26/07/2015 - 18:25

El narciso crece y se reproduce en San Borondón (Telde)

Una calle de La Garita recuerda a esta flor bulbosa

Luis A. López Sosa

El narciso crece y se reproduce en San Borondón (Telde)
Calle de Narciso (Foto Luis A. López)

Hoy paseamos por el barrio de La Garita, concretamente por la zona denominada San Borondón, junto a la Urbanización La Estrella, donde vamos en busca de la calle Narciso, encontrando su inicio en la calle Pascua desde donde parte, con orientación Poniente-Naciente y, tras recorrer unos 260 metros, va a desembocar al Paseo de Las Delicias.

 

 Tiene paralela por el Norte el litoral marítimo del océano Atlántico y por el Sur linda con la calle Pascua.

 

 Esta nominación la encontramos por primera vez en el Censo Municipal de Habitantes y Edificios, referido al 31 de diciembre de 1970, si bien no se puede concretar exactamente la fecha de su aprobación, por carecer de documentación al respecto.

 

 Lo cierto es que desde entonces ha pasado a formar parte de Callejero del distrito 5º, sección 8ª, del mentado censo.

 

 En cualquier caso, cumple con la recomendación de analogía contemplada en el Reglamento para la nominación de calles, plazas y lugares de domino público, refiriéndose al nombre de una planta como todos los viales del entorno.

 

Sinopsis de la nominación

El narciso o narcissus es una flor bulbosa de la familia de las amarilidáceas, cuya floración se produce habitualmente en primavera. Con origen en la zona mediterránea y Asia, es uno de los tipos de plantas ornamentales más cultivadas tanto en jardines como en macetas para interiores. Con una altura cercana al medio metro, disponemos de múltiples variedades en diferentes colores.

 

La mitología griega relaciona su nacimiento con Narciso, un joven de extraordinaria belleza que, al verse reflejado en la superficie de un río, quedó enamorado de su propia imagen; murió ahogado tras lanzarse a las aguas. En ese mismo lugar, creció esta flor, con varios pétalos planos y la corola en forma de campana, que recibió su nombre.

 

Aunque es posible reproducirlos a partir de semillas, lo más habitual es plantar narcisos a través de sus bulbos, de los que crecerán ejemplares idénticos a la 'madre'. Éstos se plantan durante el otoño, para que sus raíces se fortalezcan antes de que lleguen las bajas temperaturas.

 

Crecen bien en diferentes tipos de suelo, aunque es preferible un sustrato rico en nutrientes, bien drenado y situado al sol, aunque también muestran un buen desarrollo en la sombra parcial. Para que las heladas no lo dañen, es conveniente extender una capa protectora de mantillo en la superficie.

 

La profundidad de plantación adecuada depende tanto del tamaño como de los materiales que forman el terreno. Como norma general, será de dos veces el diámetro del bulbo. La separación entre ellos será de unos 10 cm, aunque también depende de su tamaño. Una proximidad excesiva provocará una menor densidad del follaje y de las flores. Para que el narciso se mantenga en las mejores condiciones, conviene añadir fertilizante tras la floración. Requiere humedad constante, aunque al regarlo hemos de evitar los encharcamientos, que pueden hacer que el bulbo se pudra.

 

Sus tallos son normalmente muy finos; para evitar que se doblen, es adecuado colocar cañas que les ayuden a mantenerse erguidos.

 

Para disfrutar del ejemplar el mayor tiempo posible, retiraremos las flores cuando empiecen a marchitarse, ya que consumen nutrientes muy necesarios. También eliminaremos las hojas que se van secando.

 

Finalmente, el follaje adquiere un tono amarillento. Sin embargo, al contrario que ocurre con otras bulbosas, conviene mantener los bulbos en la tierra hasta la próxima primavera, cuando disfrutaremos de una floración más intensa.

 

También podemos retirarlos y almacenarlos. Para que no se estropeen, tras sacarlos del terreno, se dejan secar en un lugar a la sombra y aireado. Después, los guardaremos en un lugar fresco, seco y bien ventilado   .

