16/08/2015 - 18:37

Los navíos atracan en la playa de Ojos de Garza

Una calle del barrio posee la nominación de un tipo de buque de guerra

Luis A. López Sosa

Los navíos atracan en la playa de Ojos de Garza
Imagen de la calle Navío (Foto Luis A. López)
Luis A. López Sosa

Hoy paseamos por la Playa Ojos de Garza, donde vamos al encuentro de la calle Navío, cuyo inicio lo encontramos en la Avenida Roque de Gando, desde donde con trazado Naciente-Poniente y tras recorrer unos 50 metros, finaliza en la calle Juan Pérez Betancor.

 

Por su lado del Norte linda con la calle Nasa y por el Sur lo hace con la calle Corbeta.

 

Esta nominación fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el día 29 de agosto de 1980 y desde entonces, aparece formando parte del Callejero del Distrito 6º Sección 7ª, del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.

 

Cuando se nominaron los viales que conforman este núcleo de población, se siguieron las directrices de analogía en la mayoría de ellos, dado que predomina nombre de elementos relacionados con la marinería, salvo un par de excepciones.

 

Sinopsis de la nominación      

El navío de línea fue un tipo de buque de guerra de tres palos con aparejo de velas cuadras y de dos a tres cubiertas artilladas. Se le llamó así porque fue el tipo de buque utilizado en una nueva formación de combate de las escuadras navales, formación utilizada entre los siglos XVII y XIX y en la que los navíos se alineaban los unos detrás de los otros para formar un muro de artillería que pudiera disparar simultáneamente densas salvas contra la flota enemiga.

 

El concepto de navío apareció a finales del siglo XVI, en Inglaterra, como evolución de los buques existentes, como el galeón, ante los avances de la artillería naval y las mejoras técnicas en los buques de vela. Las flotas debían presentar una línea de buques cada vez más artillados, para desarbolar y destruir los buques enemigos, llegando al abordaje como último recurso, superando la concepción existente hasta entonces de que el combate naval era una extensión del terrestre, en el que había que abordar siempre al enemigo para luchar cuerpo a cuerpo. En el siglo XVII se desarrolla el concepto, que llegará a su cumbre en el XVIII con el navío de línea, diseñado para formar estas líneas artilleras navales y maniobrar junto al resto de la escuadra.

 

En la Armada Española del siglo XVIII los navíos se clasificaban en tres clases, según su número de cañones: entre los 100 como mínimo que debía portar uno de primera clase y los 60 que armaba uno de tercera. El navío de línea con más cañones jamás construido fue el español Santísima Trinidad, armado con 136 cañones y 4 morteros, que fue botado en 1769 en La Habana (Cuba), y se hundió al sur de Cádiz, tras su captura en la batalla de Trafalgar (1805).

 

Los navíos consumían, para su construcción y mantenimiento, gran cantidad de maderas y otros materiales. Para protegerse de los impactos enemigos, el casco se formaba superponiendo tablones gruesos de roble o encina, para formar capas de hasta medio metro de espesor, o más en los puentes. La obra viva se forraba con planchas metálicas de cobre para impedir la acción de parásitos marinos y se alternaban capas de estopa y alquitranados para aumentar la duración de los materiales. La artillería más pesada (piezas de 42 a 32 libras) iba en el puente inferior y se iban colocando piezas cada vez más ligeras en los superiores. Su desplazamiento oscilaba entre las 1200 y 3500 toneladas. Al ser un buque lento y que requería gran número de tripulantes para su maniobra, las marinas de guerra disponían de gran cantidad de buques menores, como fragatas, corbetas, goletas o bergantines, para misiones que requerían movilidad y acción independiente de la flota.

 

El ingeniero francés Charles Henri Dupuy de Lôme inició la última etapa del navío de línea con el Napoleón, un enorme navío que tenía el apoyo de un motor a vapor.

 

El navío fue desapareciendo de las armadas en la segunda mitad del siglo XIX, a partir de la entrada en servicio de las fragatas blindadas, cuyo primer ejemplar fue la francesa La Gloire, curiosamente también diseñada por Dupuy de Lôme, en 1859, seguida al año siguiente de la inglesa HMS Warrior.

 

Buque grande, con más de una cubierta. Puede ser navío de carga o de transporte es el que solo sirve para conducir mercaderías, tropas, municiones, etc.

 

El navío de línea es el que por su fortaleza y armamento puede combatir con otros en batalla ordenada o en formaciones de escuadra.

 

Actualmente, tiene la misma consideración en navío grande o buque, el transporte de pasajeros, generalmente de turismo que realizan cruceros entre diferentes puertos.   

 

Toponimia del lugar

Según el doctor Don Pedro Hernández Benítez, la toponimia Ojos de Garza, viene de la semejanza de unos riscos existente en esta playa del municipio teldense, con las cuencas de los ojos de una garza.

