recorrer unos 120 metros, aproximadamente, va a finalizar a un fondo de saco o lugar sin salida, una vez cruzada la calle Rey Ayose.

 

Tiene paralela por el Norte la calle Doña Carmen la Comadrona y al Sur lo hace con la calle Idayra.

 

Esta nominación aparece por primera vez en el Censo Municipal de Habitantes y Edificios referido al 31 de diciembre de 1980, si bien, su adopción pudo ser unos meses antes, durante los trabajos preliminares de confección de mentado censo.

 

En cualquier caso, desde entonces ha pasado a formar parte del Callejero Municipal del distrito 5º, sección 2ª.

 

Las edificaciones que nos encontramos en este lugar tienen una tipología variada, moderna y propia de la evolución urbanística iniciada en los años 80 hasta llegar a nuestros días.

 

Sinopsis de la nominación

Nira es un nombre aborigen prehispánico, referido a una mujer, procedente de la isla de La Palma (Archipiélago Canario). Su traducción es “pájaro sin nido”, la cual al parecer era una mujer esbelta y muy bonita, de tez morena y largos cabellos negros. No se conocen otras variantes.

 

El contexto histórico en e que se puede situar este personaje debe estar en los inicios del año 1493, fecha en la que Alonso Fernández de Lugo, instalado en el Valle de Agaete, concibe la idea de realizar la conquista de las islas de La Palma y Tenerife, obteniendo en la Corte de los Reyes Católicos las capitulaciones necesarias.

Luego se traslada a Sevilla, donde consigue los fondos y hombres necesarios y, con su pequeña escuadra, arribando meses más tarde a Gran Canaria, donde se unen a la expedición gran número de aborígenes canarios, y se apresta a la conquista de La Palma.

 

Fernández de Lujo desembarca en las playas de Tazacorte, en el término de Aridana y desde allí avanzó hasta el cantón de Tedote (hoy Santa Cruz de La Palma) sin encontrar apenas oposición alguna por parte de los aborígenes, salvo la de los príncipes Jariguo y Garehaga, quienes mandaban en tierras ente Mazo y Las Breñas. Desde allí se dirigió hasta los cantones del norte, dominando las zonas de Los Sauces, Barlovento y Garafía.

 

Los aborígenes palmeros ofrecieron muy poca resistencia, salvo la del rey de Taburiente (La Caldera), llamado Tanausú, quien defendió valientemente los pasos que conducían al gran cráter de La Caldera, donde se había hecho fuerte aprovechando el conocimiento del agreste terreno.

 

Alonso Fernández de Lugo, propuso una negociación a Tanausú, en la cual prometió respetar su estatus y libertad, así como la de los suyos y valiéndose de la traición y el engaño, lo apresó y decidió enviarlo junto a los suyos a Castilla a fin de ser vendidos como esclavos; sin embargo, el gran caudillo palmero prefirió morir de hambre y sed antes de vivir fuera de su isla.

 

La “conquista de la isla”, se da por terminada el día 3 de mayo de 1493, fecha en la que se funda la capital en el puerto de Tedote, bajo el actual nombre de Santa Cruz de La Palma.

 

Nos imaginamos que nuestra nominada de hoy, pertenecería al grupo de aborígenes que engrosaron la lista de aquellos apresados que se enviaron a la península para ser vendidos como esclavos, desconociéndose posteriores informaciones sobre los mismos. Toda una gesta de la “madre patria”.

 

Toponimia del lugar

Marpequeña es una toponimia que data de finales del siglo XV, época en la que se inicia el ciclo agrícola del cultivo de la caña de azúcar en nuestro municipio y que toca su fin en el último tercio del siglo XVI.

 

La toponimia Marpequeña designa un lugar en la costa de Telde y que se corresponde con un puerto en el continente africano con ese mismo nombre. Entre estos dos puntos se producía el tráfico de esclavos africanos (1505) que eran utilizados para trabajar la caña de azúcar, ya fuera en los cultivos o en los ingenios, en otros casos para la venta en el mercado peninsular.

 

En nuestro municipio se construyen varios ingenios de moler caña de azúcar por Alonso Rodríguez de Palencia o Palenzuela, quien  en los inicios del siglo XVI vende éstos a Cristóbal García del Castillo, Alonso de Matos y Gonzalo de Jaraquemada, los cuales estaban situados en San José de Las Longueras, San Juan y Los Llanos, respectivamente.