 

Toponimia del lugar

La Urbanización de La Estrella surge en los inicios de la década de 1960, una vez que se origina el declive del cultivo del tomate en nuestras islas, por la pérdida del mercado europeo, que aunque varios años después se volviera a regenerar, ya nunca se recuperarían los índices de exportación iniciales.

 

Recordamos que desde el túnel de La Laja –a la salida de Las Palmas de G.C.- y hasta el Cruce de Melenara, casi todo estaba despoblado, solo te encontrabas a ambos lados de la antigua Carretera al Sur (hoya Autovía GC-1), los barrancos y unas pocas casas a la altura de La Pardilla (Lomo Caraballo), hasta llegar al Restaurante PANAMERICA PARK, que estaba ubicado donde está hoy la Estación de Servicios a la entrada de la Urbanización de La Estrella, el resto y a ambos lados de la carretera eran cultivos de tomateros, con empalizadas de cañas como cortavientos, entre las que correteaban una nubes de polvo que se levantaban de cuando en vez.

 

Poco tiempo después se construye el Hotel Estrella Mar, que como otros establecimientos del ramo en nuestro municipio, pronto fracasó y hoy el inmueble lo ocupa un Centro Geriátrico. Varias décadas más tarde, se repetiría el caso con el llamado “Hotel Bahía Mar”, que vuelve a dejar el municipio con total carencia de este tipo de establecimientos y en total inactividad permanece un varios años..

 

El resto de la Urbanización de La Estrella, surge como consecuencia del realojo de los residentes en las Guayanas Holandesas, colonia de los Países Bajos que en los inicios de la década de los 70, consigue la independencia y su población se ubica en esta urbanización, dado cierto aíre racista de los neerlandeses, a los que se hacía un poco problemático el realojo de los residentes de las colonias en su suelo natal, algo parecido con lo que sucediera con los noruegos en la Playa del Hombre. .

 

Mas allá, hacia el sur y tratando de conectar con la Playa de la Garita, existe un sector al que se ha llamado San Borondón, nombre que ciertamente no sabemos de donde procede, aunque algún que otro romántico nos indicó que el urbanizador de estas tierras de cultivo, dio ese nombre simple y llanamente para recordarnos esa isla mítica, legendaria, esa que aparece y desaparece y que muchos han dicho haberla visto, pero que otros tantos han salido en su busca y jamás la encontraron. Es una leyenda que perdura en la noche de los tiempos y somos muchos los que miramos hacia el horizonte queriendo inconscientemente verla.

 

Abajo, lindando con el mar está la Punta de La Mareta, donde existiera durante muchos años una industria de sal, las salinas de Don Cesáreo Morales López, quien fuera su último propietario y de lo que ahora solo quedan ruinas que nos hablan de un pasado de tan solo cinco décadas.

 

Efemérides

Sucedió un día como el de hoy, hace ahora mismo 514 años, es decir el 26 de julio de 1501, que por los Reyes Católicos se firma una real cédula concediendo al Cabildo del Real de Las Palmas el caudal de la Mina de Tejeda, el cual tenía su nacimiento en el barranco de ese mismo nombre, en las inmediaciones al Roque Nublo. Se trataba de conducir el agua para dedicarla al riego de diversos cultivos. No obstante, como la mina estaba al otro lado de la isla, se hizo necesario crear toda una infraestructura hidráulica para hacerla llegar a la ciudad. Dado lo complicado de la obra, se acordó ceder una parte a Vasco López y Tomás Rodríguez, a cambio de que construyeran el túnel para conducirla.

 

La obra se hizo y esa parte fue vendida a Juan Ariñez el 21 de Julio de 1527. La parte perteneciente a los Propios la dedicó el Ayuntamiento al riego de las vegas de San José y Triana, mediante remates públicos. Esta Mina de Tejeda, constituye la base principal de los heredamientos de Las Palmas de Gran Canaria, que eran cinco: Dragonal, Fuente de los Morales, Triana y dos en Vegueta, aparte de regar también vegas en Tejeda y la Aldea de San Nicolás. Es comprensible que dicha mina tuviera un gran caudal, dado que, los inviernos eran muy lluviosos y además de que los cauces de los barrancos llevaban agua durante casi todo el año, lo que hizo posible practicar otras tantas captaciones de agua en las zonas de medianías.