 

Ya es difícil ver volar por estos lares esta ave marina, que hasta finales del siglo XIX abundaban por las costas isleñas, junto a las gaviotas, pardelas y otras especies. Nuestras islas fueron hasta esa época, el lugar donde anualmente descansaban las aves migratorias que iban desde el Continente Africano al Europeo o a la inversa, por existir muchas albercas o depósitos, lagunas y nacientes de agua, además de una frondosa vegetación y un clima especialmente idóneo.

 

Este paraíso, en el que se encontraba la incipiente Vega Mayor de Telde y gran parte del suelo isleño, llegó en pocos años a la plenitud de la fertilidad y la producción agrícola, pero como de costumbre, la mano del ser humano interviene en la degradación y el exterminio de la naturaleza y, de todo aquello que tenga vida animal o vegetal. Generalmente esto suele pasar por el afán de la sobre explotación del momento, sin que a nadie se le ocurriera pensar en una política de agricultura sostenible, que no fuera la riqueza a corto plazo y el hambre o el desastre social en un futuro no muy lejano.

 

Ello se hizo patente cuando en los inicios del siglo XX, por el uso y el abuso de los pesticidas, fungicidas y demás productos químicos, en los cultivos de tomateros que envenenaron el medio ambiente y casi llevan al exterminio a muchas especies animales, entre las que se encontraban las garzas, las cuales ante tal amenaza, inteligentemente y para nuestra desgracia, dejan de pasar en su migración por nuestras islas, seguramente por considerarnos uno de sus mayores depredadores.

 

Si se considerara el beneficio que aportan las garzas, al igual que otros tantos animales, al ciclo evolutivo del medio ambiente, nos daríamos cuenta de la necesidad que tenemos de la presencia de éstos en la expresión positiva de la vida en el planeta, pero desgraciadamente al llegar a este punto en el razonamiento, podemos descubrir sin asombro alguno, que los peores enemigos del planeta somos precisamente los humanos, sí... esa especie animal que además es capaz de pensar como hacer el daño lo más eficazmente posible e incluso a sus semejantes.

 

Lo sarcástico es que creemos que ese desastre ecológico que estamos provocando no nos va a afectar a nosotros directamente, que llegado el momento dentro de ¿No sé cuantos años?, ya no estaremos vivos y que por consiguiente no es problema nuestro. Es con este razonamiento, pletórico de egoísmo e insolidaridad con las futuras generaciones, cuando precisamente podamos comprender que realmente ya estamos muertos, ahora y en este momento, como seres humanos que nos apartamos de la continuidad y la trascendencia de la vida en el planeta, algo que hemos heredado y que obligatoriamente debiéramos legar en perfectas condiciones.

 

Por estos días hemos podido observar varias parejas de garzas entre los charcos de nuestras costas, las fotografiamos y parece ser que la esperanza de vida vuelve, que la naturaleza es más sabia siempre que el ser humano. Esperamos que se tome conciencia y no se vuelva a agredir a estas pelecaniformes, de vuelo tan elegante que, a  muchos se les antojaría propio de países exóticos y no del nuestro, pero la verdad es que antes fue siempre así y las nuevas generaciones debieran tomar lección de ello. Vivimos en medio del privilegio de la benigna naturaleza aún, sólo hemos de conservarla y no destruirla, fomentarla y no explotarla negativamente, disfrutarla y protegerla.

 

Ha sido siempre la Playa Ojos de Garza una playa familiar, donde todos se conocen y muchos son familiares entre sí, sabemos que allí encontramos a los Cáceres, a los Mejías, los Leones o los Martel de Telde, así como, muchas familias del municipio vecino de Ingenio, generalmente todos ligados entre sí en torno al fútbol, la pesca, los asaderos, los envites y la cordialidad más entrañable que en pocas ocasiones hemos podido vivir, sobre todo en esos partidos de futbol a marea vacía y en algunos casos a la luz de la luna llena. Lo demás no importa, aunque se pegue fuego el mundo.

 

Efemérides

Tal día como hoy, hace ahora mismo 422 años, es decir el 16 de agosto de 1593, una flota de siete galeones y varios bergantines, al mando del corsario argelino Xaban Arraez, se presenta de improviso en Fuerteventura, después de haber saqueado el puerto de Arrecife, en Lanzarote. Desembarcó una tropa de doscientos treinta hombres, ocupando la capital Santa María de Betancuria, quemando los principales edificios y saqueando todo. Más de setenta isleños fueron hechos prisioneros y embarcados en las naves para ser conducidos a Berbería y vendidos como esclavos. Desde Gran Canaria el capitán general Luis de la Cueva Benavides, mandó una tropa de doscientos soldados para intentar rescatar a los cautivos. No obstante, estas tropas enviadas fueron derrotadas humillantemente.

 

El malestar que entre la población generaba el tener que cargar con la manutención de los soldados llevó a Felipe II a suspender la capitanía general y devolver la defensa de las islas a su antiguo estado, dejando sin efecto la institución de las capitanías generales que había creado en 1589, haciendo desaparecer todas las atribuciones del gobernador militar. La defensa de las islas de realengo estaba a cargo de sus respectivos gobernadores, y la de las islas de señorío, de los señores jurisdiccionales, cada uno de los cuales contaba con sus propias milicias locales, las cuales habían demostrado con anterioridad ser más efectivas en la lucha por defender su territorio, su patrimonio y sus propias familias. En Gran Canaria gozaron de gran fama de valentía y arrojo, las milicias de Agüimes y Telde.

