27/08/2015 - 19:34

El guayre Nenedán callejea por el Lomo de La Herradura

Hace referencia a uno de los guerreros guanches más destacados de Telde

Luis A. López Sosa

El guayre Nenedán callejea por el Lomo de La Herradura
Calle Nenedán (Foto Luis A. López Sosa)
Luis A. López Sosa
Hoy dirigimos nuestro paseo hacia el Poniente del municipio, nos hemos ido a la Urbanización Lomo de la Herradura, donde buscamos la calle Nenedán. Encontramos su inicio en la calle Cielo, desde la que con orientación Sur-Norte y, tras recorrer unos 80 metros, aproximadamente, va a finalizar a la calle Agustín Millares. Tiene paralela por el Naciente la carretera que conduce al municipio vecino de Valsequillo, antigua C-814 y por el Poniente linda con la calle Cura Gordillo.
 
La primera parte del vial es transitable para vehículos, pero hay un segundo tramo que es peatonal exclusivamente, mediante una escalinata que desciende en medio de una zona verde hasta la calle Agustín Millares.
 
Esta nominación, fue aprobada en sesión plenaria del día 29 de enero de 1996 y desde entonces forma parte del Callejero del distrito 3º, sección 19ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.
 
Sinopsis de la nominación:
Nenedán, es un nombre propio masculino prehispánico, de Gran Canaria.
 
Encontramos una cita de Viera y Clavijo sobre que: "Los guayres más famosos de Telde, fueron Maninidra, Nenedán..." Otra cita: como "Nenedán, era uno de los principales guayres o capitanes de la banda de Telde, famoso por su inteligencia en la guerra".
 
También en otra reseña encontramos que, era un fornido capitán y consejero de Bentaguayre, guanarteme del cantón de Telde, que junto con Maninidra, Bentahor, Gararosa y Tijandarte, escoltaban al soberano en sus salidas fuera de los límites del cantón.
 
Un relato de Marín y Cubas nos menta: “Cerca de 1474 tiene lugar la destrucción de la Torre de Gando, base de operaciones en Gran Canaria de los señores de las islas de Canaria, Diego de Herrera e Inés Peraza, gracias a una estratagema ideada por Maninidra Semidán, gayre de Telde, y en represalia por los robos de ganados y el rapto de mujeres aborígenes perpetrados por sus ocupantes, aunque los propios canarios ayudaron a su construcción en virtud de un pacto acordado entre los dos reyes o guanartemes de la isla”.
 
Continúa el texto “…Después de este suceso, sin el consentimiento del guanarteme de Telde, Bentagoia, ni del Sabor --consejo de nobles--, y viéndose apoyado por un grupo de partidarios, Doramas se autoproclama gayre, posiblemente con la intención de ocupar la vacante dejada por Nenedán, quien se había enemistado con Bentagoia, tal vez por la debilidad del guanarteme ante las pretensiones de Doramas y que le llevó a abandonar Gran Canaria acompañando a Diego de Herrera, favoreciéndole éste con tierras y ganado en la isla de Fuerteventura, poco antes de la destrucción de la Torre.
 
El motivo de este acto de rebeldía por parte de Doramas podría estar en una plausible negativa de Bentagoia a ennoblecer al trasquilado, a pesar de su posible alegación de méritos como guerrero, debido a que las leyes aborígenes prohibían ascender en la escala social en caso de hurto cometido en tiempo de paz.”
 
Al parecer Nenedán acabó sus días en la isla majorera, donde se estableció con su familia y sus ganados.
 
Toponimia del barrio:
La toponimia “La Herradura”, es el nombre con el que se conoció la finca existente en el valle que se forma en el margen norte de la Carretera GC-41 (Telde a Valsequillo) y el Lomo Sordo, la cual tenía una cuasi perfecta forma semicircular a modo de herradura.
 
