20/09/2015 - 18:36

Nicolás Estevánez hace patria canaria en Jinámar

Un calle recuerda al poeta, militar y republicano

Luis A. López Sosa

Nicolás Estevánez hace patria canaria en Jinámar
Calle de Nicolás Estevánez (Foto Luis A. López)
Luis A. López Sosa

Hoy continuamos nuestro paseo  por el barrio de Jinámar, donde vamos en busca de la calle Nicolás Estévanez, encontrando su inicio en la calle Granada, desde la cual con orientación Sur-Norte y, tras recorrer unos 280 metros, aproximadamente, va a finalizar en el diseminado del Lomito de San Antonio.

 

Por su lado Naciente linda con la calle Ardilla, mientras que al Poniente lo hace con el diseminado del Lomito de San Antonio.

 

Esta nominación aparece por primera vez en los documentos censales referidos al 31 de diciembre de 1980 y desde entonces ha pasado a formar parte del callejero del distrito 3º, sección 10ª, del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.

 

En esta zona las nominaciones existentes no guardan una línea de analogía predeterminada, ya que, se encuentran mayoritariamente nombre de escritores o de provincias españolas.  Ello se debe a que las mismas fueron adoptadas con anterioridad a la fecha de aprobación del Reglamento para la nominación de calles, plazas y lugares de dominio público.

 

Se observa en el lugar edificaciones que datan de tres o más décadas, como también las hay de reciente construcción, siendo una zona de evolución urbanística relativamente reciente.

 

Sinopsis de la nominación

Nicolás Estévanez Murphy , nació en Las Palmas de Gran Canaria, el día 17 de febrero de 1838 y falleció en  París el día 19 de agosto de  1914, fue un poeta, militar y político español.

 

Nació en Las Palmas de Gran Canaria, en el edificio donde se hallaba instalada la Inquisición, en el seno de una familia burguesa que tenía su residencia habitual en la isla de Tenerife. Su padre, Francisco de Paula Estévanez, era un militar progresista de origen malagueño y su madre, Isabel Murphy y Meade, procedía de una familia de comerciantes de origen irlandés. Desde niño se trasladó con su familia al barrio lagunero de Santa María de Gracia (Tenerife), en donde transcurriría su infancia.

 

Muy joven, en 1852, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo y luego participó en la guerra de África de 1859-60 donde sirvió con distinción por lo que le fue concedida la Cruz Laureada de San Fernando.

 

El 27 de noviembre de 1871, estando destinado en Cuba como capitán, en situación de reemplazo, se enteró que la sentencia contra ocho estudiantes que habían sido condenados en consejo de guerra se había cumplido, Nicolás Estévanez se indignó y manifestó con ira su desacuerdo contra el fusilamiento de los jóvenes cubanos, diciendo que “antes que la patria están la humanidad y la justicia”. Por este motivo, solicitó su baja en el ejército español, porque no podía permanecer ni un día más.

 

Todos los años, desde el 27 de noviembre de 1937, fecha en la que se instaló una placa en fachada del Hotel Inglaterra en La Habana, en la acera del Louvre. Los cubanos celebran el aniversario con marchas juveniles y diversos actos y conferencias, y también se acuerdan este día de la valiente actitud de Nicolás Estévanez, que como consecuencia de la experiencia vivida, abandona definitivamente el ejército español, indignado y avergonzado ante semejante injusticia y afrenta.

 

Participó en la revolución de septiembre de 1868, y se unió a la insurrección republicana de 1869, por lo que fue encarcelado. Posteriormente llegó a ser diputado en el parlamento y ministro del gobierno bajo Pi y Margall, durante la Primera República Española.

 

De militancia republicana (de las facciones más revolucionarias del Partido Republicano Federal), llegó a defender la autonomía para Cuba y Canarias, llegando a visitar a la cárcel a Secundino Delgado. Con la Restauración parte al exilio y reside en Portugal, Cuba y Francia.

 

Según narra en sus memorias, en noviembre de 1872 encabezó la revuelta republicana que dio lugar a la proclamación en febrero de 1873 de la república española. Estos hechos tuvieron como eje central la toma del puente de Vadollano, en la vía férrea Madrid-Sevilla, y la proclamación de la República en el municipio de Linares, considerándose de este modo el inicio del estado republicano en esta localidad.

 

Es autor de varios poemas, en los que encontramos un fuerte sentimiento regionalista canario. También es autor de los libros “Fragmentos de mis memorias y Diccionario militar”.

