24/09/2015 - 19:31

La poesía de Nicolás Guillén se siente en El Ejido

Una vía recuerda al poeta, periodista y activista político cubano

Luis A. López Sosa

La poesía de Nicolás Guillén se siente en El Ejido
Calle Nicolás Guillén - inicio (Foto Luis A. López Sosa)
Luis A. López Sosa

Paseamos hoy por el barrio de El Ejido, donde vamos en busca de la calle Nicolás Guillén, encontrando su inicio en la calle Ejido, desde donde parte con orientación Naciente-Poniente y tras recorrer unos 90 metros, aproximadamente, va a finalizar a la calle Adela Báez Mayor.

 

Por su lado del Sur linda con la calle Juan Ismael y por el Norte lo hace con la calle Ruiz Muñiz.

 

Esta nominación fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el 10 de junio de 1996, no obstante, no fue asignada hasta el 29 de abril de 2005, pasando a formar parte del distrito 2º, sección 9ª, del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.

 

Es una zona ésta, que forma parte de la expansión del Casco Urbano de San Gregorio, en la cual se encuentran edificaciones de reciente construcción.

 

Sinopsis de la nominación

Nicolás Cristóbal Guillén Batista, nació en Camagüey (Cuba), el día 10 de julio de 1902  y falleció en La Habana (Cuba), el día 16 de julio de 1989. Fue un poeta, periodista y activista político cubano.

 

Guillén reivindica la cultura negra dentro de los procesos de mestizaje y transculturación, en lo que denominó el «color cubano», ni negro ni blanco: mestizo, rasgo distintivo de toda Latinoamérica. Se le conoce como el poeta del son, ritmo y baile típico de Cuba, siendo considerado el poeta nacional cubano.

 

Su padre murió, a manos de soldados que reprimían una revuelta política, en 1917, y eso significó la ruina económica de la familia, por lo que su madre tuvo que ocuparse de sus hijos.

 

La madre, una mujer de carácter y valor, se encargó de la formación de sus hijos y del hogar. El recuerdo del padre fue conservado siempre por el hijo, quien, muchos años después, en la década del cincuenta, lo evocaría intensamente en su "Elegía camagüeyana". Por lo demás, su familia tenía un elevado nivel cultural y social.

 

El joven Guillén termina sus estudios de bachillerato alrededor de 1919. Luego comienza a publicar sus versos en 1920, y colabora con revistas como "Camagüey" y "Gráfico", en su ciudad natal, y en "Orto", de Manzanillo. En 1922 conforma un volumen de poesía, “Cerebro y corazón”, marcado por la estética del modernismo, pero no llega a publicarlo en ese momento, y sólo verá la luz cuando, medio siglo más tarde, aproximadamente, aparezcan sus “Obras completas”.

 

También en 1922 comenzó a estudiar Derecho en la Universidad de La Habana, cuyas aulas abandonó en breve, desencantado por la situación deprimente de ese centro de estudios, impresión que dejó reflejada en un poema, “Al margen de mis libros de estudio”, en el que satiriza la mediocridad de la vida universitaria que conociera. De regreso a Camagüey, Guillén organiza y dirige la revista “Lys”.

 

En 1926, regresa a La Habana en busca de un cambio de vida. A través de algunas amistades, obtiene un trabajo en la Secretaría de Gobernación. Decide en esta época instalarse en la capital cubana. Allí se intensificaron sus intereses literarios e intelectuales y conoció a Federico García Lorca. En esa época conoce en La Habana al gran poeta negro estadounidense Langston Hughes, cuya amistad e influencia serían sumamente importantes para Guillén. En abril de 1930, escribe sus “Motivos de son”, que, al publicarse en el Diario de la Marina.

 

En 1931, publica, gracias a haber ganado un premio de lotería, “Sóngoro cosongo; poemas mulatos”, un libro de mayor estatura artística y de vocación reflexiva sobre la cultura cubana. En 1932, Guillén recibe una carta admirativa de Miguel de Unamuno: es la confirmación de su vocación poética.

