30/07/2015 - 19:39

La memoria del letrado Narciso Pérez perdura en Melenara

En 1979 inició su actividad profesional en el Ayuntamiento de Telde como experto en Urbanismo

Luis A. López Sosa

La memoria del letrado Narciso Pérez perdura en Melenara
Calle de Narciso Pérez Guzmán(Foto Luis A. López)
Luis A. López Sosa

Nuestro paseo de hoy lo hacemos por el barrio de Melenara y allí buscamos la calle Narciso Pérez Guzmán (Letrado), encontrando su inicio en el final de la calle San Fernando, desde donde parte con orientación Poniente-Naciente y tras recorrer aproximadamente unos 320 metros, aproximadamente, finaliza en la Rotonda de los Marinos. Por el Norte tiene lindando la calle Osa Mayor y por el Sur lo hace con terrenos de la Finca de Salinetas.

 

Esta nominación fue aprobada por el Ayuntamiento Pleno en sesión celebrada el 29 de Octubre de 2010 y desde entonces pertenece al Callejero del Distrito 6º, Sección 3ª del Censo Municipal de Habitantes y Edificios.

 

La nominación que nos ocupa se corresponden con un quinto tramo de la antigua carretera general a Melenara, la cual en su trazado recibe otras tantas nominaciones, tales como: Callejón del Castillo, José Barrera Segura, Maestro Nacional, San Fernando y la que ahora nos ocupa.

 

Sinopsis de la nominación

Narciso Pérez Guzmán, nació en Telde el día 10 de diciembre de 1949, en el seno de una conocida familia de industriales panaderos.

 

Realizó sus Estudios Primarios en la Escuela de Chanita Ruiz, el Bachiller Elemental en el Colegio Labor, ambos de Telde, y el Bachiller Superior en el Colegio Claret de Las Palmas de GC.

 

Una vez finalizados estos estudios se traslada a Madrid donde inicia los Estudios de Ciencias Políticas, los cuales abandona para matricularse en la Universidad de La Laguna (Tenerife) en la Carrera de Derecho, los cuales termina en el año 1977.

 

Emprendió diversas actividades sociales como el Movimiento Scout, formó parte de la directiva de equipos de Lucha Canaria y otras tantas.

 

Profesionalmente impartió clases de Derecho en la Escuela de Turismo de Las Palmas de GC, labor que alternó con una estrecha colaboración en Comisiones Obreras de Telde, asesorando a los trabajadores en sus derechos y obligaciones.

 

Emprendió un contencioso contra la Dirección General de Deportes del Gobierno Autónomo, en tema de la elección de la Presidencia de la Federación Regional de Lucha Canaria, cuyo resultado favorable se pronuncia por el Tribunal Supremo, una vez fallecido Narciso.

        

En el año 1979 inicia su vida laboral en el Ayuntamiento de Telde, como Letrado especializado en Urbanismo, lugar desde donde ejerce una gran labor  en pro del Primer Plan General de Ordenación Urbana de la Ciudad, así como, los PERI de San Juan, San Francisco y San Gregorio, desde los que inicia el rescate de los edificios emblemáticos y callejones del barrio de Los Llanos.

 

Fue un gran profesional en el Derecho Urbanístico, una de las personas más competentes que han dejado su impronta en la historia de nuestra Ciudad. Comedido y tenaz, reservado e inflexible en la toma de decisiones, preservando siempre la atención hacia los menos pudientes.

 

En el ámbito personal, Narciso (Siso como le llamábamos sus amigos), siempre fue un hombre pletórico de virtudes que no pasaban desapercibidas, tan grande como lo era de estatura y tan ecuánime como los dictados de su propio corazón, bonachón y respetuoso, era...simplemente Siso, ese compañero y amigo al que hemos llorado durante muchos años y del que nos hemos sentido orgullosos y honrados de haber conocido y querido durante parte de nuestras vidas.