 

El anarquista Mateo Morral tuvo en Nicolás Estévanez uno de sus principales mentores ideológicos, y escribió una obra titulada “Pensamientos revolucionarios de Nicolás Estévanez”.

 

Pío Baroja, en sus “Memorias” dice que pudo ser Nicolás Estévanez el encargado de transportar desde Francia a Barcelona, envuelta en una bandera francesa, la bomba con la que diez días después Mateo Morral intentó acabar con la vida de Alfonso XIII, el 31 de mayo de 1906 en un atentado del que los Reyes salieron indemnes pero que costó la vida a treinta espectadores, aunque se ha estimado siempre que fue algo gratuita la aseveración de Baroja, quien estaba enemistado con el político isleño.

 

El carácter fuerte y belicoso de Nicolás Estévanez Murphy, se refleja en una editorial de la época, en la que se narra como el político grancanario retó en las Cortes a duelo al entonces ministro del Ejército, Valeriano Wesley, por la tortura en prisión y posterior muerte de Secundino Delgado, haciéndole pasar una vergüenza y dura afrenta al honor castrense del ministro, que no aceptó la demanda reparadora.

 

Toponimia del lugar

Jinámar es una toponimia que refiere la existencia de una guadarfía o pequeño poblado troglodita, perteneciente al cantón de Telde, en la época prehispánica, del cual nos llegan las primeras noticias en crónicas de un desembarco de las tropas de Juan Rejón, en la zona de la Playa de Jinámar,  desde donde realizaron una incursión tierra adentro hasta llegar a un poblado de alfareros denominado La Ollería, allí al parecer realizaron una matanza de mujeres, niños y ancianos. Toda una efeméride de las tropas invasoras afrancesadas bajo la bandera del Reino de Castilla. Desde entonces el lugar se conoce como La Matanza, que es un sector de dicho barrio que linda con el barrio de Lomo Blanco, algo al Poniente de donde nos encontramos hoy. 

 

Hasta los inicios del siglo XX, Jinámar estaba constituida por una serie de edificaciones en el margen Poniente del camino que venía de Las Palmas de Gran Canaria. En los lomitos de San José y San Antonio, no existía si no dos o tres casas-cuevas y rediles para el ganado. Frente, en el margen del Naciente del aludido camino y hasta llegar al mar, se encontraba la hermosa y gran finca de los Condes de la Vega Grande y Guadalupe, donde hoy se ubica la Urbanización del Valle de Jinámar.

 

Desde que se construye la Carretera General  que conducía desde Las Palmas GC al Sur de la isla, el transporte de los pasajeros se hace con más frecuencia y este sector adquiere una gran  importancia, se realizan más edificaciones, casas de comida y de postas, ya que, su ubicación es el punto medio antes de llegar a Telde , haciéndose necesario realizar paradas en el camino, dado que durante el siglo XVIII y hasta finales del siglo XIX, las carreteras eran de tierra, en muy malas condiciones y el transporte era por tracción animal, siendo generalmente una o varias jornadas la duración de  los viajes entre municipios.

 

Posteriormente, en los inicios del siglo XX, se asfaltan y acondicionan aquellos vetustos caminos y se califican de Carreteras Comarcales, aparece el automóvil y el transito es mucho más fluido y asiduo. Vuelve a tener una gran importancia el barrio de Jinámar, como esa primera parada que se hace obligatoria desde que se saliera de la capital, ya que, había de dejar descansar el motor del vehículo, reponerlo de agua y los pasajeros estirar lo pies, tomarse un bocadillo y pegarse un lingotazo en aquellas Casas de Postas.

 

En la década de los 50 se inicia la construcción de la Carretera General al Sur (antecedente de la hoy GC-1) y Jinámar pierde el protagonismo de varios siglos al desviarse mucho tráfico por la nueva carretera, por ser más corta la distancia y reunir mejores condiciones de trazado el nuevo vial. La población queda, como todo el barrio, relegada a lo cotidiano y a lo vecinal, hasta que dos décadas más tarde se inicia la construcción de las viviendas sociales del Valle de Jinámar, en lo que fuera la mejor tierra de cultivo del municipio “la Finca de la Condesa” y de forma incompresible se cambia la fertilidad del terreno y la frondosidad de todo el valle, por el asfalto y el hormigón que dan paso a unas viviendas donde de la forma más ilógica posible se hacina a una población desfavorecida socialmente que procede de cualquier municipio de la isla, sin orden ni concierto, pero aún, con menos previsiones de futuro.