 

El hacendado Cristóbal García del Castillo y posteriormente su hijo Hernán, fueron de aquellos que disponían de flota propia para la exportación de los productos derivados de la explotación de la caña de azúcar. Lo que nos hace pensar que fuera también de los que aprovechando las embarcaciones de las que eran propietarios, realizaran el comercio de esclavos, que por aquel entonces contaba con la licencia de las autoridades civiles y la bendición de las eclesiásticas, todo en nombre de la Corona de Castilla y para gloria de Dios Nuestro Señor, como se solía pregonar por aquel entonces para justificar la infamia.

 

Todo el sector estaba ocupado de extensas plantaciones de tomateros, los cuales llegaban  por la parte  Norte hasta Bocabarranco, por el Sur lindaban con el Barranco de Hoya del Pozo, al Naciente se encontraba la antigua Carretera al Sur (hoy Autovía GC-1) y por el Naciente lindaban con el Camino del Conde, que consistía en una pista de tierra que recorría todo el litoral marítimo de Norte a Sur, y que separaba estos cultivos del acantilado o de las playas.

 

Fue a principios de la década de 1.960 cuando en el entorno de aquellos cultivos, los aparceros empiezan a adquirir sus parcelas en las cuales, mediante el sistema de autoconstrucción, van levantando sus viviendas. Surgen esporádicas parcelaciones, sin la dotación de los servicios mínimos de infraestructuras y con unas alineaciones más que dudosas. La estampa típica de estos lugares eran calles sin asfaltar y sin aceras, no existía el alumbrado público y las edificaciones en su mayoría carecían de revestimiento y menos aún de pintura,  tanto en sus fachada como en las medianerías.

 

Estas circunstancias se ven motivadas por la necesidad de que los aparceros residan cerca de las explotaciones agrícolas, abandonando el sistema de habitar en cuarterías o cuando no en chozas de piedra y madera. Esta población, procedente en su mayoría de la zona norte de la isla, va conformando un asentamiento que da origen a lo que hoy es el barrio en el que nos encontramos. Estos mismos casos se dieron en otros barrios como Montañeta del Calero, Casas Nuevas, Ojos de Garza o Las Huesas, todos ellos al margen de la Carretea General que iba al Sur de la isla.

 

El día 13 de enero de 1975, vivimos en el barrio de Marpequeña, una manifestación vecinal contra la inauguración de la obra de desdoblamiento de la Autovía GC-1, que por aquel tiempo eran dos carriles en cada sentido y para cuyo acto vino el entonces Ministro de Obras Públicas Excmo. Sr. Don Manuel González y Roldán, obra en la que no se contemplaba un paso peatonal a desnivel.

 

Esta Autovía se había cobrado ya la vida de varios vecinos del municipio y concretamente en este barrio, lo que propició que el personal de los almacenes de tomates de Don Marcelo Báez, mayoritariamente mujeres, se manifestaran interrumpiendo el paso de la comitiva oficial, a pesar de la presencia policial, circunstancias que provocaron la intervención brutal de la Guardia Civil y la propia Policía Armada, repartiendo sendas invitaciones al orden por ellos establecido. Estábamos en plena época de la dictadura franquista y estas manifestaciones eran inconcebibles. Hoy, en la Plaza del barrio existe una placa conmemorativa de tal fecha.

 

Efemérides

Sucedió que un día tal como el de hoy, hace ahora mismo 193 años, es decir el 27 de septiembre de 1822, en Francia, Jean François Champollion escribe una carta a Mr. Dacier, de la Academia de Inscripciones, sobre el alfabeto de los jeroglíficos fonéticos, a través de la cual le da a conocer parte de su descubrimiento acerca del descifrado de la escritura jeroglífica egipcia. Aún faltarían dos años más para que Champollion publique su obra llamada "Compendio del sistema jeroglífico de los antiguos egipcios", abriendo de esa forma las puertas a la egiptología científica. Jean-François Champollion, conocido como Champollion el Joven, nació en Figeac, departamento de Lot; el día 23 de diciembre de 1790. Fue un filólogo y egiptólogo francés, considerado el padre de la egiptología por haber conseguido descifrar la escritura jeroglífica gracias principalmente al estudio de la piedra Rosetta.

 

Decía de sí mismo: «Soy adicto a Egipto, Egipto lo es todo para mí». Creía que para entender los textos egipcios, era necesario conocer, traducir e interpretar sin error alguno el copto, capacidad de la que carecían todos aquellos eruditos que aspiraban a descifrar los jeroglíficos. Su esquema de estudio predecía que a través del copto entendería las inscripciones en demótico (una forma abreviada de la escritura hierática) y con la ayuda de la lengua egipcia, alcanzaría a descifrar la escritura jeroglífica. Para ello estudió el copto en El Colegio de Francia, en la Escuela de Idiomas Orientales y en la Biblioteca Nacional de París. También aprendió el copto litúrgico de la mano de un sacerdote egipcio. Siendo apenas un adolescente logró compilar un diccionario de copto conformado por 2000 palabras. Falleció en París, el día 4 de marzo de 1832.