 

Narciso Pérez Guzmán, formó parte de ese grupo de funcionarios que en la década de 1970, rejuvenecieron el Ayuntamiento, lo modernizaron adaptándose a los sistemas informáticos y lo acercaron más al servicio directo a la ciudadanía, partiendo de la máxima del respeto, trato llano y sencillez en nuestras acciones como doctrina encaminada a la profesionalidad y el servicio.

 

Narciso Pérez Guzmán falleció el día 3 de junio de 1989, con tan sólo 40 años de edad, en plena juventud y desarrollo de su excelente labor como Letrado del M.I. Ayuntamiento de Telde, los sentimientos encontrados de circunstancias excepcionales pudieron mucho más que su afán de servicio y, en su gran corazón no tuvo cabida la continuidad de la vida.

 

Toponimia del lugar

Melenara, es una toponímia aborigen prehispánica, que nos habla de la existencia de un pequeño poblado de marinos en aquella sociedad isleña, que se encontraron los europeos en sus diferentes desembarcos en nuestras costas, como también los hubieron en la zona de Taliarte, según el testimonio abandonado y expoliado de los vestigios arqueológicos allí encontrados.

 

Melenara siempre fue una playa de pescadores, fue puerto de embarque y también lugar de veraneo.

 

Desde las primeras noticias que se tienen de Melenara, siempre hubo unas referencias a la profesión de sus hombres, la pesca y la forma de vivir entorno a la misma. De sus aguas sacaron siempre el sustento de sus familias creando y desarrollando las vidas de sus componentes, y algunos incluso dejando sus vidas en el mar, como si de un justiprecio se tratara. Tenemos el testimonio de muchas familias con las que tenemos la suerte de compartir amistad (los Compalunes, los Guedes, los Aguiar, etc.)

 

También en sus aguas se vivieron heroicos episodios bélicos de resistencia a los piratas y bucaneros que intentaron el pillaje de nuestras costas durante gran parte del siglo XVII. Con anterioridad también, la Playa de Melenara fue escenario de sangrientas defensas de los aborígenes prehispánicos en diferentes intentos de desembarco de expediciones invasoras que pretendían la conquista de la isla, habida cuenta del remanso que ofrece su bahía.

 

Melenara fue puerto de embarque y desembarque de mercancías y de esclavos, cuando desde finales del siglo XV se impuso el comercio de la caña de azúcar y se hacía necesario enviar a los mercados europeos la producción o traer desde el continente africano, generalmente de Guinea Ecuatorial, la mano de obra de hombres de raza negra, en calidad de esclavos para trabajar en el cultivo y proceso industrial de las cañas mies. Le siguieron otros ciclos agrícolas como los de la vid y sus excelentes caldos, posteriormente el ciclo del plátano y también el del tomate, pero en las primeras décadas del siglo XX, un fuerte temporal destrozó el muelle y perdió el uso de embarcadero al no reunir las condiciones idóneas cediendo su hegemonía al Puerto de La Luz, en Las Palmas de Gran Canaria.

 

A mediados del siglo XVI, nuestra Playa de Melenara protagoniza uno de los episodios narrados por el célebre escrito Félix Lope de la Vega y Carpio, en su obra “La Dragontea”, refiriendo el rechazo por parte de las milicias canarias de un intento de desembarco de piratas ingleses capitaneados por el célebre Sir Francis Drake.

 

Fue también Melenara, lugar de veraneo de las familias pudientes y acomodadas de la Ciudad de Telde y de otras tantas que nos visitaban en la temporada veraniega. En los inicios del siglo XX, la evolución social que se vivía en Telde, propició que otras familias más humildes pudieran veranear o disfrutar de un día de playa en Melenara, en las casetas de madera que se elevaban sobre tubos de hormigón, bajo las cuales pasaba el agua en la pleamar de los rebozos.