Entre 1931 y 1934, Guillén va madurando gradualmente su modo de ver y analizar la realidad cubana e incluso caribeña. En 1934 se produce en Cuba el golpe militar del jefe del ejército, Coronel Fulgencio Batista Zaldívar

 

Viaja a España en 1937, para participar en el II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, en Barcelona, Valencia y Madrid. En ese país, en plena guerra civil, se vincula con lo más destacado de la intelectualidad española, y allí Manuel Altolaguirre edita su libro, “España. Poema en cuatro angustias y una esperanza”. Conmovido por cuanto ve y experimenta en la España de la guerra civil, Guillén ingresa en el Partido Comunista, en el cual militará hasta su muerte. En España, por lo demás, se relaciona con Antonio Machado, Miguel Hernández, Pablo Neruda, Iliá Erenburg, Rafael Alberti, César Vallejo, León Felipe, Juan Chabás, Octavio Paz, Tristán Tzara, Anna Seghers, y reanudó trato con Ernest Hemingway, a quien conociera en Cuba.

 

De vuelta a su patria, acompañado por León Felipe, su situación no es fácil, entre otras razones porque «el Partido Comunista se hallaba en plena ilegalidad» y por la inestabilidad económica y política del país. En 1940, Guillén se presenta, sin éxito, como candidato a las elecciones para alcalde de la ciudad de Camagüey, por el Partido Unión Revolucionaria Comunista.

 

Entre 1939 a 1941 el poeta tuvo que consagrar buena parte de su tiempo a una intensa labor política y cultural, en el equipamiento del periódico Hoy, así como en tareas del Frente Nacional Antifascista, del cual era dirigente.

 

En 1942, el poeta Jacques Roumain, director del Instituto de Etnología de Haití, lo invita a ese país, al cual viaja Guillén como enviado cultural del gobierno cubano, como delegado del Frente Nacional Antifascista y como redactor del periódico Hoy. En marzo de 1944, Guillén funda la revista cultural Gaceta del Caribe, con José Antonio Portuondo, Mirta Aguirre, y Ángel Augier, la cual, a pesar de su indudable estatura literaria y cultural, apenas alcanza a sobrevivir hasta los dos últimos meses del año.

 

El 19 de noviembre de 1945, Guillén inicia una gira por América del Sur, que habrá de ser fundamental en su proyección continental y en el desarrollo posterior de la perspectiva americanista de su obra. Visita Venezuela, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Uruguay, Brasil. En todos estos países sostiene intercambios con lo más destacado de los artistas e intelectuales, se profundiza su visión de América. En 1947 publica en Buenos Aires “El son entero”.

 

En 1951 publica su “Elegía a Jesús Menéndez”, en homenaje al líder obrero cubano, con quien había mantenido amistad y colaboración. Ese año participa en el Consejo Mundial por la Paz, en Praga y en Viena. Al año siguiente, viaja a la Unión Soviética, a la República Popular China y a Mongolia. Escribe en Cuba sus “Coplas de Juan Descalzo” y publica su “Elegía cuban”a. La situación política cubana, cada vez más difícil después del golpe de estado de Fulgencio Batista, se ha hecho insostenible para él.

 

En 1954 está en Estocolmo, para el Congreso de la Paz, y recibe el Premio Stalin de la Paz. En 1956 viaja a París, Bucarest, Varsovia, Budapest, Praga, Bruselas. La situación política de la isla lo ha convertido en un exiliado, que en su patria estaría condenado a prisión por la dictadura. En 1958, está en París; en 1959, el triunfo de la Revolución Cubana lo sorprende en Buenos Aires, donde se ha publicado recientemente “La paloma de vuelo popular”. De inmediato, regresa a Cuba. En el año 1961 se realiza en La Habana el Congreso en el que se funda la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), de la que Guillén resulta electo presidente, cargo que ocupará hasta su muerte. Asimismo, mantiene su activa militancia en el Partido Comunista de Cuba. Como presidente de la UNEAC, tiene una participación directa y sistemática en toda la vida artística y cultural de Cuba.

 

En 1962 publica “Prosa de prisa”, recopilación de sus textos periodísticos, crónicas, comentarios, etc. En 1967 publica “El gran zoológico”, y en 1969 “Cuatro canciones para el Che”. En 1972 aparecen “La rueda dentada y El diario que a diario”. Ese mismo año se le concede en Roma el premio Viareggio.