Fue un pequeño valle con un barranquillo en su parte más baja, proyección de la vaguada de la parte alta, a cuyos márgenes se cultivaban hermosas cadenas de alfalfa, millo, papas y hortalizas. Junto a las paredes de piedra seca que sostenía el terreno, aparecían frondosos frutales, generalmente aguacateros, higueras, algarrobos o naranjos. En medio de todo este vergel y como colocadas a capricho, se dibujaban pequeñas colonias de palmeras canariensis, que le daban un toque especial al paisaje, en medio de estos cultivos, en su mayoría hortícolas.
 
Tenía, como ahora, dos entradas este sector, una era junto al Matadero Municipal y la otra en el lugar denominado “la Palma Retoña” –frente a la ermita de San José- en la parte alta de las laderas que formaban el valle era fácil ver una estampa peculiar, un pastor con su el ganado caprino y ovino pastando. Era algún miembro de las familias de los Casimiro o los Munguia, residentes en el entorno de El Viso o el Valle de los Reyes, en la falda Norte de Montaña Las Palmas.
 
Al llegar la primera mitad de la década de 1960 y tras desaparecer el mercado europeo para los productos agrícolas canarios, toda la agricultura se reciente y desaparece casi en su totalidad, quedando una gran parte de ella destinada al consumo del mercado interno y otra bien definida para el consumo familiar.
 
En esta época se inician grandes proyectos de urbanización de terrenos que se dejan de cultivar, cambiando la orografía del municipio que hasta entonces era eminentemente agrícola por otra bien distinta de carácter residencial, comercial e industrial.
 
Este sector fue adquirido en su mayoría por una mujer de origen holandés, Doña Nellie Lewis Superstein, a quien tuvimos el gusto de conocer y con la que tratamos en más de una ocasión.
 
La Sra. Lewis, como se le conocía generalmente, urbanizó el lugar e inició la construcción de edificios para su venta, a la vez que vendía solares a nuevos propietarios que posteriormente fueron edificando el barrio que hoy conocemos, mediante el procedimiento de la autoconstrucción.
 
Nellie reflejaba en su cara la bondad de su corazón, era una persona muy pacífica para la cual nunca habían problemas y que ayudó a muchas personas a que pudieran adquirir sus solares pagándoselos a plazos e incluso prestándoles maquinaria de su empresa constructora.
 
Su repentino fallecimiento conmovió a los vecinos del lugar, donde contaba con muchas familias que le profesaban verdadero amor, no se entendía como podía morir así alguien tan necesario para la confraternización vecinal. La gran sorpresa fue cuando en su testamento condonó todas las deudas que pudieran haber pendiente de cobro por su parte y dejó un sentido mensaje dirigido a “sus niños”, los numerosos hijos de todos los que fueron conformando el barrio. Fue un ejemplo de cómo tiene que ser una gran persona.
 
Efemérides:
Un día tal como hoy, hace ahora mismo 132 años, es decir el 27 de agosto de 1883, se produce en Krakatoa (pequeña isla al este de Java) la erupción volcánica más poderosa jamás registrada. Al día siguiente, cuatro explosiones gigantes más arrasarán las dos terceras partes del norte de la isla, matando a 36.000 personas en las pobladas islas cercanas de Java y Sumatra. Las explosiones se podrán oír en tierras australianas, a más de 3.200 km de distancia, y las cenizas volcánicas ascenderán hasta los 80 km de altura. El polvo de esta explosión se expandirá alrededor del planeta haciendo que las puestas de sol sean espectacularmente rojizas. Asimismo, el polvo impedirá la entrada de una parte de la radiación solar, lo que a la postre bajará la temperatura media mundial en un grado.
 
Antes de la erupción de 1883, Krakatoa consistía en tres islas y varios islotes. Lang (que significa 'larga' en neerlandés), ahora llamada Rakata Kecil o Panjang, y Verlaten ('Abandonado' o 'Desierto'), ahora Sertung, eran los remanentes de borde de una erupción de caldera anterior muy grande. La isla Krakatoa en sí misma tenía 9 kilómetros de largo por 5 kilómetros de ancho. También había un islote cubierto por árboles cerca de Lang llamado Poolsche Hoed ('el Sombrero Polaco', al parecer porque ésta se parecía desde el mar a un sombrero con cuatro alas original de Cracovia, Polonia), y varias pequeñas rocas o bancos entre Krakatoa y Verlaten. Había tres conos volcánicos sobre Krakatoa: yendo de Sur a Norte estaban: Rakata (823 m), Danan (445 m), y Perboewatan (también llamado Perbuatan; 122 m).
 