 

Hoy Melenara, ha sufrido todo un proceso renovador urbanístico y son muchas las edificaciones de apartamentos que sirven de segunda vivienda o de residencia habitual,  para muchos teldenses que se permiten este lujo por la proximidad y comodidad de los transportes y la evolución de la vida laboral que así lo posibilita, llegándose a convertir aquella pequeña barriada de casetas de madera o de piedra y cal en una pujante urbe, dotada de todos los servicios sociales y comerciales propios para que se constituya en una zona ideal y cómoda para vivir.

 

Efemérides

Sucedió un día tal como hoy, hace ahora mismo 2064 años, es decir el 30 de julio de 49 a.C., en Hispania, en la actual Lérida, se enfrentan los ejércitos romanos de Julio César y Pompeyo en la Batalla de Ilerda. Aunque los ejércitos están bastante igualados en cuanto a efectivos se refiere, la experiencia adquirida por las tropas de Julio César en la guerra de las Galias, y su habilidad como estratega, harán que, el 2 de agosto, el ejército de Pompeyo se rinda sin apenas haber mostrado resistencia. Esta confrontación se enmarca en la Segunda Guerra Civil de la República de Roma. Después de entrar en Roma, conquistada Italia, y saber que Pompeyo había huido hacia Grecia, César se ocupó de las legiones de Pompeyo en Hispania, cubriendo así su retaguardia para poder avanzar seguro hacia Grecia.

 

Esta batalla fue librada el verano del año 49 a. C.; primero en Ilerda, la actual Lérida, y luego al sur. Para sellar la victoria en tierras de Hispania, César debía combatir al ejército pompeyano situado junto a la amurallada Ilerda, así colocó su campamento cerca del pompeyano, liderado por Afranio y Petreyo. Tras una riada del Segre casi a finales de junio solamente quedaba en pie el puente de Lérida, la ciudad y ambos ejércitos se situaban al margen derecho por lo que cuando César procuró aislar al ejército pompeyano de la ciudad y del puente, fue rechazado en el Puig Bordell y estos consiguieron refugiarse tras los muros de Ilerda. A finales de junio era César quién se encontraba aislado, así que decidió remontar el río para poder cruzarlo y abastecerse, recibió hombres aliándose con pueblos íberos y con la llegada de tropas de la recién pacificada Galia. 

 

Hoy se cumplen aproximadamente 537 años, de aquel 30 de julio de 1478, fecha en la que se establece la segunda batalla de los aborígenes grancanarios contra el Real de Las Palmas, en un intento de expulsar las tropas castellanas mandadas por Juan Rejón. En ese segundo enfrentamiento, los canarios estaban dirigidos por Maninidra, quien no siendo un claro conocedor del armamento castellano, ordenó a sus hombres que se alinearan frente al campamento castellano. Esta actitud facilitó a Juan Rejón la defensa del Real, ya que, con sus certeros disparos de ballesta y saetas, impedía todo acercamiento y causaba numerosas bajas a los aborígenes. A la vista del cariz que tomaba la situación, Maninidra ordenó la retirada de sus hombres hacia el interior de la isla.

 

Anteriormente se había producido otra tentativa, en la que también se dio un estrepitoso fracaso para los canarios que eran mandados por Doramas. Los canarios habían acordado atacar por el Norte y el Sur, pero llegado el momento los guerreros del Gáldar no se presentaron y la imprudencia cometida por Doramas de atacar solamente con los hombres del Sur, le condujo a una severa derrota con gran pérdida de hombres. En ese duro enfrentamiento, fue hecho prisionero el edil Adargoma, quien tras ser curado de sus heridas, es enviado a Castilla, donde es bautizado y sometido como colaborador. Al parecer le convirtieron en algo parecido a un atractivo de feria, ya que, por su corpulencia, belleza, estatura y fuerza, era obligado de realizar exhibiciones ante el populacho.

 

Hoy a lo mejor, sin yo saberlo, puede que camines a mi lado, que tu pensamiento se una al mío y se fundan en aquellos hermosos y determinantes momentos que vivimos, con otros tantos compañeros, en la realización de nuestro trabajo.