 

Toponimia del lugar

Ejido es una palabra que viene el latín exitum y que define la tierra no cautiva y de uso público, la cual generalmente era de propiedad del Estado.

 

En nuestro caso, se denomina El Ejido, a la zona del extrarradio del casco urbano de la población, remanente de los terrenos de cultivo, improductiva, la cual era usada por los vecinos en colectividad, generalmente para la tenencia de animales o depósito de enseres.

 

Era la zona que separaba precisamente las últimas edificaciones del Casco Urbano, del inicio de la zona del Valle de los Nueve, donde la frondosidad de los cultivos marcaban pautas y la tipificación era totalmente rural.

 

Durante varios siglos, el uso comunitario de las tierras de El Ejido, fue normal y corriente, pero a finales del siglo XIX surgen discordias entre los usuarios por pretensiones de la propiedad y el litigio hubo de ser resuelto por el Alcalde con la concesión de hijuelas de parcelas equitativas entre los diferentes usuarios, estableciéndose así el acceso a la propiedad privada que llega a nuestros días.

 

Esta zona de El Ejido, por su proximidad, fue tomando poco a poco el carácter de expansión del Casco Urbano en su lado del Poniente, hasta que llegada la década de los 50 del pasado siglo, nos encontramos ya con un barrio totalmente conformado y que en pocas décadas más tarde llega a contar con Plaza Pública e Iglesia bajo la advocación del San Pedro y la Virgen del Carmen, edificadas sobre terrenos donados por el benefactor Don José López Suárez.

 

Hoy El Ejido, es un barrio que aunque no tiene una identidad arquitectónica definida, sí que encuentra en la diversidad de estilos el reflejo de una cronología en el paso del tiempo. Es un barrio peculiar, con todos los servicios públicos necesarios y con la dotación de otros tantos de carácter social, constituyéndose en uno de las comunidades vecinales que conforman actualmente nuestra Ciudad, de las más cercanas al Casco Urbano de la población.

 

Efemérides

Un día tal como hoy, hace ahora mismo 1393 años, es decir el 24 de septiembre del año 622, Mahoma completa la "Hégira" hasta Medina desde La Meca (Arabia). La Meca es el lugar de nacimiento de Mahoma, profeta y fundador del islamismo, y centro santo de Islam. En 610, al norte de La Meca, en una cueva en la Montaña Hira, Mahoma tuvo una visión en la que Dios le ordenaba convertirse en el profeta de la "auténtica religión". A partir de ahí logrará reunir en La Meca a un numeroso grupo de partidarios, lo que disgustará a las autoridades de la ciudad que querrán su muerte. Mahoma se verá obligado a escapar en lo que será el comienzo de la "Hégira", pero en 630 volverá a La Meca como conquistador.

 

Mahoma fue personalmente el creador de la teología islámica, que quedó reflejada en el Corán, único libro sagrado de los musulmanes; es una colección de sentencias que se suponen inspiradas por Alá y que fueron recogidas en vida del profeta y recopiladas hacia el 650. En los dos últimos años de la vida de Mahoma el Islam se extendió al resto de Arabia, unificando a las diversas tribus paganas que habitaban aquel territorio. Eran un conjunto de tribus semíticas politeístas, cuyo continuo estado de guerra entre clanes les había impedido hasta entonces tener protagonismo alguno en la historia. A pesar de haber nacido en una región atrasada y marginal del planeta, y de proceder él mismo de un ambiente modesto, Mahoma convirtió a las belicosas tribus árabes en un pueblo unido y las embarcó en una expansión sin precedentes.

 

Hoy se cumplen 96 años, de aquel fatídico 24 de septiembre de 1919, día en el que se confirma en la isla el hundimiento del vapor Valbanera de la compañía Pinillos, en travesía desde Santiago de Cuba a la Habana que acaeció en la madrugada del día 10 de septiembre. Fallecieron todos los pasajeros, entre los que se encontraban muchos canarios emigrantes. El Valbanera y este trágico naufragio ocupó las primeras páginas de los periódicos locales, ya el 16 de julio de ese mismo año, fue noticia también cuando desembarcó en Gran Canaria a 1.600 pasajeros, cuando el barco tenía realmente solo 500 camarotes. Los canarios emigrantes que regresaban a su tierra, había pagado por el pasaje cantidades que oscilaban entre las 300 y 500 pesetas, cometiéndose una grave estafa hacia los mismos. La falta de camarotes hizo que cerca de 1.500 personas viajaran en cubierta.