Hoy se cumplen 106 años, de aquel 27 de agosto de 1909, día en el que llega a Gran Canaria nuestro diputado a Cortes Luis Morote Greus, quien venía invitado para recorrer las tres islas orientales. De este viaje y debido a sus impresiones y experiencias, posteriormente escribiría el libro “La tierra de los Guanartemes”. Luis Morote había iniciado su andadura profesional periodística en la prensa de su Valencia natal, donde había nacido en el año 1862. Estudió y terminó la carrera de Derecho, la cual nunca ejerció, ya que, podía más su espíritu aventurero, lo cual le llevó a viajar en calidad de corresponsal de guerra. Uno de sus primeros destinos fue Melilla en 1893, para informar sobre los sucesos militares ocurridos en Cabrerizas Altas, lugar donde perdió la vida el general Margallo.
 
También se trasladó Luis Morote a la isla de Cuba, cuando la insurrección era más grave, siendo capturado y condenado a muerte por los rebeldes isleños, aunque salvó la vida de milagro, convenciendo a sus captores de la importancia que tenía la información en el exterior de sus pretensiones ideológicas. A su regreso a España se le rindió un homenaje, presidido por su buen amigo Práxedes Mateo Sagasta, a cuyo homenaje asistieron políticos y escritores de renombre en aquella época. Afincado en Madrid, cultivó el género de entrevistas a personajes famosos tanto españoles como extranjeros, que los lectores leían con avidez. En el mundo de la política resultó elegido diputado a Cortes por Cuba, Madrid y Gran Canaria.
 
Contemplado este amanecer, con la imagen diluida en la calima, que le hace parecer enigmática, cuasi preocupante ante lo desconocido sobre lo que puede haber más allá, como seguramente ocurriera en el inicio de los tiempos, tras acabar las erupciones volcánicas de finales del cuaternario, cuando un conglomerado de gases cubrían casi toda la atmósfera terrestre y que poco a poco, se fue esparciendo hasta desaparecer para dejar cabida al oxígeno y la luz solar, que dieron vida a la flora y la fauna del planeta.
 
Algo similar, también expectante posiblemente sucediera con la población aborigen isleña, cuando desde los garañones oteaban el horizonte temiendo la aparición de algún velamen, de alguna nave que trajera a aquellos extranjeros que venían al pillaje, al robo o al abuso de una gente sana y noble de espíritu.
 
Extranjeros que impusieron no solo su armamento más moderno, si no su profesionalidad en la guerra, el engaño en la mediación y las enfermedades que hicieron estragos en la población isleña. Gente a la que le convenía en todo momento moldear los relatos históricos de “la conquista”, a su conveniencia e interés, minimizando acciones o tratando de dejar en el total desconocimiento a muchos isleños que dieron su vida en defensa de la independencia de las islas.
 
Por desgracia se ha perdido, también a conveniencia de aquellos, mucha información al respecto, parte de ella por la falta de interés en su recopilación, otra adulterada y la que no destruida. Todo ello nos provoca cierta acritud en la consideración que se nos ha impuesto en la nacionalidad, ante la cual tenemos la suerte de considerarnos exclusivamente canario, por la dicha de haber nacido y vivido siempre en esta hermosa tierra.
 
Dejamos aquí nuestro paseo de hoy, guardamos en la gena todo lo que de positivo hayamos podido tratar en esta crónica y, emprendemos una nueva caminata, esta vez con rumbo de Naciente, nos acercamos a la zona de medianías, concretamente a la urbanización residencial de Piletillas, donde visitaremos la calle Neptuno, para conocer algo más del lugar de su emplazamiento y sobre la conformación de este planeta de nuestro sistema solar, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto cuídense.
 
Sansofé.
 
 

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