 

Este hecho, hemos comprobado, que ha cambiado notablemente la forma de ser y el carácter del vecino del barrio de Jinámar, quien recibe un choque social tan dispar como incontrolado, al verse conviviendo con una nueva población que quintuplica el censo antes existente. Antes se conocían todos, ahora son pocos los que se conocen y muchos los que se reservan al diálogo.

 

Del primigenio poblado troglodita de La Ollería, como es de esperar, no nos ha llegado nada a nuestros días, ya se encargaron las sucesivas generaciones gubernamentales de hacerlo desaparecer por el motivo de siempre. Evitar la transmisión cultural y el arraigo a los orígenes, amén de la explotación del suelo para fines insospechados. Actual y recientemente hemos vivido jornadas en diversos puntos del sector que hablan de lugares como La Restinga, El Portichuelo, Cuevas de Calasio y otros muchos más, en los que la protección al Patrimonio Arqueológico Histórico se refleja solo en un papel llamado Carta Arqueológica, que aún no comprendemos para que rayos sirve, salvo que su fin sea el indicarnos, con el paso del tiempo, que túmulos arqueológicos hemos dejado expoliar una vez más o denuncie precisamente la incompetencia de quienes debieron actuar y no lo hicieron. 

 

Nos referimos a unos poblados y a una cultura que existió hace tan sólo 660 años y que se correspondía con otras culturas que existieron en otros lugares del territorio nacional hace más de 2000 años, de las cuales si se conservan vestigios arqueológicos e históricos. Aquí, como de costumbre, somos diferentes al resto de los ciudadanos de la nación… ¿Puede que sea por suerte?... pero ciertamente en menos de la mitad del tiempo, hemos permitido que se carguen todo o gran parte de ese codiciado patrimonio.

 

La diferencia y la comprensión ante la destrucción de nuestro Patrimonio Arqueológico Prehispánico, se puede encontrar en el sometimiento de un pueblo por la fuerza de las armas, como así fue la conquista de las islas, impidiéndose la conservación de ideologías culturales que se pudieron plasmar en señas de identidad de las poblaciones ocupadas, por temor a la insurrección ideológica aunque sólo lleguen a discrepar en las conductas seguidas, cosa a la que constitucionalmente tenemos derecho, a pesar de todo aquello que se establezca o se dicte desde España, pero la connivencia de propios y extraños en esta devastación ha sido notablemente efectiva a aquellos intereses, generación tras generación, aunque todos vengan pregonando que nos van a salvar la vida.

 

Efemérides

Un día tal como hoy, hace ahora mismo 212 años, es decir el 20 de septiembre de 1803, nace en Las Palmas de Gran Canaria el que fuera eminente doctor Domingo José Navarro Pastrana, quien realiza sus primeros estudios en la escuela del profesor Laguna, del barrio de Triana, para continuar posteriormente los secundarios en el Seminario Conciliar de Las Palmas desde 1818 a 1823. En 1828 se traslada a Barcelona para cursar estudios de Medicina. Allí, al año siguiente de su llegada, le sobrecoge la epidemia de cólera, en cuyas labores de ayuda sanitaria participa. Esta cooperación y la experiencia adquirida le resultarían fundamentales cuando, años más tarde, la letal epidemia llegue a Gran Canaria. Tras siete años de estudios obtiene la licenciatura en Medicina en 1835. Es nombrado Medico titular del hospital de San Lázaro en 1852.

 

Fue cofundador del Gabinete Literario de Las Palmas, primera asociación privada que se implantó en la Isla, y también del Colegio de San Agustín promovido por esta institución. Asimismo perteneció al grupo promotor de El Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria, fundado en 1879 por el también doctor teldense Don Gregorio Chil y Naranjo, siendo su primer Presidente y ostentando dicho cargo hasta su muerte, acaecida 17 años después. Además de numerosos artículos en periódicos y revistas científicas, como la propia de El Museo Canario, don Domingo J. Navarro es célebre por su siguiente libro: “Recuerdos de un noventón”. Memorias de lo que fue la ciudad de Las Palmas al principio del siglo [XIX] y de los usos y costumbres de sus habitantes. En 1852, junto a López Botas y Agustín Millares Torres, participa en la redacción del periódico “El Porvenir”.