 

Estas personas viajaban con alimentación insuficiente y padeciendo durante la travesía las inclemencias de una lluvia constante durante todo el viaje, que se extendía a unos catorce días de navegación. Treinta cadáveres fueron arrojados por la borda del barco Valbanera durante la travesía, y una madre perdió a sus cinco hijos, desconociendo cual había sido el paradero de los mismos. Se pedía el procesamiento del capitán del barco y del médico de abordo y añadía la prensa: “Pueblos que consienten sin protestar que vuestros hogares se vistan de luto y vuestros seres queridos perezcan víctimas de epidemias en los barcos de Pinillos, son pueblos muertos que deben desaparecer”. La consternación fue generalizada en toda la sociedad del Archipiélago Canario.

        

Lamentablemente, hay hechos históricos como es el caso del hundimiento del Valbanera, que pasan a la historia debido a la incompetencia y falta de responsabilidad de algunas personas, las cuales aun jugándose y perdiendo sus vidas, nunca podrán contrarrestar el daño que ocasionan en mayor medida.

 

Ese es el caso del capitán Ramón Martín Cordero, quien bien obedeciendo órdenes o por despecho económico, sobrecargó el vapor y la calamitosa situación que vivían abordo los pasajeros en su mayoría emigrantes, se puede considerar de inhumanas. De igual medida corresponde la falta de responsabilidad en dichas acciones al médico del vapor, quien en ningún momento podía garantizar unas condiciones mínimas de salubridad e higiene para los pasajeros.

 

Por suerte para ellos, perecieron en el naufragio y tal vez fuera el justiprecio a los daños que provocaron con sus irresponsables actuaciones, pero que en ningún momento, remedian el daño infringido. No se puede valorar y menos aún costear las vidas que se perdieron, vidas que en aquella sociedad española de principios del siglo XX, con todas las connotaciones sociales y económicas que sacudían el país, no fueron muy consideradas a nivel nacional.

 

Perecieron ahogadas 488 personas entre tripulantes y pasajeros, en su mayoría emigrantes canarios. Sus restos no fueron localiza dos hasta el día 19 de ese mismo mes por el guardacostas de la Marina de los Estados Unidos USS C203 en Half Moon Shoal (Bajos de la Media Luna). De la superficie del agua sólo asomaban los pescantes de babor de la toldilla de popa y el mástil de popa. El buque se encontraba a 12 metros de profundidad reposando sobre su costado de estribor. No había ni rastro de los 488 pasajeros y tripulantes que se habían hundido con el barco. Dichos restos aún son visibles cuando baja la marea en el extremo oriental de los Cayos de la Florida.

 

Hoy todavía, se siguen dando las misma apáticas circunstancias y de aquellos que fueron a encontrar una opción nueva de vida, mediante la emigración, hallaron la muerte y el olvido para la sociedad y la pena y el rencor para sus familiares que habían quedado aquí en las islas y que jamás recibieron ningún tipo de resarcimiento, como si de objetos se trataran, una gracia más de la “madre patria”.

 

Ahora, recientemente como homenaje a todas aquellas víctimas del fatídico naufragio, un nutrido grupo de amigos de la historia, canarios en su mayoría y capitaneados (nunca mejor dicho) por el amigo Julio González Padrón, pretendemos conmemorar el primer centenario de esta cruel efemérides mediante un viaje-crucero que realice el mismo recorrido que hiciera el Valbanera. Es un hermoso proyecto que acariciamos con cariño y ternura, con respeto y canariedad, proyecto que ya se está fraguando paso a paso y en el cual queremos embarcarnos si Dios y la salud nos lo permite.

 

Dejamos nuestro recorrido de hoy, guardamos en nuestra gena lo positivo de todo lo tratado y nos dirigimos por nuevos senderos hacia otro lugar, nos vamos hacia el Naciente, concretamente al barrio de Marpequeña, al objeto de visitar la calle Nira, con el fin de conocer algo más del sector y sobre este nombre aborigen de mujer, pero bueno…eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Cuídense mientras tanto.    

 

Sansofé.

 

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