 

Hoy se cumplen precisamente 102 años, de aquel 27 de septiembre de 1913, día en el que el cura párroco de Santo Domingo, ocupa la primera página de los periódicos por la desafortunada decisión de cambiar las colgaduras de damasco que adornaban las paredes del templo, dejando los paramentos con la simpleza de la pintura blanca. La indignación popular quedó patente en un artículo que literalmente refería: “Veríamos con agrado que el señor cura, arrepentido de su yerro, volviera a colgar en su sitio las vestiduras, reponiéndolas en caso de necesidad, pues el modernismo, que hasta en los templos se ha metido, jamás logrará que la almagra o los polvos de caoba, lleguen a sustituir al damasco de sea o al rico terciopelo”.

 

La iglesia de Santo Domingo en Las Palmas de Gran Canaria, ocupaba el espacio del antiguo monasterio de San Pedro Mártir, de la orden dominicana, fundado en la ciudad durante el reinado de los Reyes Católicos. La primitiva iglesia se construyó en torno al segundo y tercer decenios del siglo XVI. No obstante, en el año 1599, el convento e iglesia fueron incendiados y quedaron destruidos durante el ataque a la ciudad por la armada holandesa del general Van der Doez. Su reconstrucción se remite a los comienzos del siglo XVII, que fue cuando se construyó la iglesia, un templo de tres naves con dos capillas laterales. Por otro lado, el convento era una edificación de altos muros, de planta cuadrangular y amplio claustro, rodeado en su planta baja por una arquería ojival, realizada en piedra amarilla.

 

Observando el amanecer y tratando de ver lo que puede haber más allá de nuestro propio horizonte, nos remitimos a lo que pudo haber sucedido en su momento y lo que nos llega a nuestros días como relatos históricos o crónicas de las circunstancias que pudieron acaecer en su momento.

 

No sabemos exactamente la razón de sentir cierta acritud hacia aquellos que vinieron en nombre la corona de Castilla y por la gracia de Dios, a lo que se dieron en llamar “la conquista de las islas Canarias”, cuando en realidad lo que vinieron fue a saquear, violar y destruir a toda una población y una cultura cual era la aborigen.

 

Vinieron con el propósito de borrar las señas de identidad de todo un pueblo que hasta ese entonces fue independiente, vinieron a someterlos con el poder de unas armas más avanzadas, unos engaños en la mediación de la palabra y a traer una serie de enfermedades desconocidas por estos lares.

 

Como un “pájaro sin nido”, pudieron haberse sentido tanto Nira como el resto de los aborígenes que enrolaron aquellas listas de esclavos que fueron vendidos después en Sevilla, con el consentimiento de los mal llamados Reyes Católicos y con la gracia y bendición de la Santa Madre Iglesia, quienes miraron hacia otro lado para no ver en aquellos aborígenes a sus propios semejantes, a unos hijos de ese Dios al que decían tener fervor y en el nombre del cual cometieron aquellas atrocidades.

 

Hacer comparativos dicen que siempre es odioso, pero cuando se nos habla del temor que los aborígenes tenían al dios Alcorac, al cual representaban en el sol, sea cual fuera la condición social del individuo, ya fuera trasquilado, guayre, faycán o guanarteme. Temeridad que regulaba el comportamiento de un agente mansa, noble, sana y cabal que pereció ante el engaño, las armas y las enfermedades de sus verdugos históricos.

 

Desde entonces, los habitantes del Archipiélago Canario, engrosamos la población de esas colonias que España tiene junto al continente africano, como en su momento lo fueron Cuba, Filipinas u otras naciones Sudamericanas, la única diferencia es que nosotros seguimos siendo esas colonias y el yugo sigue pesando sobre nuestras espaldas.

Tenemos a cambio una nacionalidad, que de muy poco nos sirve, ya que, en relación con otras comunidades autónomas como es la Balear, no tenemos la misma consideración ni los mismos derechos, dado que las prospecciones petrolíferas que allí se pretendieron llevar a cabo no prosperaron, mientras que aquí nos son impuestas por decisión de la dictocracia de los señores Rajoy y Soria, el primero español y el segundo españolizado.

 

Guardamos en nuestra gena la parte positiva de lo relatado en esta crónica y nos la echamos a la espalda,  emprendiendo una nueva caminata con rumbo al Sureste, nos dirigimos al barrio de La Viña, donde visitaremos la calle Nobleza, a fin de saber algo más del lugar de su ubicación y esta virtud humana, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto cuídense.

 

Sansofé.

 

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