 

También un día tal como hoy, hace ahora mismo 193 años, es decir el 26 de julio de 1822, en el puerto de Guayaquil (Ecuador) se entrevistan el general argentino José de San Martín y el venezolano Simón Bolívar. José de San Martín solicita la unión de los dos ejércitos para terminar la guerra de la independencia de América del Sur, mientas que Simón  Bolívar no puede o no quiere aunar ambos ejércitos y dirigir la guerra contra los españoles bajo una única jefatura en el Perú. Por tanto el día 28 la reunión concluirá con un claro desencuentro entre ambas partes. Sus fines concretos eran discutir la soberanía sobre la provincia de Guayas (integraba hasta esa fecha el Virreinato del Perú), la liberación del Perú y la forma de gobierno conveniente para los nacientes estados americanos.

 

Mientras San Martín se inclinaba por un régimen monárquico, con características constitucionales, Bolívar se mostró partidario de una república democrática y, en forma general, la consolidación de América del Sur unificada, la reunión con Bolívar, se celebró a solas y sin testigos, donde trataron principalmente tres cuestiones: el destino de la Provincia de Guayaquil, la reparación de la ayuda que el Perú había brindado anteriormente para la liberación de aquella provincia, y el final de la campaña contra los realistas, cuya definitiva etapa debía librarse en el recientemente Independiente Perú, ya que en zonas de la sierra peruana se encontraban los últimos reductos de los ejércitos realistas instalados en Sudamérica.

 

Contemplando este amanecer, pensamos que  ya de antemano, en la propia mitología griega, la narrativa sobre Narciso, el enamoramiento de sí mismo y su posterior ahogamiento, en sí es una acción narcisista que gira en torno al propio personaje, quien además hace que nazca en el mismo lugar la flor del narciso, convirtiéndose en el centro principal de la trama.

 

Pocas son las actitudes del ser humano que no están relacionadas con el narcisismo. La propia timidez tiene un extraño componente de narcicismo: la creencia de que a los demás realmente les importa nuestra forma de vestir o nuestra forma de actuar.

 

Realmente tu egocentrismo llega a extender cheques que luego tu cuerpo no es capaz de canjear y es que quien sólo vive para sí, está muerto para los demás.

 

La persona que hace un mérito de su belleza física, declara por sí misma que no tiene otro don mayor, como sucede con el gallo que cree que el sol sale cada día solamente para oírle cantar.

 

El narcisismo se apodera sigilosamente del individuo, con tal frecuencia que incluso el escritor consciente crea, sin quererlo, a sus héroes a su propia semejanza. Un libro es siempre un retrato halagüeño de su autor.

 

Narciso es la gloria de su raza; pues ¿quién hace nada con más gracia que él? Pero en realidad esta actitud es clave para entender el mito de la timidez en el individuo. Pues, aunque crees que te está halagando, en realidad, se halaga a sí mismo mostrando lo abierto, sensible y sincero que es.

 

El ser humano es una especie narcisista por naturaleza, hemos colonizado hasta el último rincón de nuestro planeta, no somos la cúspide de la llamada evolución. Ese honor le corresponde a la cucaracha, capaz de vivir durante meses sin alimento y durante semanas si le arrancas la cabeza. Resiste la radiación.

 

Dejamos aquí nuestra visita de hoy, guardamos en nuestra gena todo lo positivo que hemos tratado y, encaminamos nuestros pasos hacia el Sureste, nos vamos al barrio de Melenara, donde visitaremos la calle Narciso Pérez Guzmán (Letrado), al objeto de saber algo más del lugar de su ubicación y sobre esta excelente persona, pero bueno… eso será en la próxima ocasión, si Dios quiere, allí nos vemos. Mientras tanto cuídense.

 

          Sansofé.

 

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