 

Un día tal como hoy, hace ahora mismo 36 años, es decir el 20 de septiembre de 1979, el emperador y dictador de la República Centroafricana Jean-Bédel Bokassa, es derrocado por el ex-presidente Dacko, con el apoyo de Francia y tropas galas, mientras Bokassa se encuentra de viaje en Libia. El tirano se exiliará en París, y en un juicio en su país será condenado a muerte "in absentia". Al volver del exilio en 1986, será arrestado y juzgado por traición, asesinato, canibalismo y apropiación indebida. En 1993 saldrá libre gracias a una amnistía. Había sido gobernante de Centroáfrica desde el 1 de enero de 1966 —primero en calidad de dictador militar y luego, a partir del 4 de diciembre de 1976, como autoproclamado emperador del Imperio Centroafricano— hasta el 20 de septiembre de 1979, cuando ocurrió su derrocamiento.

 

Bokassa nació en Bobangi, Congo Medio, África Ecuatorial Francesa, (actual República Centroafricana) el día 22 de febrero de 1921  y falleció en  Bangui, República Centroafricana, 3 de noviembre de 1996.. Su padre era un líder tribal. Bokassa se unió a las Fuerzas Francesas Libres y terminó la Segunda Guerra Mundial como sargento mayor condecorado con la Legión de Honor y la Croix de Guerre (Cruz de Guerra). En 1961 ya había alcanzado el rango de capitán. Dejó el ejército francés en 1964 para unirse al joven ejército Centroafricano. Primo del presidente David Dacko, Bokassa ascendió hasta el rango de coronel y jefe del Estado mayor de las fuerzas armadas, desde donde fue gestando su poder dictatorial y demás barbaries cometidas.

 

Ahora mientras observamos este amanecer con el castillo de San Cristóbal a contraluz en el horizonte, se nos ocurre pensar en las diferentes temáticas tratadas hoy, tan contrapuestas como la noche y el día, en cuanto a su relación con el ser humano.

 

Partiendo de la ideología generalizada que actualmente se estila en relación con la profesión castrense, en la cual encontramos históricamente individuos tan irrelevantes como el propio deshonor a sus propias convicciones, individuos que sin una ideología lógica respecto a sus semejantes, se tornan en dictadores o cuando no en asesinos, actuando precisamente de forma totalmente contradictoria a sus postulaciones iniciales.

 

En el espíritu castrense hay una serie de actitudes, sentimientos o actuaciones que pasan por una serie de cánones como pueden ser el honor, la honestidad, la humanidad, la disciplina y la ecuanimidad en el ejercicio de la profesión, todo lo que se aleje de este comportamiento, convierte al individuo en un dictador o asesino, ya que, sabiéndose poderoso en las armas ejerce irracionalmente, sin tolerancia ni caridad alguna.

 

Tal vez, estas fueran las circunstancias que se dieran en el nefasto proceder de Valeriano Wesley, ante la progresiva caída de los restos del imperio español de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Proceder que le convirtió finalmente en un demente asesino, ordenando el fusilamiento de unos estudiantes revolucionarios en cuba y una masacre sobre la población autóctona en aras de apaciguar la revolución cubana, dada su incompetencia en la gobernabilidad y la negativa estatal a reconocer el cambio que en la historia se producía. Estas mismas circunstancias se dieron en Filipinas y Marruecos, donde los quijotes españoles perdieron sus últimas posesiones coloniales y llegaron a la extinción de aquel imperio que durara algo más de cuatro siglos.

 

La contraposición a este carácter, aun siendo también militar, la encontramos en la honorabilidad y humanidad de Nicolás Estévanez Murphy, quien ante tales hechos rompe su sable y entrega sus credenciales abandonando la carrera militar, como medida de protesta por los hechos acaecidos en Cuba. Todo un carácter de rectitud, que posteriormente lleva a ridiculizar a Wesley al retarle en duelo por la tortura y muerte de Secundino Delgado. El entonces ministro del Ejército, rehuyó el desafío y Estévanez se despachó a gusto ante las Cortes, dejándole muy mal parado, como un sucio cobarde que amparaba su espíritu castrense tras la fuerza de las armas, sin convicciones ni raciocinio alguno.

 

Son personajes que escribe con sus vidas las páginas de la historia y que es necesario conocer a fondo, antes de proferir descalificaciones generalizadas sobre la profesión castrense, que en la actualidad se hacen muy gratuitamente.

       

Tomamos nuestra gena y guardamos en ella todo lo positivo que nos pueda dejar esta crónica de hoy, nos la echamos a la espalda y, emprendemos otro nuevo paseo, en esta ocasión nos iremos al Casco Urbano, concretamente a la zona de El Ejido, donde visitaremos la calle Nicolás Guillén, a fin de conocer algo más del lugar de su ubicación y sobre este escritor cubano, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Cuídense mientras tanto.

 

 Sansofé.

 

Enviar Comentario