"Decíamos ayer", en latín Dicebamus hesterna, es la célebre frase que se atribuye a Fray Luis de León (1528-1591), que comenzó así su lección en la cátedra salmantina tras un periodo de 4 años en la cárcel de la Inquisición por traducir la Biblia a la lengua vulgar sin autorización de sus superiores. Viene esto a cuento porque es la enésima vez, es un decir, que la situación de abandono de los vestigios del ingenio azucarero cobra actualidad en los últimos años.
En junio de 1972, siendo alcalde de Telde el recordado Agustín Florido Suárez, el Ayuntamiento promovió la publicación de una revista de 44 páginas con motivo de la festividad de San Juan Bautista, patrono de la ciudad. Aquella iniciativa editorial de la Institución local, que no tuvo continuidad a pesar del apoyo publicitario de muchos comerciantes locales, abría su portada con el pomposo titular «Telde, una ciudad comprometida con el desarrollo insular» y en páginas interiores se aludía a que era la «primera ciudad española sin murallas».
En esta urbe, la nuestra, fundada por Cristóbal García del Castillo «comenzaron a florecer los ingenios azucareros y el mismo García del Castillo poseyó el más importante de la isla». Ilustraba esta crónica histórica sobre el origen de Telde una fotografía en blanco y negro de los restos arquitectónicos de Los Picachos con sus tres pilares. Entonces, ya se denunciaba, en el pie de la imagen, que «el histórico monumento, completamente abandonado a la incuria de las despreocupaciones y desconocedores de nuestras cosas, es ahora una de las paredes de un taller de reparaciones mecánicas».
Este icono de la primera actividad agrícola de Telde, la de la caña de azúcar, que tanta prosperidad dio a esta ciudad, se conserva aún en pie porque la historia se ha armado de fortaleza para no perder a uno de sus testimonios más valiosos del siglo XVI y afear, así, la rapidez con la que algunos políticos diligencian permutazos ilegales o los muchos años de gobierno de otros sin que hayan sido capaces de lograr la propiedad del solar donde se alzan Los Picachos y proceder a su rehabilitación, un proyecto que yace en algún cajón de las oficinas municipales de Urbanismo.
Los ecologistas de Turcón se echaron el pasado sábado una vez más a la calle para denunciar el último atentado a la integridad de este bien cultural, ocurrido hace 18 años. Los vestigios de Los Picachos no pueden continuar siendo la estampa viva de la indolencia institucional. ¡Ya está bien de tanta desidia!