 

Sucedió un día tal como hoy, hace ahora mismo 152 años, es decir el 16 de agosto de 1863, que después de 17 años de independencia y 2 de intervención, tras la petición del general Pedro Santana solicitando a España en 1861 retomar el control en la República Dominicana, comienza en este día la Guerra de Restauración contra España, guerra de guerrillas que durará hasta 1865 cuando las fuerzas de intervención españolas, incapaces de derrotar a los insurgentes, abandonen el país. Esta victoria dominicana enseñará el camino a cubanos y puertorriqueños y demostrará que España puede ser derrotada, el monstruo de pies de barro se tambalea y solo le queda su arrogancia quijotesca.

 

El 16 de agosto de 1863, un nuevo grupo bajo el liderazgo de Gregorio Luperón y Santiago Rodríguez hizo una audaz incursión en el cerro de Capotillo (Dajabón) e izaron el pabellón dominicano. Esta acción, conocida como el Grito de Capotillo, fue el comienzo de la guerra. Una ciudad tras otra en el Cibao se unieron a la rebelión, y el 13 de septiembre, un ejército de 6,000 dominicanos se atrincheró en la Fortaleza San Luis, en Santiago. Los rebeldes establecieron un nuevo gobierno al día siguiente, con José Antonio 'Pepillo' Salcedo como presidente, e inmediatamente calificó a Santana, que ahora era líder de las fuerzas españolas, como traidor. Salcedo intentó pedir ayuda a los Estados Unidos, pero fue rechazada.

 

Siempre nos llamó la atención esa inteligencia innata de los hombres de la mar, ver la coordinación de sus acciones en equipo, la constancia en el remar o cuando no la pericia en el manejo de la vela, para realizar una navegación correcta, además del empleo de ciertos conocimientos para la orientación respecto a la costa.

 

No se puede decir que la vela latina tenga su origen en ningún tipo de actividad aborigen ni deportiva ni pesquera ni de cualquier otro tipo. Esto no quiere decir que, como de costumbre se piensa, los aborígenes canarios vivieran de espaldas al mar. *Abreu Galindo, Fray Juan. «"...También hacíanse en esta tierra barcos del árbol de Drago, que cavaban entero. Poníanle 'sajorra' y navegaban con remos, y velas de palma, alrededor de la costa de las islas".»

 

Es necesario coordinar al máximo los movimientos dentro del barco, es por ello que existen posiciones dentro del barco y que cada tripulante tiene una tarea específica. Las posiciones en el barco pasan por el patrón, escotero, murero, contramurero, hombres del palo ( palo arriba- palo medio- palo abajo), al resonar, ir al retorno o cobrar, el tripulante de lastre, abrochar escota.

 

Hay dos formas diferentes de recibir el viento sobre la vela ya que la "entena" se encuentra a un lado del palo y unas veces la vela trabajará sobre éste y otras veces no.

 

Navegar a la buena: es cuando la entena y la vela están a sotavento del palo. Es la forma más corriente de navegar para distancias largas. Se templará la "troza" para contrarrestar la tensión sobre el palo.

 

Navegar a la mala: es cuando la entena y la vela están a barlovento del palo, o sea, que puesto el llaüt a viento, toda la vela queda apoyada sobre el palo. Esto representa dos inconvenientes: el primero es que el palo está sometido a toda la fuerza que ejerce el viento sobre la vela, con peligro de romperlo y, el segundo, es que la vela sufre un rozamiento en toda la zona apoyada sobre el mismo.

 

Por eso mismo nos admira el arte de la navegación, ya que, la pericia de los navegantes, hace que la embarcación pueda navegar, con algún sesgo, hasta contra el viento.

 

Hemos tenido varias experiencias en embarcaciones de marinos, generalmente a remo y ha sido un verdadero disfrute, aunque en una ocasión nos vimos regresando desde Mogán a Melenara, a plena noche con un mar de leva en contra y en esos momentos recordamos algunas oraciones que creíamos olvidadas. Fue la pericia de nuestro patrón, el compañero Rafael Guedes (q.e.p.d.), la que nos llevó a las arenas de Melenara, tras pasar un largo y amargo trago, en medio de la oscuridad de la noche y aquellas imponente olas que parecía quererse tragar nuestra embarcación.

 

Desde entonces, ya se habían dado varios casos, decidimos no tentar más al diablo o al mar y echamos el ancla en tierra firme, sin que ello suponga que deje de sentir la admiración hacia la navegación.

 

Damos por acaba nuestra visita de hoy y, tras guardar en nuestra gena todo lo positivo que hayamos podido tratar, emprendemos una nueva caminata con rumbo al Norte, nos vamos al barrio de Marpequeña, donde visitaremos la calle de Nayra, con el fin de saber algo más del lugar de su ubicación y sobre este nombre aborigen prehispánico, pero bueno... eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto…cuídense.

 

Sansofé.

 

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