 

Un trabajo de otros tiempos, en el que tuvimos que luchar contra el sistema que históricamente estaba establecido y que nos acarreó más de un problema, pero que nos hizo sentirnos vivos, efectivos y prácticos, ya que, se trataba de romper con todo con una serie de malas costumbres que se habían constituido en lo que vulgarmente se llamaba protocolo de trabajo.

 

Teníamos que dar un salto abismal contra el criterio de aquellos que conformaban la espiral piramidal del poder establecido, teníamos que darle la vuelta a la cosa y la costumbre de que el administrado viniera a la Administración como un “cordero medio degollado”, rogando ser atendido, se tornara en el ejercicio de su derecho.

 

Teníamos que luchar contra el apoltronamiento de ciertos funcionarios que de forma irregular y poco profesional, ejercían un tráfico de influencias sobre todo aquel que fuera a demandar una atención concreta, teníamos que cambiar todo, desde la forma de ser a la de estar y se logró en gran medida, se modernizó la cosa y la media de edad del funcionariado en pocos años bajo de 55 a 60 años por un tropel de gente joven de 28 a 35 años.

 

Se estableció una nueva forma de tratar a los administrados, con alegría, brindándoles una silla para que se sintieran cómodos en el trato, demostrando la profesionalidad del funcionariado, estableciendo correlación entre los diferentes departamentos y modernizando el sistema mediante la informatización, cosa que nos obligó a estudiar y a prepararnos en una serie de sistemas hasta el momento desconocidos para la gran mayoría.

 

El contacto interno entre los compañeros funcionaba a la perfección y nadie reusaba una intervención que se demandara desde otro departamento para llevar a buen término la atención al ciudadano, te quedaba una grata sensación de amistad con el vecino y sin darte cuenta asimilabas el aspecto vocacional en el ejercicio de tus funciones. Era gratificante y el tiempo se te iba entre los dedos, como el agua, sin darte cuenta.

 

Nuestro amigo Siso, fue un gran baluarte en esta forma de ser y hacer, como otros tantos que luchamos contra aquellos criterios equívocos tipificados por el escritor Mariano José de Larra en su… “Vuelva usted mañana”.

 

Puede que para muchos que lean esto, no tenga importancia alguna, porque han nacido dentro de esa forma de atender y lo consideran normal o de obligado cumplimiento, pero había que vivir aquello para saber el verdadero valor que tuvo, fue transformar toda la administración dimanante de un sistema dictatorial que no quería ni permitía que se perdiera el control sobre la ciudadanía. Fue tal vez, un escalón más dentro de esa hermosa “Transición” que se produce a la muerte del dictador y que se vivió en todo el país en total silencio pero con efectividad. Mereció la pena, aunque ahora, ahora prefiero no dar mi opinión de cómo funcionan las cosas… estoy al final del camino y no me quedan espacios por recorrer.

 

Me resta agradecerte Siso, la gentileza que tuviste compartiendo espacios de tu vida con la nuestra y enriqueciéndonos con tu grata amistad. Fuera de esta consideración quedan aquellos que forzaron una situación legal, en la que la imagen fuiste tú y también fue a ti a quien culparon de sus desatinos políticos, para quedar ellos bien la foto cara a la ciudadanía, los que conocíamos las circunstancias de Playa de Aguadulce y otras al tanto, nunca olvidaremos que aquello te costó la vida, precisamente por esa forma de ser de “buena gente” que siempre demostraste. Nos sentimos honrados de haberte conocido y de haber compartido parte de nuestras vidas contigo. Un tierno abrazo allí donde estés Siso.

 

Decidimos seguir nuestra andadura, no sin antes guardar en nuestra gena las cosas positivas que hemos tratado hoy, así como, un entrañable recuerdo de nuestro amigo Siso, zarpando con rumbo al Norte, nos vamos al barrio de La Garita, concretamente a la Urbanización Lomo de los Melones, donde visitaremos la calle Nardo para conocer algo más de la zona de su ubicación y de esta planta ornamental, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto…cuídense.

 

Sansofé.

 

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